Así es vivir en los pueblos donde no entró el coronavirus en Argentina: protocolo y cuidado

24 de octubre, 2020 | 07.00

Mientras los nuevos contagios disminuyen lentamente en el AMBA, la fase actual de la pandemia muestra un fuerte aumento de casos en el resto del país. ¿En toda la Argentina? ¡No! A siete meses del inicio de la crisis sanitaria, un puñado de departamentos resisten al virus invasor. La estadística es dinámica, hace un mes eran 30 los que nunca tuvieron un vecino infectado, ahora no son más de cinco las poblaciones que siguen indemnes gracias a las medidas de aislamiento.

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Tecka, Chubut

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Es el caso de Tecka, Chubut, cabecera del departamento Languiñeo, en plena meseta patagónica, situada sobre la ruta nacional 40, cien kilómetros al sur de Esquel. “Fuimos muy estrictos desde el principio –cuenta el intendente Jorge Seitune, que lleva 24 años en el cargo–, clausuramos todos los ingresos menos el del sector sur, donde hay un control policial”. A la estación de servicio solo se puede acceder por la ruta. “De este modo logramos que no entre ningún vehículo extraño al pueblo, y los vecinos que necesitan nafta suben a la ruta, cargan y vuelven”, explica. Dentro del pueblo, las restricciones son similares a las del resto del país: los comercios deben ser atendidos con barbijos, no hay actividad escolar y no se permiten reuniones de más de 10 personas.

Con 1200 habitantes, Tecka es una zona preponderantemente ganadera; allí están los restos del cacique tehuelche Inacayal, uno de los últimos en resistir la infame “conquista del desierto” dirigida por Julio Argentino Roca. El comité de crisis, compuesto por la médica del pueblo, el intendente y el comisario, decidió que la cuarentena continuará hasta tanto pase la pandemia. El control policial es muy estricto en el ingreso; allí se gestionan los permisos para entrar al pueblo y, de los no residentes, solo pueden pasar quienes llegan desde la zona cordillerana libre de Covid y con el certificado de hisopado negativo. “Si vienen de Comodoro Rivadavia, Sarmiento o Puerto Madryn, por ejemplo, donde hay un rebrote, lamentablemente no pueden entrar. Tenemos muy claro que el día que aparezca el bichito por aquí nos tendremos que poner muy firmes. Mientras tanto, le ponemos onda para pasarla de la mejor manera posible”, dice Seitune.

Montecarlo, Misiones

En Montecarlo, Misiones, recién abrieron todos los ingresos el jueves pasado. Hasta entonces y desde que se declaró la cuarentena sólo estaba habilitado uno de los tres accesos. “Misiones tiene 17 departamentos y Montecarlo es el único sin Covid, toco madera. Pareciera que el virus se está polarizando entre Posadas e Iguazú, aunque ahora están surgiendo casos en localidades pequeñas, como Gobernador Roca”, cuenta Omar Centurión, encargado de Prensa y Comunicación del municipio. Para él, el hecho de que esta localidad de 40 mil habitantes siga indemne se debe a una serie de medidas que varios tildaron de exageradas. “Se tomaron muchas decisiones que en una primera instancia generaron motivos de burla, porque eran de mucho cuidado. Por ejemplo: preparamos 100 camas en el hospital y otras 100 en el polideportivo, y se colocó un arco sanitizante en el único acceso abierto, para desinfectar los vehículos. Además, al tener un solo ingreso era más simple controlar: la policía libraba un acta y acompañaba a la persona hasta donde debía cumplir los 15 días de aislamiento. Apenas comenzó el aislamiento, repatriamos algunos montecarlenses y se los aisló en sus hogares, y los vecinos y la policía monitoreaban que se cumpliera con el protocolo correspondiente”, enumera.

 
 
 

Pero si ser tan estrictos fue muy productivo, ¿por qué abrir ahora? “La apertura de los accesos fue una decisión tomada por Defensa Civil y el Comité de Crisis, porque entendemos que la provincia sigue con fronteras cerradas (cabe recordar que Misiones limita con Brasil y Paraguay) y que también están cerradas las fronteras interprovinciales; por lo tanto, quien quiere entrar a Misiones debe tener una constancia de hisopado negativo, y eso nos da tranquilidad: hay circulación solo dentro de la provincia”, cuenta el intendente Jorge Lovato. Montecarlo fue el último municipio misionero en habilitar ciertas actividades recreativas y deportivas. “Hoy en día continuamos teniendo horarios reducidos para los comercios y la práctica deportiva, para bares y restaurantes; creo que ése es el camino y gracias a Dios hizo también que hoy no tengamos casos en nuestro departamento. Además, tengo que destacar que en Montecarlo la gente es muy respetuosa con los cuidados, usa barbijo, sigue haciendo largas filas para comprar en las veredas al aire libre. Es una comunidad que todavía prioriza la salud”, dice con orgullo.

Rodeo, Catamarca

El Rodeo, en Catamarca, es una bellísima villa turística rodeada de verde y montaña a sólo 39 kilómetros de la capital, San Fernando del Valle. Y aunque el principal sostén económico de sus 1000 habitantes es el turismo, el pueblo entero decidió ser estricto con las prevenciones. “A mí mismo me sorprende lo cuidadoso que resultó el rodeíno con este tema”, reflexiona Nery Luna, encargado de la Hostería El Rodeo. Desde principios de octubre, trabaja al 50% de su capacidad, y los únicos no residentes que pueden acercarse son ciudadanos de San Fernando que hayan reservado previamente y tengan el voucher que les extiende la policía caminera en el acceso al pueblo. “Proponemos una escapada de fin de semana; el alojamiento no está permitido y el visitante solo puede consumir en nuestra confitería y pasear por el parque de la hostería. Tenemos mucha demanda, pero lamentablemente todavía no podemos cumplir con todos”, cuenta Nery. Los más pequeños, como en el resto del país, continúan con clases online y recién el jueves pasado se reanudaron las actividades deportivas.

Sin poción mágica ni druidas excepcionales, estos tres pueblos resisten al virus invasor a base de conciencia, cuidado y estricto protocolo.

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Virginia Poblet

Periodista todoterreno.
Colaboro en Caras y Caretas y Tiempo Argentino y lo hice para una parva de medios que me da pereza enumerar. También soy ghostwriter. 
Hice de todo. Trabajé en el Colón, editando la revista y las entrevistas del programa que salía en Canal 7, pero me fui cuando asumió Macri como Jefe de Gobierno en la Ciudad. Traduje La tumba del león, un libro de Jon Lee Anderson, a quien conocí en el carnaval de Barranquilla cuando la Argentina se desmoronó y yo quedé varada con mi mochila y mi flamante marido en Colombia. Y mucho antes, en los ’90, o sea en la prehistoria, perseguí a Michael Jackson por un parque de diversiones y a Alain Delon hasta Anillaco para una conocida revista de ricos y famosos.
Algunas de las grandes satisfacciones que me dio este oficio fue entrevistar y organizar el cumpleaños de 90 de Osvaldo Bayer, conocer a B. B. King en persona y charlar con Lyle Mays. 
Soy mamá, militante de la escuela pública, integrante de la coope de la primaria de mi hijo y del grupo Cooperadoras de la Comuna 12. Hace tres años que voy al Encuentro de Mujeres y banco a full a les adolescentes que hablan lenguaje inclusivo. Me gusta mucho bailar y me encantaría organizar tertulias artístico-literarias al estilo de las que hacía Mariquita Sánchez de Thompson o una versión más hippie-peronista de las de Victoria Ocampo. Y para paliar la crisis, vendo las paltas de mi árbol.