El documento de los senadores: un relato que apuntala las relaciones de fuerza

21 de noviembre, 2020 | 19.00

Macri llamó enérgicamente a la coalición que lo apoyó en los años de su presidencia a dar la cara por él, ante el “relato” de los senadores del frente de todos. Los instó a demostrar que se trata de una versión falsa e interesada, dirigida a ensuciarlo a él y a Juntos por el Cambio: la respuesta fue un estridente silencio. La especulación mediática atribuyó el desaire a una disminución de los apoyos internos al ex presidente. Es decir, se rebajó la situación al sistema de maniobras propio de la “clase política”. A nadie se le ocurrió pensar que el silencio de Larreta y compañía se debe también, y principalmente, a que la descripción que hacen los senadores es irrebatible. Claro, hablar siempre se puede hablar, como demostró la experiencia del ecuatoriano Durán Barba situado como estaba en el centro del dispositivo retórico de poder del macrismo. Pero sabiamente los otrora incondicionales del empresario reconocieron que la materia en discusión no era la más apropiada para su plan de reconstrucción de la coalición de derecha que, en pocas palabras se puede mentar como “macrismo sin Macri”.

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       El documento de las senadoras y senadores dio en el clavo. No solamente en lo que concierne a la oposición de derecha sino también a las fuerzas que respaldan al gobierno. La realidad del FMI no es el cuento edulcorado (y notoriamente falso) acerca de su conversión en aliado de los países pobres y endeudados. El Fondo sigue siendo instrumento fundamental para la reproducción del capitalismo financiarizado y para el sostén de Estados Unidos en su declive como potencia mundialmente dominante. La negociación con el Fondo no puede pensarse al margen de la situación política regional y mundial; el operativo de reversión drástica del giro popular de la política sudamericana en los primeros años de este siglo ha entrado en un visible y creciente quebranto. La OEA, que es la principal herramienta para el ejercicio del poder estadounidense en la región sufre un proceso de caída en flecha de su prestigio y su fortaleza: apoyó un golpe en Bolivia y unos meses después tuvo que felicitar a las víctimas de ese golpe por su triunfo electoral. Faltó un poco de autocrítica, nada más…

       El documento senatorial construye un relato. La palabra ha sido muy hostigada por los relatores del imperio y sus agencias locales. El poder de las corporaciones respaldó en los noventa la moda filosófica del “fin de los relatos”, es decir del agotamiento de las esperanzas en la revolución y en los grandes cambios nacionales y mundiales. El mundo sería en adelante igual a sí mismo de modo inevitable; en adelante habría “acontecimientos”, pero ninguno de ellos podría ser interpretado en clave de tensiones históricas, por el solo hecho de que ya no había “historia”. Si no hay relato, no hay conexiones causales entre los acontecimientos, ni sentido que los organice. Sin embargo el caos aparente no ocurre porque funcionan los automatismos sistémicos. Para decirlo en lenguaje cotidiano: el riesgo país, el temor de los mercados, la inquietud de las bolsas son el pulso de la vida planetaria. Y ellos construyen sentido al margen de cualquier programa partidario, de cualquier movilización social.

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       El documento del frente del Senado es un mensaje muy potente hacia el conjunto del sistema político. Hacia la oposición porque sale a disputar la posición de ofensiva en la política. Parece significar que el tiempo de la resignación a un juego político en el que cualquier tensión antagónica podía ser perjudicial para el gobierno dejó paso a la muy realista visión de que el minué de los buenos modales permitió poner a la oposición de derecha en un lugar de ofensiva política que no es proporcional a sus fuerzas. El documento es una ruptura. Es una expresión de la presencia –y la potencia- de una corriente política central en la Argentina a la que se la quiere marginar, sea a través de su dilución en el interior de una coalición hegemonizada por la “cordura” y la “racionalidad”, sea por su incompatibilidad con los sueños de gran reconciliación nacional. Una incompatibilidad que no está en la voluntad de lo que la barra brava mediática llama “kirchnerismo duro” sino en la retórica de los grandes grupos económicos refractaria a cualquier mesa de negociación como la que propuso Cristina hace pocos días.

       El mensaje de les senadores nos introduce en un escenario político nuevo signado por la pregunta sobre cuál será el sentido que tomarán los acontecimientos que la decisión de CFK de mayo de 2019 provocó. Aquella decisión aseguró la unidad. En otras palabras impidió el aislamiento de la fuerza que desde 2003 reconstruyó el movimiento nacional y popular argentino, a través de la recuperación en nuevas condiciones históricas de su impulso primero en la década de los cuarenta del siglo pasado. Claro que esa unidad tenía y tiene riesgos. Entre otros, la promoción de corrientes internas del movimiento que, aun cuando distantes de la asunción del neoliberalismo, siguen comprendiendo la política como un mercado en el que se negocian posiciones influyentes con el cuidado necesario de no romper los equilibrios básicos, entendidos con mucha frecuencia, como la resignación al estado de cosas. Hasta aquí parecía que la unidad estaba sostenida por el principio de respetar sin crítica alguna a quienes se habían sumado después de sostener posiciones encontradas con el rumbo contrario al neoliberalismo: la “relación de fuerzas” no alcanzaría para más. Desde ahora se introduce una condición muy importante: no se puede dejar de tener en cuenta al sector más dinámico y con mayor respaldo popular. Dicho de otro modo, sin el respaldo de la herencia de los gobiernos de Néstor y Cristina, no habría más remedio que ir a buscar ese respaldo en el núcleo del poder corporativo-mediático.

        El mensaje tiene la contundencia de la exposición objetiva de los hechos ocurridos y el análisis de su causalidad interna. Con un dictamen preciso y grave: los créditos estuvieron “atados” a la necesidad de reproducir el poder del neoliberalismo. Y tiene además un corolario que no está en la letra de su texto sino en la instancia política que inaugura. Para funcionar en la realidad, y según las afirmaciones hechas por el ministro de economía, un eventual acuerdo deberá ser aprobado por sus firmantes.

       Una vez más la visión estática de las relaciones de fuerza política deja paso a la valoración de la iniciativa, el cálculo y la audacia como momento esencial de esas relaciones.

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