¡Qué odio!

12 de julio, 2020 | 00.05

Durante el acto oficial por la conmemoración del Día de la Independencia, Alberto Fernández señaló: “Vine acá para terminar con los odiadores seriales y para que todos nos unamos. No vengo a instalar un discurso único. Sé que hay diversidad, la celebro y propicio.” La violencia inaudita de esa declaración contrastó con la de su predecesor Mauricio Macri, quien durante los festejos del Bicentenario de la Declaración de Independencia le confesó al querido rey Juan Carlos de Borbón que “los patriotas debían haber sentido una gran angustia por tener que separarse de España.”

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El llamado a exterminar odiadores generó un comprensible encono entre nuestros periodistas serios. Cristina Pérez llegó a relacionar esos dichos con el ataque al móvil de C5N durante la marcha terraplanista al Obelisco, en defensa de la libertad, la república y coso. Al parecer, los orcos anticuarentena escucharían con atención los discursos de Alberto Fernández antes de salir a fajar periodistas no alineados con sus alucinaciones. “¿Quién es (el Presidente) para decir quién es el odiador con el que hay que terminar?” se preguntó la conocida presentadora poniendo cara de tránsito lento. Si Alberto Fernández anunciara querer terminar con el hambre, sospechamos que Cristina Pérez se indignaría igual: “¿Quién es él para decidir quién está pipón y quién se quedó con hambre?”

En todo caso, defendamos el derecho a odiar en libertad. 

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Luego de repetir durante años que los kirchneristas se robaron un PBI, e incluso dos, que asesinaron a un fiscal, que deberían ir presos, que éste es un gobierno comunista que viene a expropiar nuestro 2 ambientes e incluso a quedarse con nuestro plasma y nuestra sangre, o que CFK clausuró el Congreso y está detrás del asesinato de Fabián Gutiérrez, nuestros periodistas serios lamentan las consecuencias de esa prédica entre las mentes más lábiles, como la paliza a C5N y al periodista Ezequiel Guazzora. Son jugadores de toda la cancha. 

En una charla con Álvaro Vargas Llosa, otro conocido heredero, Mauricio Macri le advirtió al gobierno que no avance sobre “nuestras libertades”, es decir las suyas. No quedó claro si el ex presidente se refería a la libertad de trasladar sus pasivos al Estado, a la libertad de espiar a opositores y a su propia familia, a la libertad de evadir o a la de endeudarnos durante varias generaciones. Tal vez en la próxima charla patrocinada por una fundación reaccionaria pueda aclararlo.

En esta vuelta tan esperada por sus entusiastas, Macri no consideró necesario manifestar algún gesto de empatía hacia sus conciudadanos que transitan una crisis gravísima, tal vez la peor de nuestra historia. Con humor involuntario criticó a aquellos países que “desmantelaron sus sistemas de Salud”, aunque prefirió no poner como ejemplo al minúsculo Dr. Rubinstein, su ex ministro devenido en ex secretario de Salud.

Entre las letanías habituales sobre libertades en peligro y diálogo ausente, Macri pidió acrecentar la presión sobre Venezuela “hasta que de adentro del Ejército venezolano surja una decisión de terminar con este proceso de destrucción, de generación de pobreza, de persecución que vive Venezuela”. Puede parecer asombroso este llamado explícito a un golpe militar lanzado en un amable intercambio patrocinado por una fundación “destinada a provocar una reflexión sana, abierta y en libertad”, como señala la página web de los organizadores de la charla, pero para matizar ese asombro alcanza con recordar que el titular de la OEA Luis Almagro apoyó con pasión el golpe contra Evo Morales lanzado por Jeanine I, Emperatriz del Beni, Terror de los ateos, Defensora de las Santos Evangelios, Patrona de la Justicia, Hoguera de los agnósticos y Presidenta autoproclamada del Séptimo Día. El establishment regional y la Embajada vuelven a descreer de las urnas y a través de un tenaz terraplanismo se vuelve a ilusionar con la eficacia del golpismo. Es sin duda un sistema más expedito que la lenta democracia electoral.

Esperemos que Luis Almagro no manifieste ninguna reticencia sobre las elecciones del año pasado en Argentina y terminemos gobernados por la ex ministra Pum Pum o directamente por Mike Pompeo, el Secretario de Estado de EEUU. 

Imagen: Desde lo alto del Obelisco un manifestante defiende el derecho a odiar en libertad (cortesía Fundación LED para el desarrollo de la Fundación LED) 

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