El último reporte del FMI sobre la Argentina, no hacen más que confirmar la baja confianza que este mismo organismo tiene sobre el programa económico que diseñó junto a la alianza Cambiemos. Claro que, a diferencia de lo sucedido en 2001, no se espera que esta institución se desentienda de los compromisos acordados con nuestro país, pues la actual alianza que sostiene con el gobierno, y los intereses geopolíticos que la avalan, hace muy poco probable que deje de enviar la ayuda financiera acordada, pese a sus sombrías perspectivas. 

De hecho, durante la semana envió el nuevo tramo por 5.400 millones de dólares de lo 57 mil millones acordados el año pasado, y autorizó asimismo al Banco Central a incrementar la venta de dólares futuros de 1.000 a 3.500 millones de dólares, es decir a ampliar aún más el alcance de aquella herramienta que incluso judicializó la alianza Cambiemos, cuando fue utilizada por el anterior gobierno, pero que hoy es una de las principales herramientas, junto a las tasas astronómicas, para contener el valor de la divisa. 

Pero lo cierto es que, en paralelo a estas acciones de apoyo concretas, el staff del Fondo parece buscar prevenirse por las consecuencias que tendrá su propio programa económico, tal como lo describe detalladamente en su reporte del pasado 15 de julio.  

En efecto, una vez otorgado el nuevo tramo y avalado riesgosas acciones financieras, en el citado reporte solo parece haber perspectivas sombrías para el futuro de la economía argentina.

Así es como en el informe se pueden encontrar definiciones como “elevados riesgos del programa”, o el hecho que será “probable” que la recuperación de la recesión “sea prolongada", llegando a corregir a la baja la estimación del PBI para 2020, de un 2,2% a un 1,1%, así como la posibilidad de que se cree una “brecha financiera presupuestaria” debido a una posible renuencia a reinvertir las colocaciones financieras, lo que en otras palabras significa que el gobierno se vería falto de fondos para hacer frente a sus obligaciones, con lo que “la sostenibilidad de la deuda sigue siendo muy vulnerable a shocks". Por si esto fuera poco, alertan también por algo que pocos argentinos desconocen, como lo es hecho de que la “bicicleta financiera”, es decir convertir dólares a pesos para aprovechar las altas tasas de interés, puede finalizar en cualquier momento, “como resultado de la creciente incertidumbres sobre el futuro panorama político", lo que, agregan, provocaría presiones sobre el tipo de cambio y se trasladaría a la inflación, que el mismo FMI proyecta en 40% en lugar del 30,5 que había especulado en el anterior acuerdo, y que, en consecuencia “llevaría a un empeoramiento de los resultados sociales” y “al aumento de la pobreza”.

En definitiva, el reporte parece ser antes que nada el resguardo de los funcionarios del Fondo frente a las predecibles consecuencias que podría tener el programa que diseñaron y se encuentran implementando. Atrás quedaron los mensajes optimistas, o la supuesta preocupación por que su programa no aumente la pobreza. Y es que a diferencia del anterior FMI, la actual burocracia del Fondo parece querer anticiparse a sus críticos, planteando ellos mismos los problemas que generan sus tradicionales programas de liberalización y ajuste.