El cáncer de páncreas es, en pocas palabras, una sentencia silenciosa. Suele detectarse tarde, cuando ya no hay marcha atrás. Los síntomas son difusos, el diagnóstico precoz casi imposible y los tratamientos convencionales chocan una y otra vez contra un muro biológico. Detrás de esa muralla está el oncogén KRAS, mutado en 9 de cada 10 pacientes, y detrás de él, un sistema de resistencias que hace que incluso los pocos fármacos dirigidos terminen fracasando.
Tres puntos de anclaje
El grupo liderado por Mariano Barbacid, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), lleva años estudiando cómo burlar esas defensas. La idea es tan simple como difícil de ejecutar: si el tumor escapa cuando se ataca un solo frente, la solución podría ser atacar varios al mismo tiempo. "Es más difícil que una viga se rompa si está sujeta al techo por tres puntos en lugar de uno", explicó el investigador para graficar la estrategia.
Esa viga, en términos moleculares, se sostiene sobre tres patas: el propio KRAS, la proteína EGFR y el factor de transcripción STAT3. Las tres son clave para que las células cancerosas crezcan, se multipliquen y, sobre todo, se vuelvan resistentes cuando algo las amenaza.
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La combinación que funcionó
El equipo diseñó un cóctel con tres compuestos:
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Daraxonrasib, un inhibidor selectivo de KRAS.
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Afatinib, un fármaco ya aprobado para cáncer de pulmón que bloquea EGFR.
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SD36, un degradador de STAT3.
La triple terapia se probó en varios modelos de ratón, incluyendo modelos PDX, que se obtienen implantando tumores humanos en los animales y son los que mejor reflejan la enfermedad real. Los resultados superaron las previsiones más optimistas.
En un experimento con 18 ratones portadores de tumores humanos, 16 mostraron una remisión completa y se mantuvieron sin rastro de enfermedad durante más de 200 días sin recibir más dosis. Los dos restantes redujeron su carga tumoral en más del 90%. En otros modelos, la mitad de los animales alcanzó la curación total y el resto experimentó reducciones drásticas.
Otro dato clave fue la tolerancia. A diferencia de muchas terapias experimentales que generan efectos secundarios severos, los ratones no presentaron signos de toxicidad significativa. Esto abre la posibilidad de que, de avanzar a fases clínicas, el tratamiento pueda ser administrado sin los efectos debilitantes que suelen acompañar a la quimioterapia.
Un hito con cautela
Barbacid fue el primero en poner paños fríos al entusiasmo. "Por primera vez hemos conseguido una respuesta completa, duradera y con baja toxicidad frente al cáncer de páncreas en modelos experimentales", celebró, pero enseguida aclaró que todavía queda un largo trecho antes de llegar a los pacientes.
El camino incluye probar la combinación en un espectro más amplio de subtipos tumorales, optimizar las moléculas para hacerlas más eficaces y seguras, y luego atravesar la fase regulatoria que exigen las agencias sanitarias. El investigador calcula que podrían pasar entre dos y tres años hasta que comience un ensayo clínico en humanos.
El factor económico
Detrás de estos avances hay una estructura de financiación sostenida. El proyecto está respaldado por la Fundación CRIS Contra el Cáncer, que recauda fondos de la sociedad civil para impulsar la investigación oncológica. Barbacid participó recientemente en medios de comunicación para visibilizar la necesidad de seguir recaudando dinero.
"Los ensayos clínicos son muy caros. Están en torno a los cinco millones de euros en la primera parte", advirtió. Y completó: "Cuanto más cerca estemos, más fácil será conseguir el dinero". La frase resume una paradoja incómoda: los avances más prometedores dependen de que alguien ponga la plata para que no se queden en el laboratorio.
Por ahora, los ratones están curados. El estudio, publicado en diciembre de 2025 en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) , ya circula entre la comunidad científica y generó expectativa por ser el primer trabajo que logra una erradicación tumoral tan contundente en modelos animales.
El siguiente paso será confirmar que la estrategia funciona en una variedad más amplia de tumores y, sobre todo, que puede trasladarse a personas sin generar toxicidades inaceptables. Si eso ocurre, el cóctel español podría convertirse en la primera terapia realmente eficaz contra un cáncer que, hasta ahora, solo ofrecía malas noticias.
