La política exterior de un país es una política pública más. Hasta ahí había llegado la academia. Pero en Argentina habrá que dar un paso más para leer el momento actual donde la política externa se volvió un capricho o expresión del interés personal del líder del Gobierno. Esto fue, una vez más, el viaje de Javier Milei a Estados Unidos, donde solo se reunió con Benjamín Netanyahu, un criminal de guerra con orden de captura internacional y primer ministro de un Gobierno acusado por el genocidio en Gaza; y donde se cruzó en un pasillo con Marco Rubio, halcón del Gobierno de Estados Unidos, un país en guerra y con una agenda de militarización para la región a la que Milei se pliega sin reparos. La defensa de la llamada causa Malvina, planteada por el presidente ante la Asamblea General de la ONU, parece ser una excepción. Pero esta no pasa de ser una declamación, ya que todas las acciones del presidente van en sentido contrario. El resto fueron actos con pogo y premios a título personal sin pares a la vista.
A quienes elaboran política pública desde la administración del Estado se les puede pedir indicadores para poder medir sus avances y sus resultados, pero a una política exterior bajo el interés de Milei ¿qué se le pide? No hay indicador alguno posible ni resultados más allá de lo personal.
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El “baile” de Milei con estudiantes y el encuentro con Netanyahu
“El presidente argentino visita una yeshivá de Nueva York y baila con los estudiantes” tituló el diario Times of Israel, medio que define a Milei como “un firme defensor” del país de mayoría hebrea y de la comunidad judía. La escena fue la yeshiva -dicho rápido, institución educativa judía- Darchei Torah en Queens, donde fue a recibir el premio "Ohev Israel" o "Amante de Israel".
Además de frases como “la prosperidad material es la consecuencia natural de la obediencia espiritual” o “el capitalismo es el sistema que Dios preparó”, Milei habló nuevamente de su próximo libro titulado “La moral como política de Estado” en el que va a combinar política con teología. “La nación que honra el orden divino recibe la bendición de ese orden y la que lo rechaza recibe su consecuencia, no como castigo arbitrario, sino como resultado lógico, inevitable, inscripto en la naturaleza misma de las cosas desde el principio de los tiempos. Yo lo entendí y es por eso que gobierno como gobierno”, dijo repitiendo una frase que ya había pronunciado en la Escuela ORT en agosto pasado.
Ahí también expuso que la acción pública debe juzgarse en función de si es justa o injusta. Un criterio que no parece aplicar a su propia política. ¿O acaso son la expresión de un gobierno justo decisiones como el veto a la actualización universitaria, el ajuste sobre las jubilaciones o la paralización de la obra pública, las cuales priorizan el déficit cero y la “eficiencia” macroeconómica por encima de la justicia redistributiva y el costo social? Además de que su ejercicio del poder está lejos de esa moralidad que predica, en el plano exterior está guiado no por una idea de interés nacional, sino por puras simpatías ideológicas y convicciones religiosas personales.
El único jefe de Estado en la agenda: las implicancias del alineamiento diplomático con Israel
En su encuentro con Netanyahu, el único jefe de Estado con el que se encontró en el marco de su viaje a la 81° sesión de la Asamblea General de la ONU, solo hubo elogios mutuos. El líder israelí dijo: “Presidente Milei, eres uno de los grandes líderes de nuestra generación. Lo que has hecho por la economía de Argentina es extraordinario”. ¿Quién le avisa?
Mientras que el “libertario” dijo en la Asamblea de la ONU que su administración está totalmente alineada con Estados Unidos e Israel y resaltó la importancia de la revolución tecnológica y del poderío militar, a los que consideró fundamentales para que un país pueda ser “políticamente relevante, económicamente influyente y dueña de su destino”. Después, en una entrevista, dijo que Trump y Netanyahu son dos “personalidades extraordinarias” y que “Occidente está renaciendo” gracias a ellos. “Agradezco la posibilidad que me hayan permitido ser parte de su círculo de amigos”. Cómo redunda esa amistad en interés nacional es lo que no explica.
Milei y la delegación argentina fueron de los pocos que se quedaron en el recinto de la Asamblea cuando Netanyahu se preparaba para hablar. La mayor parte de los países le hicieron el vacío en repudio por el genocidio que impulsó su administración sobre Gaza. Y esto solo días después de que los directores de cine israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor fueran aplaudidos durante 25 minutos en un festival por su documental 'NAZA', donde entrevistan de primera mano a militares que perpetraron esos crímenes sobre el territorio palestino.
“Si hay algún otro cobarde moral que aún no haya abandonado esta sala, por favor, hágalo ahora”, agitó Netanyahu usando nuevamente una narrativa de que el mundo está en su contra casi que por necedad y antisemitismo.
La Oficina del primer ministro israelí informó que durante el encuentro con Milei hablaron de cooperación entre Argentina e Israel y de la ampliación de los llamados “Acuerdos de Isaac”, que fueron anunciados en abril pasado. Pero estos son solamente “un nuevo marco estratégico”, que según indicaron entonces, está “destinado a fortalecer la cooperación entre Argentina, Israel y socios afines en el Hemisferio Occidental” y para “la estabilidad regional a largo plazo, la seguridad y la prosperidad económica”. De nuevo, no está claro en qué beneficio redunda esta relación de idolatría fanática de Milei para el país, ni qué resultados conforme a esos objetivos se están alcanzando.
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Un club llamado “Escudo de las Américas”
El presidente brasileño Lula da Silva, según su equipo, rechazó cerca de 30 solicitudes de bilaterales con otros jefes de Estado y delegaciones internacionales. En el caso de Milei no se difundió un registro similar pero, en concreto, solo se reunió con Netanyahu y por esos días también asistió a la segunda “sesión” del denominado Escudo de las Américas, la iniciativa lanzada por Donald Trump para la región y que solo ve a este territorio como un lugar de recursos y “amenazas”.
En cuanto a los recursos, el republicano insistió: “Muchos en el mundo… probablemente ustedes tengan la mayor riqueza natural, y que no permitan que sea tomada por potencias externas hostiles. No podemos permitir que eso suceda. Ya no tendrán un país si eso pasa. Una vez que eso sucede, realmente no se regresa muy fácilmente”.
Respecto a las “amenazas” no solo habló de las “potencias externas hostiles”, sino también del “narcoterrorismo”: “Hoy les pido a todas las naciones del Escudo de las Américas que designen formalmente a los narcoterroristas como amenazas comunes a la estabilidad, y que apliquen sanciones contundentes contra las 24 organizaciones terroristas extranjeras designadas por los Estados Unidos”.
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Son dos demandas -¿o exigencias?- del republicano a sus séquitos regionales y que siguen la línea de la “Doctrina Donroe” que dicta “América para los americanos” y que es un capítulo más a los bombardeos en el Caribe y el Pacífico que iniciaron a fines de año pasado y que terminaron en los bombardeos contra Venezuela y secuestro de Nicolás Maduro.
La securitización de la relación de Trump con la región y este pedido concreto sobre organizaciones “narcoterroristas” debería ser un llamado de atención para las dirigencias opositoras a los gobiernos ultra ya que si bien solo le daría atribuciones a EE. UU. para avanzar sobre activos que tengan esas organizaciones en su territorio, lo cierto es que Washington la viene usando para avanzar sobre la soberanía de los países latinoamericanos.
En este encuentro, los países firmantes del “Escudo” declararon que van a “estudiar la adopción de una resolución que promueva y facilite la acción colectiva contra las organizaciones narcoterroristas en el marco del Tratado de Río” (TIAR). ¿Qué implica este entendimiento que data del año 1947? Que un ataque armado por cualquier Estado contra un país americano se considera un ataque contra todos los países firmantes. Un texto que había pasado a ser letra muerta después de la guerra de Malvinas, ya que EE. UU. priorizó -como sigue haciendo- su vínculo con Londres sin ningún reparo.
Además de estos encuentros, Milei “interceptó” en un pasillo de la ONU a Marco Rubio y después de este encuentro “de a pie” el secretario de Estado de Trump tuiteó: “nuestro hemisferio es más seguro gracias a nuestra estrecha cooperación en temas de energía, minerales críticos y agricultura”.
Un cruce de pasillo con Marco Rubio y el silencio de Washington por la causa Malvinas
Así, en su encuentro con Netanyahu, con los países del “Escudo” y en su encuentro con Rubio la cuestión Malvinas, que fue agitada por Milei desde el podio de la ONU, no aparece en ningún momento. Y mientras Trump promete reeditar el Tiar para la región, y esto desde Argentina es visto como un camino posible de respaldo frente a Reino Unido, el republicano no solo no le da una reunión a Milei, sino que además se encuentra con el recién llegado primer ministro británico Andy Burnham y habla en los mejores términos del líder pseudo progresista.
