10 de octubre, 2020 | 19.00

Detrás de Nadia Podoroska: las mujeres que desde las sombras abrieron paso en el deporte

Esta semana Nadia Podoroska logró desde las sombras una hazaña histórica para el tenis argentino en el Roland Garros. Con solo 23 años le ganó a la ucraniana Elina Svitotina, la N’ 5 del mundo, y llegó hasta las semifinales del Grand Slam parisino. Además se convirtió en la primera tenista mujer de la era abierta (1968) en alcanzar ese lugar habiendo arrancado en el torneo desde la qualy . La rosarina fue noticia central en la mayoría de los diarios y su foto en primer plano recorrió las tapas de los principales diarios deportivos, cosa que no pasa tan seguido. En ese marco la cuenta oficial del torneo en Twitter tituló “Cinderella, it’s not midnight yet” (Cenicienta, todavía no es medianoche), en una clara referencia, aunque bastante desafortunada, al sueño de la piba que viene del repechaje y todavía no se convertiría en calabaza. Si bien el jueves perdió 6-2 y 6-1 contra la polaca Iga Swiatek, por su actuación pudo sellar el ingreso al "top 50" que le abre muchas puertas en el futuro.

Néstor y Bush: la historia

Nadia ya se había colgado la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Lima pero para la mayoría de los argentinos es una cara nueva. En ese marco las narrativas sobre su actuación tendieron a remarcar su mérito producto del esfuerzo personal y el sacrificio individual exaltando gestos como “dormir en aeropuertos para evitar costos” o “vivir de prestada” varios meses. En una nota muy interesante en Página/12 el periodista Pablo Amalfitano hace un recorrido minucioso por todas las prácticas y técnicas  que utiliza la tenista para mantener la calma en la cancha que van desde la lectura de filosofía hasta ejercicios de coaching y meditación.  Asimismo en las crónicas sobre su historia aparecen referencias a sus orígenes de clase media, sus padres trabajadores farmacéuticos,  el barrio de Fisherton que la vio crecer, y tener que migrar a otro país para entrenarse y aumentar sus posibilidades de competir. Como suele suceder el relato siempre cae en la romantización del esfuerzo individual frente a los obstáculos sistémicos.

La brecha de género en el tenis

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En pleno 2020 a nivel de alta competencia y deporte profesional persisten enormes inequidades ligadas al género. Recién en 2017 se logró que en los grandes torneos de tenis las mujeres cobraran lo mismo que los varones. Sin embargo no pasa lo mismo en los premios abiertos y torneos locales de ningún país del mundo. En las competencias de elite se generan situaciones desiguales y discriminatorias que muchas veces quedan en los rincones de los escenarios y se deslizan casi imperceptiblemente. En 2019 la bielorrusa Victoria Azarenka denunció que en el Grand Slam francés a las mujeres se las relegaba a pistas secundarias y se les otorgaba peores horarios: “Las mujeres deberían tener la misma programación, las mismas franjas horarias, y ese es uno de los principales problemas con los que vamos a tratar de luchar por esta igualdad. Hemos estado luchando mucho por la igualdad y el premio en efectivo. Este es el siguiente paso, sin lugar a duda”.

Victoria Azarenka

Quienes organizan los eventos deportivos, los sponsors y financistas, los dueños de los derechos televisivos, los managers, las asociaciones y clubes, son hombres que mueven los hilos del poder y terminan reproduciendo la raíz cultural del problema. En el contexto del Madrid Open 2019 en una rueda de prensa Rafael Nadal llegó a decir que estaba bien que las mujeres cobraran menos porque movilizan menos público. "¿Por qué las mujeres ganan más que los hombres en la moda? Pues no lo sé, pero ahí sí que tampoco hablamos todo el día de diferencia salarial", dijo. El mismo criterio, el de que las mujeres deportistas no son un “buen espectáculo” que solemos escuchar a menudo, aplica a la hora de evaluar por qué un patrocinador prefiere financiar la carrera de un hombre, o por qué la tapa de los Diarios deportivos elige siempre fotos de varones para la tirada matutina. Mientras se siga reproduciendo un modelo sexista y discriminatorio en el deporte y en los torneos, nada va a cambiar. ¿Cómo puede existir el mérito como valor en sí mismo en un sistema patriarcal donde las mujeres comienzan varios escalones abajo?

La brecha de género en el deporte y en el tenis tiene múltiples escalones, como en la mayoría de las dimensiones sociales. En un marco espectacularizado como un Grand Slam o una competencia internacional el escalón más visible, el que sale a la luz, es el económico. Sin embargo el logro de la equidad de pago es solo la parte superior de la escalera real. En el sistema actual la diferenciación empieza con la socialización, donde el género funciona como un mecanismo de disciplinamiento versátil. De esta manera la escalera va incorporando escalones que desde que nacemos nos alejan de las mismas oportunidades. Los modelos que son reproducidos en la vida cotidiana van moldeando nuestros comportamientos, prácticas, actitudes, deseos y decisiones según lo que se espera de nosotres. En dicho marco el deporte ocupa un lugar central ya que, junto con la educación y el juego, trabaja sobre el primer contacto que las personas tienen con su corporalidad y potencia física. Esas condiciones socioculturales actúan diferenciando los roles sexuales de los niños y las niñas (ni hablar de identidades no binarias y otras minorías), y posibilitan o limitan las capacidades, las expectativas personales, los proyectos a futuro, y las formas de pensarse.

De la opresión a las conquistas heroicas: la desigualdad de las mujeres en el deporte

Desde hace más de un siglo las mujeres han tenido que abrirse camino en el deporte a partir de hazañas épicas e imágenes heroicas en las que valientemente y contra todo pronóstico lograron enfrentarse a normas, estándares, o mandatos hechos por y para los hombres. Un punto paradigmático en ese sentido fue cuando Kathrine Switzer corrió la maratón de Boston 1967, mientras que Jock Semple, el director de la carrera, intentaba sacarla con violencia de la pista ante la mirada de miles de personas. En ese entonces todavía las competiciones eran sólo para hombres bajo el falso argumento de que las mujeres eran incapaces de completar los 42 kilómetros. Kathrine fue noticia y portada en todos los diarios. En una entrevista relató que mientras corría por momentos deseaba no estar ahí  "pero tenía que terminar. Sabía que si abandonaba, la gente volvería a pensar que una mujer no podía correr un maratón. Que sería un paso atrás para el deporte femenino, en lugar de un paso adelante”. Unos años después comenzó a permitirse legalmente que las mujeres participen en los maratones. No casualmente dicho acontecimiento coincide con la segunda ola de feminismo.

En el mundo del tenis hay un evento similar que marcó el inicio del proceso de visibilización femenina. El 23 de septiembre de 1970 un grupo de 9 tenistas mujeres organizó un torneo propio, por fuera de lo que proponía la Federación Internacional de Tenis . El sentido era denunciar que en los torneos profesionales los organizadores les asignaban horarios secundarios, canchas semi profesionales, y sobre todo que los premios eran 8 veces más bajos que los que ganaban los tenistas varones. Con el apoyo de Gladys Helman, una ex jugadora que dirigía la revista World Tennis, las “Original 9”  consiguieron el financiamiento para poder llevarlo adelante. El auspiciante fue Philip Morris, que nada tenía de feminista pero lo utilizó como estrategia de promoción de sus cigarrillos para mujeres, los Virginia Slims, línea que finalmente dio nombre al evento. Por supuesto que a modo de castigo la Federación Internacional y la estadounidense les prohibieron participar de los torneos de Grand Slam oficiales y de la Copa Fed. Rosie Casals, la ganadora del premio, en el marco del 50 aniversario que se celebró este año dijo: “Quedar afuera de los Grand Slams era la parte más arriesgada de ir en contra del sistema que había en ese momento. Pero la verdad es que éramos tratadas como ciudadanas de segunda en todos los torneos, no teníamos mucho que perder”.

En 1973 Bobby Riggs, un tenista estadounidense ya retirado, comenzó una campaña reactiva a las conquistas feministas en el mundo del tenis diciendo que su práctica era inferior. Tal fue su soberbia que para demostrarlo desafió a Billie Jean King , la líder de las “Original 9”. El 20 de septiembre de 1973 en Houston la mujer le ganó 6-4, 6-3 y 6-3 en un partido que vieron 30 mil personas en vivo y 90 millones de personas por televisión, y fue un quiebre a la teoría del “sexo débil”.  “Sentía que el peso del mundo estaba sobre mis hombros y que si perdía íbamos a retroceder como 50 años en el movimiento”, expresó luego la triunfadora.  No son casuales las declaraciones de Kathrine Switzer o Billie Jean King sobre el peso que recaía en sus espaldas. ¿ Pero qué hubiera pasado con el deporte si alguna de ellas abandonaba por sentirse violentada? ¿Hubieran sido igualmente visibles ? ¿Por qué para que los cambios ocurran las mujeres siempre deben exponer su vida, cuerpo y trayectoria?

Billie Jean King

En 2017 Hollywood hizo de “La Batalla de los Sexos” una película protagonizada por Emma Stone y Steve Carell . El sistema siempre se ha subido a estas conquistas y ha utilizado la historia de las mujeres íconos que lograron trascender como fachadas para tapar todo lo que ocurre en las raíces del problema, que es lo que impide el crecimiento de otra cientos de miles. Por detrás de la realidad espectacularizada se esconde una brecha enorme que se inicia con las peores condiciones que tienen las mujeres para el acceso y el desarrollo profesional. Para ser reconocidas en sus países la mediocridad no es una opción viable. Siempre han tenido que ganar más competencias y medallas que los varones, y alcanzar niveles superlativos, lo cual implica muchísimo más entrenamiento, preparación, recursos económicos y desgaste emocional. El sistema patriarcal les exige destacarse y competir con otras por la misma porción de atención en una escena adversa. Lo que queda en evidencia es que los logros que van lentamente achicando la brecha entre los géneros son producto meramente del empeño, el entrenamiento y la conquista de las mismas deportistas, a pesar y en contra de los marcos institucionales. 

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