Con la excusa de combatir la inflación, el Gobierno generó una bicicleta financiera multimillonaria exclusiva para los bancos, llamada Leliq. Sin embargo, lo que empezó como una bola de nieve se convirtió en una bomba, a la que el Banco Central le arrojó fuego.

Diez días atrás, la autoridad monetaria desreguló los fondos que destinan las entidades financieras a las Letras de Liquidez. Mediante la comunicación A 6661, les habilitó a que destinen el 100% de sus depósitos, menos obligaciones, a esa timba. Hasta el día previo sólo podían utilizar el 65% con ese fin.

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El Destape fue el primero en advertir del peligro sistémico que representa la medida si los bancos la acatan al pie de la letra, dado que el Ejecutivo les autoriza a aumentar el riesgo, pero no les obliga a tomarlo. La semana pasada, Wall Street castigó a las acciones de los bancos argentinos por esta resolución, además del contexto de recesión económica que carece de un horizonte de mejora.

En enero, las financieras privadas extranjeras dispararon sus ganancias 226% y las locales 83%, de acuerdo a los números que maneja el BCRA.

Pese a esto, en el último año en la Bolsa de Nueva York, los papeles del Supervielle se hundieron 31%, los del BBVA Francés 18% y los del Galicia 10%. En la plaza local, el desplome del Supervielle alcanzó el 60%, el Galicia le siguió con un 20%, el BBVA Francés con 17% y el Macro con 14%.

Los grandes inversores decidieron alejarse de las acciones de las financieras argentinas a medida que el Central las expone a mayores riesgos.

Girard economista

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