¿Te alegra un poco el fracaso ajeno? La psicología revela por qué es normal

Sentir satisfacción cuando otro fracasa no te convierte en mala persona, sino que refleja cómo cuidamos nuestra autoestima.

30 de junio, 2026 | 19.31

¿Alguna vez te sorprendiste sintiendo una satisfacción silenciosa al ver que alguien más fracasa? No te preocupes ni te juzgues, porque esta reacción es más común y humana de lo que imaginas. La psicóloga Leticia Martín Enjuto explica que esta sensación no es señal de mala persona, sino una respuesta emocional ligada a la autoestima.

El fenómeno no es nuevo ni raro. De hecho, en alemán tiene un nombre específico: schadenfreude, que describe el placer que algunos experimentan ante las dificultades o tropiezos de otros. Aunque pueda parecer una emoción negativa, la psicóloga aclara que forma parte del repertorio emocional humano y que aparece con mucha más frecuencia de la que solemos admitir.

¿Por qué sucede esto? La clave está en la comparación social, un mecanismo natural que usamos para evaluar nuestras capacidades y logros en relación con los demás. Cuando alguien que vemos como exitoso enfrenta un fracaso, ese contraste reduce la distancia que sentimos con esa persona y genera un alivio emocional.

Lo que realmente nos hace sentir mejor no es el fracaso en sí, sino que nos sentimos un poco menos insuficientes o fracasados en comparación. El placer surge porque cambia la forma en que medimos nuestro propio valor frente a otros, especialmente cuando nuestra autoestima es frágil o está en juego.

Martín Enjuto señala que durante momentos de inseguridad personal, ver caer a alguien que consideramos un rival puede funcionar como una especie de compensación psicológica. No se trata de desear mal a nadie, sino de una reacción vinculada a proteger nuestra imagen y sentirnos mejor con nosotros mismos.

Además, esta emoción se intensifica cuando creemos que la persona que fracasa obtuvo ventajas injustas o recibió reconocimiento sin merecerlo. En esos casos, el tropiezo ajeno puede parecer una corrección del equilibrio, lo que genera una satisfacción subjetiva ligada a la justicia.

La comparación social reduce la distancia con personas que consideramos exitosas.

Curiosamente, la intensidad de esta reacción suele ser mayor cuanto más cercana o importante es la relación con la persona en cuestión. Sin embargo, experimentar esta emoción momentánea no implica falta de empatía. Es posible sentir una breve alegría por el fracaso ajeno y, al mismo tiempo, compasión por esa persona.

La psicóloga advierte que el problema aparece cuando esta emoción se vuelve frecuente o intensa, pudiendo reflejar conflictos emocionales más profundos relacionados con la autoestima o inseguridad. Pero, para la mayoría, es una sensación pasajera que no define quiénes son.

Así que la próxima vez que te sorprendas alegrándote un poquito por el tropiezo de alguien, recordá que es una reacción humana natural. No te juzgues tan duro: es parte de cómo cuidamos nuestra autoestima y nos relacionamos con el mundo que nos rodea.