El apellido Menem volvió a la primera línea del poder político argentino, pero no con Carlos sino con Martín, su sobrino. Convertido en presidente de la Cámara de Diputados por decisión directa de Javier Milei, su figura mezcla linaje peronista, discurso libertario y una construcción pública marcada por redes sociales, estética fitness y frases provocadoras.
Mientras que la plataforma Prime Video reaviva la figura del Menem original con una serie protagonizada por Leonardo Sbaraglia, Martín asume un rol protagónico real en el Congreso Nacional. La coincidencia temporal entre el ascenso político de Martín Menem y el lanzamiento de la tira no pasa desapercibida.
Mientras el streaming rescata los años de esplendor y controversia del menemismo, el Congreso argentino ve a un Menem real sentarse en una de las sillas más relevantes del país: ¿casualidad o guiño de la historia?
Del gimnasio a la Cámara: un camino no tan tradicional
Martín Menem nació en La Rioja en 1975. Es hijo de Eduardo Menem, ex senador nacional, y sobrino del ex presidente Carlos Menem. Abogado de profesión, antes de lanzarse a la política se dedicó al negocio de los suplementos deportivos, donde fundó la empresa X-21. Su perfil empresario, centrado en el mundo del fitness, fue el primer paso para construir una identidad pública distinta al clásico modelo peronista.
Recién en 2021 accedió a su primer cargo político como diputado provincial en La Rioja, por La Libertad Avanza. Su nombre cobró peso en el esquema de Milei por su lealtad al proyecto y su capacidad para disputar espacios con la política local. Fue el Presidente quien lo eligió para ocupar la estratégica presidencia de la Cámara de Diputados, después de desplazar otros nombres más experimentados.
Fake news, biblia y libertarismo: su estilo de comunicación
Según informó El Destape, Menem fue señalado por difundir información falsa durante la pandemia, un hecho que marcó su estrategia discursiva. En sus redes sociales, compartió contenidos negacionistas, frases religiosas y ataques al “Estado opresor”, alineándose con la estética disruptiva de Milei.
Su rol como “soldado libertario” no se limita al Congreso: también es un activo generador de contenido político para redes y medios aliados.
A pesar de su apellido, Martín se distancia del menemismo clásico en su relato. Mientras su tío Carlos tejía consensos y dominaba el PJ con pragmatismo, él prefiere la confrontación directa y la fidelidad ideológica. Sin embargo, su apellido le permite capitalizar un imaginario de poder, estabilidad y liderazgo, especialmente entre sectores nostálgicos de los ’90.
