Hay personas que llegan al mundo para romper con moldes establecidos. Luis Alberto Miranda Espinosa -Lucho Miranda para la comedia- pertenece a este grupo de selectos. Su nacimiento se vio atravesado por la tragedia: una asfixia neonatal de ocho minutos lo dejó con una parálisis cerebral, con un 70% de discapacidad física. Pero su historia no es de lamentos, sino de grandes decisiones que lo llevaron a superar los límites impuestos y convertirse en una de las voces más particulares de la comedia.
“La comedia me ayudó a ver mi situación de una manera distinta. Tuve días muy tristes y el humor fue una vía de escape, porque empecé a ver la vida con otra mirada”, explicó Miranda en una entrevista con El Destape. Un punto de quiebre en su carrera fue su participación en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar, uno de los escenarios más exigentes de Latinoamérica, donde obtuvo una gran recepción del público. Eso lo proyectó a nivel regional y lo sacó de sus raíces en Vicuña, un pueblo del interior de Chile.
De visita en Argentina, se presentará el próximo 30 de abril en el Teatro Gran Rex. No es su debut en la escena regional: en el 2024 se presentó en el Teatro Regina y cuando terminó su rutina fue aplaudido de pie. “Tenía miedo de que no me entendieran por la parálisis y por ser chileno”, deslizó entre risas, haciendo referencia a su forma de hablar. Qué hay más allá del comediante que le gana a los prejuicios e invita a la inclusión desde las risas.
¿Qué es la comedia para vos?
- Es una voz a tu pensamiento, tu querer y tu forma de ser.
¿Lograste identificar cuál fue el momento que te hizo cambiar la perspectiva sobre tu vida?
- Cuando era muy joven y no me estaba yendo bien con nada de lo que quería para mi vida, desde conquistar a una chiquilla a ser futbolista. El tema de la imagen… es complejo, porque cuando uno es chico se compara con las otras personas y siempre ve lo peor de uno y lo mejor del otro. Entonces, siempre querés lo que estás viendo. Me pasó en la escuela: veía a compañeros que podían jugar fútbol, que podían ser deportistas o andar en bicicleta, muchas cosas que yo no podía. Y eso me fue provocando una herida grande, no podía concretar nada de lo que me proponía y me tomaba las cosas muy a pecho. La pasé mal.
Ahí entendí que podía dar esa energía a otro ámbito y cuando logré eso, me empezó a ir muy bien en el estudio, pude entrar a la universidad que quería y desarrollé talentos.
Hacés humor con tu discapacidad y la gente ama tus shows y tu actividad en las redes. ¿Siempre fue así?
- No, al principio había gente a la que le chocaba que hiciera chistes con mi discapacidad y que no podía entender como me subía a un escenario a contar mi historia con una sonrisa. ¿Por qué no está gritando?, ¿por qué no está sufriendo? A veces se tiene el preconcepto de que a la discapacidad hay que verla como algo negativo y creo que hay que encontrar la manera de tomarse las cosas de la vida con humor. Estudiando técnicas de comedia aprendí a contar mi historia para llegar a ese público que antes se incomodaba con mis chistes y hacerlo reír. Yo no busco hacer humor para incomodar, pero a veces lo hago.
¿Cuál fue el primer chiste que hiciste con tu discapacidad?
- El primer chiste era abrir el show con una referencia a mi manera de hablar. Decía: “por si se lo preguntan no estoy borracho, tengo una parálisis cerebral”.
¿Dudaste antes de salir a escena con ese material?
- Sí, totalmente. Mi show estaba escrito de otra manera, no hablaba de la discapacidad hasta el final y de pronto la gente se ponía incómoda porque no sabía si lo que estaba haciendo era un personaje o una burla a una persona con discapacidad. No entendían… Después, un comediante amigo me explicó que una de las cosas que tenemos que hacer los comediantes es hablar de los elefantes que hay en la habitación.
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Tu primera rutina, la que no incluía chistes sobre la discapacidad, ¿sobre qué tema iba?
- La rutina se basaba en que estaba soltero y quería novia. Me da pena recordarlo (se ríe). Era muy básico.
¿Cuáles son tus límites en el humor?
- Yo hablo cosas que me competen y de las que tengo mayor conocimiento. En mis shows interactúo mucho con la gente y ahí es más complicado porque la cabeza funciona de maneras que uno no se imagina, así que trato de siempre censurarme. Si se me ocurre algún chiste muy border, le bajo dos cambios. Yo creo que es mejor que falte a que sobre.
¿Sentís que hay un cambio de paradigma social hacia el trato a las personas con discapacidad?
- Se avanzó mucho en ese campo, ahora hay más gente que no trata a las personas con discapacidad como pobrecitos o desvalidos. Hay más conocimiento y también hay más oportunidades para quien tiene una discapacidad. Yo tengo 31 años y en mi generación sí he visto niños con discapacidad a los que no se los llevó a la escuela porque “no iban a poder estudiar” y que crecieron como personas con limitaciones. Es triste, pero es fundamental que existan herramientas para que podamos salir adelante y ser felices.
¿Tus shows te acercaron a historias de otras personas con discapacidad?
- Es una de las cosas más geniales que me pasaron, poder compartir con mucha gente con discapacidad. Sucede que en Vicuña yo era la única persona así, entonces cuando a mis 26 años me mudé a Santiago y empecé a conocer más gente me di cuenta que había un mundo de personas como yo. Me sigue sorprendiendo mucho la cantidad de personas que tienen limitaciones físicas que van a mis shows y que son fantásticos, porque pudieron romper la barrera de pasividad que se impone a la discapacidad. Y hay mucha gente en esa situación que lleva vidas muy dignas.
