En mis más de 35 años de experiencia como profesional tuve la suerte de vivir todos los cambios tecnológicos por los que pasó la fotografía en nuestra época. Desde el carrete -que revelábamos con nitrato de plata dentro de un cuarto oscuro, iluminado de rojo-, pasando por el surgimiento de la cámara digital y hasta hoy con la aparición de la Inteligencia Artificial Generativa y la oportunidad ilimitada de crear imágenes a través de un texto o prompt.
Cada progreso tecnológico tuvo su correlato opositor y el temor generalizado de que miles de fotógrafos que hacemos de esta pasión nuestra profesión nos quedemos sin trabajo.
Lo primero que quiero hacer es desmentir que los fotógrafos nos vamos a quedar sin trabajo por la IA. No pasó con el surgimiento de la cámara digital, cuando se temía que la función “automática” termine con nuestra profesión, al ya no ser necesarios conocimientos sobre apertura, velocidad de obturación, ISO, composición, etc. Tampoco va a pasar ahora.
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Por más avanzada que sea una tecnología, ésta no reemplaza al criterio que solo tiene un ser humano ni nunca lo va a hacer. La mejor herramienta no garantiza el mejor resultado si no se sabe cómo usarla y ahí está la cuestión: la IA es un tren que avanza cada vez más rápido y es imposible de frenar, depende de nosotros -los profesionales y aficionados por la fotografía- decidir si nos subimos o nos quedarnos en la estación viendo cómo pasa.
La IA cambió la imagen para siempre
Cada avance tecnológico que vivió la fotografía generó beneficios y amplió las oportunidades. Cuando se usaba rollo uno sabía que solo tenía entre 24 y 36 disparos para lograr la fotografía que buscaba y solo podía comprobarlo una vez realizado el revelado. Con la cámara digital, la cantidad de disparos disponibles creció tremendamente. El límite ya no lo ponía el rollo, ni la tarjeta de memoria con que se lo reemplazó, sino la vida útil de la misma cámara. Para mejor, la digitalización nos regaló la posibilidad de editar las fotos a través de softwares hasta lograr lo que buscábamos.
La IA condensa todo ese mundo y más, pero no nos quita lo más lindo de nuestra profesión: buscar la imagen deseada. Nos da todavía más posibilidades para conseguirla. Nuestro conocimiento no se pierde, sino que resulta vital para pedirle a los modelos de generación esa imagen que tanto buscamos: el encuadre, foco, tipo de lente que usaríamos, iluminación, todo. En un mismo texto, una descripción fiel de qué buscamos y qué hubiésemos hecho cuando no existía esta tecnología.
Sin embargo, corresponde mencionarlo, como todo progreso el uso de la Inteligencia Artificial para generar imágenes también tiene un riesgo, las Fake Photos. Y una vez más, la necesidad del ojo humano entrenado y con criterio para detectar esa información falsa. La tecnología no es culpable de su mal uso, somos quienes la usamos los que debemos hacerlo con ética y responsabilidad.
Una oportunidad histórica para quienes le pierdan el miedo al progreso
Muchas veces el temor nos paraliza, nos impide seguir adelante y perdemos una oportunidad que puede ser única e irrepetible para cambiar nuestras vidas. De nuevo, atravesé las 3 grandes revoluciones tecnológicas que tuvo la fotografía en los últimos 30 años: revelé negativos, “aprendí y me adapte al pixel” para pasar y desde hace varios años soy experto en IA Generativa Audiovisual. Pasé por las 3 etapas y estoy acá para contarlo.
Lo que pretendo desde mi experiencia es que mis colegas fotógrafos o cualquier persona que le guste esta hermosa actividad pierda el miedo y se anime a adentrarse en el universo de posibilidades que brinda la Inteligencia Artificial. La IA llegó para ampliar nuestros límites, quien aprenda, sepa y disfrute de la fotografía no puede perderse esta oportunidad histórica.
