La CGT tendió un puente hacia el camionero Pablo Moyano y el aceitero Daniel Yofra, dos dirigentes con vocación confrontativa que en el último tiempo habían lanzado fuertes críticas a la central obrera al destacar una aparente falta de interés en rivalizar de manera directa contra el Gobierno. Lo hizo en la previa a la reunión del Consejo Directivo de este jueves y mientras el sector que lidera el gastronómico Luis Barrionuevo, en alianza con dos gremios clave de transportistas (colectiveros de UTA y ferroviarios de La Fraternidad), resolvió exigirle llamar a un paro nacional por 36 horas con movilización a la Plaza de Mayo.
Los contactos los inició el triunviro Cristian Jerónimo, delegado en la conducción de Gerardo Martínez (albañiles, Uocra) y caracterizado por su labor diplomática previa y posterior a su llegada a la cima de la organización obrera. El sindicalista del gremio de empleados del vidrio (Seivara) recibió el martes al hijo mayor de Hugo Moyano, a quien lo unía un activismo sostenido en el extinto Frente Sindical por el Modelo Nacional (Fresimona), y un día después a Yofra, quien reclama desde hace tiempo la implementación de un plan de lucha nacional con la herramienta del paro por tiempo indeterminado como bandera.
Ambas reuniones se inscriben en el diálogo iniciado por la CGT con vistas al Consejo Directivo de este jueves. Allí la “mesa chica” resolvió proponer la aplicación de un programa de protestas por sectores de actividad y de modo tal de coordinarlo con otros rubros de la economía para maximizar el daño al Ejecutivo sin exponer por demás a trabajadores en riesgo por la vigencia de la reforma laboral. Como el plan no prevé al menos de arranque la implementación de huelgas generales a la usanza tradicional, los dirigentes creen que les será más sencillo convencer a referentes de escalonar jornadas de concientización, trabajo a reglamento, asambleas informativas y otros mecanismos de efectos similares.
La mecánica responde menos a una estrategia sofisticada que a la poca predisposición que mostraron en la “mesa chica” de la central para encarar un paro general en el corto plazo, sobre todo con la referencia más inmediata de la huelga del último 19 de febrero, en medio del tratamiento parlamentario de la reforma laboral y con un efecto modesto. Los gremialistas creen que empujar una nueva medida de esas características sólo apuntalará el desgaste de los sectores que le responden a la CGT y los expondrá a una retaliación de la administración de Javier Milei, necesitada de un triunfo ante un rival poco valorado en general por la opinión pública.
Por caso, la conducción de Azopardo al 800 sabe que Pablo Moyano perdió la mayoría de los resortes en la estructura de Camioneros y que su padre, Hugo Moyano, está más cerca de buscar un acuerdo que de confrontar con el Gobierno. En cambio, cree que al dirigente que fue también triunviro le resultaría más viable organizar medidas de fuerza espontáneas y de corto plazo, en línea con las que diseña la CGT. Lo mismo para Yofra, a quien creen capaz de provocarle un daño económico al Ejecutivo con la paralización de los puertos de exportación de cereales. El dirigente está en medio de una paritaria tensa con la cámara de la industria cerealera y esta semana vencerá la conciliación obligatoria que hasta ahora le impidió realizar un paro.
La agenda de encuentros de Jerónimo apunta en primera instancia a darle más robustez a la eventual escalada de conflictos focalizados que deberá lanzar el jueves la central, y al mismo tiempo acallar el embate retórico que macera Barrionuevo. El gastronómico reunió este martes a sus leales en la exCGT Azul y Blanca, el sello que llegó a cobijar una treintena de gremios y que sostuvo por años una silla para Barrionuevo en el triunvirato de conducción de la CGT. Y logró sumar a Roberto Fernández y Mario Caligari, de la UTA, y a Roberto Maturano, de La Fraternidad.
“Estos son los que cuando te vas a pelear te ofrecen sostenerte el saco”, ironizó ante El Destape un referente de la conducción de la CGT sobre las amenazas del sector de Barrionuevo. La chicana se basa en la secuencia de paros nacionales que la UTA esquivó en los últimos tiempos, siempre con el argumento de verse obligada a acatar una conciliación obligatoria resuelta quirúrgicamente por el Gobierno en conflictos del servicio de colectivos. No obstante, los participantes del encuentro del martes en Uthgra defendieron la veracidad de las amenazas de Fernández y Maturano al recordar que el Gobierno les aplicó una multa a ambos gremios (70 mil millones de pesos a la UTA y $ 20 mil millones a La Fraternidad) por haber adherido a la última huelga nacional.
En paralelo, los más experimentados –y desconfiados- saben que una de las razones del repentino ánimo beligerante de Barrionuevo puede explicarse por la decisión judicial, que reveló en exclusiva este medio, de no otorgarle el reconocimiento formal al triunfo que el dirigente se adjudicó en diciembre pasado en las elecciones internas de su gremio (Uthgra) y que debían garantizarle otros cuatro años de mandato. El expresidente de Chacarita sospecha de una alianza entre su excuñado y líder de la seccional porteña de la Uthgra, Dante Camaño, el Gobierno y Mauricio Macri para asestarle un golpe definitivo en la conducción nacional del sindicato.
