En un mundo saturado de pantallas, ruidos y luces intensas, la tendencia de crear cuartos antiestimulación crece como una alternativa para quienes buscan un refugio en su propio hogar. Estos espacios priorizan decisiones simples, como apagar dispositivos, reducir fuentes sonoras y sumar textiles, para separar momentos personales del ritmo cotidiano.
La idea principal es contar con un ambiente de baja estimulación, pensado para hacer una pausa sin exigencias tecnológicas. Se trata de delimitar un rincón con luz, sonido, mobiliario y actividades específicas para leer, descansar o simplemente estar en silencio, con menos interrupciones.
La diseñadora de interiores Lynn Berney relacionó esta tendencia con el interés por hogares que permitan “bajar el ritmo, desconectarse y recargar energías”. Para ella, alejarse de elementos abrumadores dentro de la casa puede favorecer una sensación de reparación y bienestar.
Un punto clave es el descanso sensorial, que comienza por reducir interrupciones. Los cuartos antiestimulación no solo eliminan pantallas, sino que también buscan disminuir estímulos que compiten por la atención, como notificaciones, televisión, luz directa y ruidos externos o internos.
Según la Organización Mundial de la Salud, el ruido ambiental excesivo puede alterar el sueño, afectar el rendimiento cognitivo y aumentar la molestia. Por eso, sus recomendaciones apuntan a disminuir la exposición, especialmente durante la noche cuando las interrupciones sonoras perjudican el descanso.
La iluminación también juega un rol fundamental. Berney aconsejó evitar luces cenitales intensas y optar por fuentes cálidas y regulables, como lámparas de mesa o apliques, que permitan una luz indirecta. Así, el espacio mantiene la calidez necesaria para leer o descansar sin replicar el brillo uniforme de áreas activas.
La Comisión Internacional de Iluminación explicó en 2024 que la luz es el principal sincronizador del reloj biológico y que la iluminación nocturna puede interferir con el sueño. Por eso, recomienda bajar la intensidad lumínica durante las tres horas previas a acostarse y priorizar fuentes localizadas y tenues por la noche, mientras que durante el día conviene una mayor exposición a luz natural.
Para atenuar el ruido, se sugieren recursos materiales como alfombras, cortinas gruesas, mantas y tapizados de fibras naturales que absorban el sonido. Berney propuso combinar lino, lana, cachemira y madera natural sin recargar el ambiente.
La diseñadora Therese Kelleher, experta en el estilo hygge, recomendó contar con dos o tres tipos de asiento para adaptarse al tipo de pausa: una silla para sentarse erguido, un sillón profundo o uno para recostarse, siempre priorizando la comodidad por sobre la apariencia.
En cuanto a colores, Berney sugiere tonos neutros cálidos, tierras apagados, verde salvia o azul grisáceo, evitando contrastes visuales que distraigan y favoreciendo la quietud del lugar.
Una característica fundamental es la ausencia de teléfonos, televisores y pantallas conectadas. Kelleher propuso reemplazarlos por objetos analógicos y definir claramente el uso del espacio, ya sea para lectura, juegos de mesa o actividades manuales, para que no quede solo como un sector decorativo sin función.
Así, un cuaderno, libros o juegos pueden ofrecer una alternativa concreta para sostener pausas con menos exposición a ruidos, luces invasivas y demandas digitales, promoviendo un descanso más consciente y reparador dentro de casa.
