En 1927, el diario La Razón organizó una encuesta nacional para determinar cuál debía ser el "árbol patrio" de Argentina. La votación fue masiva: participaron alrededor de 30.000 escolares de todo el país, que emitieron su voto para decidir qué especie representaría mejor a la nación.
Los resultados, publicados por el histórico periódico, fueron contundentes: el ombú se llevó el primer puesto con 14.670 votos, una cifra que casi duplicaba la suma de todos los demás candidatos.
Lejos quedaron el pino (3.160 votos), el laurel (2.150), el ceibo (2.100) y el algarrobo (1.430). La elección parecía unánime: los niños habían hablado y el árbol de la llanura era el favorito.
El dato que cambió todo
Sin embargo, la decisión generó una fuerte controversia. El principal argumento en contra era que el ombú realmente no es originario de La Pampa, la región con la que más se lo asocia. Aunque está ampliamente extendido en ese territorio y es un símbolo del paisaje pampeano, su origen natural se encuentra en los montes del Nordeste argentino, Uruguay, el Sur de Brasil y también en Paraguay.
Esta revelación echó por tierra la idea de que el ombú fuera un emblema puramente argentino y con el tiempo, la iniciativa de declararlo árbol patrio quedó en el olvido. El ceibo, que había quedado cuarto en aquella votación, terminaría siendo reconocido como flor nacional años después, en 1942, pero el ombú nunca obtendría el título que los escolares le habían concedido.
Un árbol gigante, testigo de la historia
Más allá de la controversia, el ombú es una de las especies más emblemáticas del paisaje argentino. Se trata de un árbol de rápido crecimiento que no exige cuidados especiales y es famoso por su enorme sombra, que puede extenderse hasta 15 metros o más gracias a sus ramas.
Esa característica lo convirtió en un punto de encuentro natural en la llanura pampeana, un lugar donde los viajeros descansaban y los animales se resguardaban del sol. Su presencia en el campo no pasaba desapercibida: el ombú era un faro en medio de la inmensidad, un testigo silencioso de la historia que transcurría a su alrededor.
Características únicas del ombú
Su tronco, que carece de madera y no tiene anillos anuales, está compuesto por capas fibrosas que contienen hasta un 80% de agua, lo que lo hace resistente a los incendios y a las condiciones más adversas. Esta particularidad biológica lo diferencia de la mayoría de los árboles y le otorga una capacidad de supervivencia extraordinaria.
Además, sus raíces se elevan sobre el suelo formando bancos naturales que invitan a sentarse y descansar bajo su copa. El ombú es un árbol que ha inspirado a poetas, cantautores y escritores, y que aparece en numerosos textos de la literatura argentina. El propio Bartolomé Mitre le dedicó un poema, "A un ombú en medio de la pampa", donde lo describe como un "ombú gigante" que señala el camino al peregrino en la llanura sin fin.
Su figura también aparece en las obras de Domingo Faustino Sarmiento, que lo mencionó en sus escritos como un símbolo de la vida rural.
El ombú en la literatura y el arte argentinos
No es casualidad que el ombú haya sido elegido por los escolares de 1927. Su presencia en el imaginario colectivo es innegable: es el árbol que da sombra en los campos, que marca el territorio en el paisaje y que aparece en las historias y leyendas de generaciones enteras.
Los payadores y gauchos cantaban a la sombra de los ombúes, y muchos de los relatos fundacionales de la literatura gauchesca tienen a este árbol como testigo o escenario. Su imagen está grabada en la memoria popular como un símbolo de la llanura, de la resistencia y de la vida en el campo.
Un símbolo que perdura en la memoria popular
A pesar de no haber sido consagrado como árbol patrio, el ombú sigue siendo un símbolo de la identidad argentina, especialmente en la región pampeana. La encuesta de 1927 quedó como un episodio curioso en la historia del país, un recordatorio de que, a veces, el fervor popular puede chocar con la precisión botánica.
Pero el ombú, con su imponente presencia y su capacidad de sobrevivir en las condiciones más adversas, sigue siendo para muchos el árbol que mejor representa el espíritu de la llanura argentina. Su historia es también la historia de un país que buscaba definirse a sí mismo a través de sus símbolos naturales, y que encontró en este árbol un emblema de resistencia y arraigo.
Hoy, a casi un siglo de aquella votación, el ombú sigue siendo un árbol admirado y respetado. Su nombre aparece en calles, plazas y escuelas de todo el país, y su imagen continúa siendo un símbolo de la identidad argentina.
La encuesta de 1927 es un capítulo fascinante de nuestra historia, una muestra de cómo la voz de los niños y la pasión popular pueden influir en la construcción de los símbolos nacionales. Y aunque el ombú no haya sido declarado árbol patrio, su lugar en el corazón de los argentinos está más que asegurado.
