Transcurridos los primeros cinco meses del año, y pese al ingente apoyo multilateral recibido (desembolsos acumulados desde junio del año pasado hasta hoy por US$ 38.000 millones), resulta difícil descifrar la política del Banco Central respecto de las variables que debiera controlar. 

En este lapso, la devaluación del tipo de cambio mayorista fue de 18,3%, la inflación minorista acumulada se estima en 20% y la tasa de interés de los instrumentos financieros, referencia de la política monetaria, flota hace rato en torno al 70%. Se observa así que la institución comandada por Guido Sandleris no ha podido controlar la inflación, prevenir la devaluación ni bajar la tasa de interés a niveles compatibles con la actividad económica, que no para de desplomarse.

Se redujo la base monetaria pero la inflación se estima en 20% en lo que va del año

Entonces, ¿cuál fue la política del ente rector en estos meses? Veamos algunas variables relativas al ejercicio 2019.

- Pareciera haber cumplido la promesa de "emisión monetaria cero". La base monetaria, entre enero y mayo, se contrajo un 2,2% promedio mensual, descendiendo de $1.345.587 millones a $ 1.342.638 millones. Este guarismo, sin embargo, desmiente que la inflación sea un fenómeno monetario, habida cuenta de los altos índices de precios en el lapso analizado.

- Si bien hay contracción monetaria en lo que se refiere a la emisión primaria de billetes y monedas, los pasivos del Banco Central no monetizados en dinero contante y sonante -pero devengados en los bancos- crecieron en el período enero-mayo un 26,8% promedio mensual, pasando de $ 815.789 millones a $ 1.034.870 millones. Este fuerte crecimiento de los instrumentos financieros denominados Letras de Liquidez (LeLiq) revela que contener las tenencias en activos financieros en pesos le está costando al Banco Central un crecimiento de sus pasivos con el sector financiero del 4,9% promedio mensual acumulado. Esto neutraliza con creces la contracción de la emisión de billetes y monedas, aunque la expansión no se vuelque inmediatamente al mercado.

- Las reservas internacionales descendieron U$S 1.046 millones entre el 02/01 y el 31/05. Esta caída ocurrió a pesar de que hayan ingresado U$S 10.885 millones provenientes del cuarto desembolso del FMI. Se acumuló a abril un superávit de balanza comercial de U$S3.147 millones y, según la difusión realizada por el propio gobierno, la campaña cerealera arrojó una cosecha récord, cuyo flujo de divisas por exportaciones debiera haberse notado significativamente en el segundo trimestre del año.

Los factores reseñados -contracción monetaria, fuerte expansión de los instrumentos financieros y caída de las reservas internacionales en un contexto real y potencial de ingreso de divisas- marcan que el BCRA se encuentra deteriorando peligrosamente su capacidad de intervención en el mercado, sin poder controlar la tasa de devaluación, ni la tasa de inflación, y sin poder bajar la tasa de interés. 

Por el contrario, el ente rector está acumulando letras financieras (LeLiq) al interior del sistema bancario que presionan para monetizarse en forma creciente, y aceleran la caída  del stock de reservas internacionales. La contención del valor del dólar en el mes de mayo le costó al Banco Central desprenderse de U$S 6.750 millones, un monto superior al 10% del total disponible.

El stock de Leliq equivale hoy a unos U$S21.500 millones

Si se quisiera medir el deterioro sufrido por el "poder de fuego" del BCRA en los primeros cinco meses del año, es necesario realizar el cálculo de los pesos que inmediatamente pueden convertirse en dólares divididos por el número de reservas internacionales brutas. 

El stock de LeLiq, convertido a dólares y al tipo de cambio de enero, oscilaba en torno a los U$S 21.500 millones. Ese mismo cálculo efectuado a mayo arroja U$S 23.000 millones. Esto quiere decir que el BCRA sigue aumentando el stock de sus pasivos nominalmente en pesos, pero también en dólares, de modo que la capacidad de presión sobre el mercado cambiario de dichos activos financieros aumenta, y con mayor celeridad mientras disminuyan las reservas internacionales. De continuar este proceso, va a colocar en tensión al sistema financiero porque, en la medida que las reservas internacionales no alcancen para afrontar los vencimientos de deuda y sostener el normal desenvolvimiento del sector externo, el pase de portafolio de activos financieros de pesos a dólares se acelerará. 

El Banco Central está en una vertiginosa carrera contra el calendario electoral por lograr que el citado cambio de portafolio de pesos a dólares pueda ser contenido con la venta de reservas y con el mantenimiento de una tasa de interés elevada. Como señalamos precedentemente, este juego en mayo costó un 10% del stock de activos internacionales y, a la vez, acumula una escalada de pasivos monetarios en pesos contra los bancos que deteriora aún más sus posibilidades de regulación. El BCRA, después de cinco meses y tras un fuerte apoyo multilateral, no controla la inflación, la tasa de interés ni el valor del dólar. Sólo acumula tensiones cambiarias y bancarias con la expectativa de que estas no detonen antes de los comicios. 

Lo sorprendente a esta altura de los acontecimiento es que el Fondo Monetario Internacional sea el principal prestamista de esta jugada extrema para ganar una elección, jugada cuyas consecuencias van a ser soportadas por el pueblo argentino y no por el actual gobierno.