Salir del "clóset" después de los 40: por qué cada vez más personas lo hacen en la adultez

El sexólogo Walter Ghedin analiza por qué muchas personas descubren y asumen su sexualidad recién en la adultez y los desafíos que implica salir del clóset después de años de ocultamiento.

25 de junio, 2026 | 10.43

Aunque las nuevas generaciones crecieron en un contexto más abierto a la diversidad, las historias de personas que salen del clóset en la adultez siguen siendo frecuentes. El fenómeno atraviesa a hombres y mujeres que, por distintas razones, postergaron durante años la posibilidad de expresar aquello que sentían.

Para el médico psiquiatra y sexólogo Walter Ghedin, detrás de estas decisiones suelen convivir el miedo, la represión, la vergüenza y la dificultad de romper con mandatos sociales profundamente arraigados. Sin embargo, cuando finalmente ocurre, la revelación suele transformarse en una experiencia liberadora.

Cuando el deseo deja de esconderse

La salida del clóset en la adultez no siempre responde a un descubrimiento repentino. Muchas veces se trata de una verdad que estuvo presente durante años, aunque relegada a un espacio de silencio. Según explica Ghedin, la orientación sexual no es una elección voluntaria sino una construcción subjetiva que forma parte de la identidad de cada persona. Lo que sí puede elegirse es cómo vivirla, visibilizarla, ocultarla o intentar adaptarla a las expectativas ajenas.

En ese recorrido aparecen preguntas inevitables. ¿Soy homosexual? ¿Bisexual? ¿Qué significa esto que siento? Las etiquetas, señala el especialista, suelen funcionar como herramientas para nombrar una experiencia y darle sentido, tanto para uno mismo como para quienes rodean a la persona.

Durante décadas, la heterosexualidad fue presentada como el único camino posible. Ese modelo todavía influye en muchas personas que, aun sintiendo atracción por alguien de su mismo sexo, intentan negarla o minimizarla. En algunos casos, el deseo aparece tempranamente y se aprende a esconderlo. En otros, emerge con fuerza en la adultez a partir de un encuentro, una experiencia o un vínculo que desafía todas las certezas previas.

Aunque las nuevas generaciones crecieron en un contexto más abierto a la diversidad, las historias de personas que salen del clóset en la adultez siguen siendo frecuentes.

"La cuestión no pasa únicamente por el sexo", plantea Ghedin. Lo que muchas veces impulsa la transformación es la posibilidad de construir un proyecto afectivo genuino. No se trata solo de desear, sino también de amar, compartir y proyectar una vida con alguien.

Las redes sociales, los espacios de encuentro y una mayor visibilidad de las diversidades sexuales facilitaron procesos que décadas atrás resultaban mucho más difíciles. Sin embargo, el camino sigue estando atravesado por conflictos internos y temores. Antes de asumir públicamente su orientación, muchas personas atraviesan largos períodos de exploración, contactos virtuales, acercamientos discretos a espacios de diversidad o experiencias ocasionales que permanecen ocultas.

El problema aparece cuando la distancia entre lo que se siente y lo que se muestra se vuelve imposible de sostener. Para Ghedin, cuando una persona reconoce que su orientación sexual forma parte central de su identidad, la decisión más saludable suele ser construir una vida coherente con esa verdad.

La congruencia entre deseo, orientación sexual y proyecto amoroso fortalece la autoestima y reduce el sufrimiento que provoca vivir dividido entre lo que se es y lo que se espera ser. Salir del clóset en la adultez puede implicar pérdidas, rupturas y cambios profundos. Pero también representa la posibilidad de abandonar años de negación y comenzar una etapa atravesada por una mayor autenticidad.