El presidente de la Corte Suprema de Justicia, Carlos Rosenkrantz, tuvo su primer discurso de inauguración (y en un año electoral) con un tirón de orejas a los jueces que lo estaban escuchando hablar de la crisis de legitimidad del Poder Judicial y con un faltazo casi generalizado de quienes a diario ocupan los titulares de los medios de comunicación, los magistrados de primera instancia de Comodoro Py.

“La crisis de legitimidad es, en parte, una crisis de confianza y la desconfianza creciente de nuestros ciudadanos ha nacido, en parte, porque se empieza a generalizar la sospecha de que servimos a intereses diferentes al derecho”, remarcó Rosenkrantz en el Patio de Honor del Palacio de Talcahuano, a semanas de que se destapara el caso que une a funcionarios judiciales, dirigentes políticos e integrantes de los servicios.

Detrás suyo, estaban sentados el resto de los integrantes de la Corte. De un lado, Ricardo Lorenzetti, impulsor desde 2008 de los actos de apertura del año judicial como presidente del máximo tribunal, y Elena Highton de Nolasco. Por el otro, Juan Carlos Maqueda y Horacio Rosatti. Los cinco ministros ingresaron pasadas las 12.30, media hora después de lo previsto para el inicio del discurso y en una sala que tuvo varias sillas vacías.

De los jueces de primera instancia de Comodoro Py, sólo estuvieron sentados en la última fila de sillas Daniel Rafecas y Sebastián Casanello. Sergio Torres pasó, pero no se quedó. La ausencia del resto de los ocho fue el mensaje, incluso cuando varios de ellos habían confirmado asistencia.

Quedaron atrás los tiempos en que los jueces federales de Py tenían un lugar privilegiado en el acto y fotografías por doquier. Entre Rosenkrantz y ellos, la desconfianza es mutua. Entre los ausentes, estuvieron algunos otrora habitués como Claudio Bonadio, Ariel Lijo, Marcelo Martínez de Giorgi, Luis Rodríguez, Sebastián Ramos y Rodolfo Canicoba Corral. Incluso faltó a la cita María Servini, de quien no se puede sospechar alineamiento con Lorenzetti.

También pegó el faltazo Martín Irurzun, presidente de la Cámara Federal de la Capital Federal. Irurzun está a cargo de la oficina de escuchas de la Corte, la Dirección de Asistencia Judicial en Delitos Complejos y Crimen Organizado (Dajudeco). El que sí fue de la partida fue el camarista Javier Leal de Ibarra, quien lo secunda en la Dajudeco.

Más allá de Py, se la vio a la jueza federal Sandra Arroyo Salgado y se notó la ausencia de Alejo Ramos Padilla, el magistrado que investiga la trama que vincularía al falso abogado Marcelo D’Alessio y al fiscal federal Carlos Stornelli. En la Corte, explicaron que sólo invitan a los magistrados que están más cerca de la Capital.

En Comodoro Py siguieron el discurso con cierto fastidio. Lo calificaron como simplista, tribunero y totalizante, es decir, sin matices. “No todos los jueces son lo mismo en Comodoro Py”, dijo un magistrado. “¿Tenemos que cambiar?”, se preguntó otro. En todo caso, Rosenkrantz hizo un diagnóstico, pero ningún llamado a cambios concretos.

En la Corte remarcaron las ausencias de los ocupantes del tercer y cuarto piso de Comodoro Py. También hubo quejas porque Rosenkrantz no les adelantó a sus colegas qué temas iba a abordar en su primer discurso como presidente de la Corte, especialmente con críticas hacia la Justicia, algo que desde el gobierno se viene repitiendo en los últimos tiempos con las excarcelaciones y que ya molestó a la Asociación de Magistrados.

Un tribunal en ebullición

Rosenkrantz juró como ministro el 22 de agosto de 2016. Uno de los fallos que impulsó fue el del 2x1 para los genocidas, que casualmente sumió a la Corte Suprema en una crisis de legitimidad con una movilización de repudio en Plaza de Mayo y con los jueces de tribunales inferiores rechazando aplicar la doctrina que emanaba del máximo tribunal. Después de lo que algunos caracterizan como un golpe palaciego, asumió la presidencia en octubre del año pasado, apoyado por Highton y Rosatti. Esa mayoría que destronó a Lorenzetti del cargo que ejerció desde 2007 no se sostuvo durante mucho tiempo. Lorenzetti, Rosatti y Maqueda conformaron lo que en el gobierno llaman la “mayoría peronista”. Highton se mantuvo más cercana a Rosenkrantz, pero últimamente estuvo mostrando signos de acercamiento al trío.

Rosenkrantz tuvo, al menos, dos intervenciones de resonancia como presidente de la Corte. La primera fue el 9 de octubre al inaugurar la cumbre del J20 con otros presidentes de los máximos tribunales de los países que integran el G20. Esa intervención quedó opacada por una pelea pública con Lorenzetti por el manejo del Centro de Informaciones Judiciales (CIJ).

A fines de noviembre, Rosenkrantz se ganó varios titulares al culpar a los medios de comunicación por la mala reputación del Poder Judicial en un discurso en el tradicional Rotary Club.

Menos de un mes después, sus pares firmaron una acordada en la que le recortaba funciones al presidente de la Corte, como contratar personal, si no se contaba con el aval de otros dos ministros.

De su gestión, Rosenkrantz destacó tres aspectos: que volvieron a publicarse las estadísticas del tribunal, que salió una acordada con un nuevo régimen de contrataciones y que se impuso una agenda de temas -- cuestión que promete varios dolores de cabeza para el gobierno de Mauricio Macri.