Pedro Sánchez resiste la presión interna en España: descartó adelantar elecciones y blindó a Zapatero

Desde el Vaticano, el presidente español rechazó los pedidos de las viejas glorias de su partido para llamar a las urnas. Defendió su sintonía con el Papa, minimizó las acusaciones de corrupción contra el expresidente Rodríguez Zapatero y ratificó que gobernará hasta el final de su mandato.

27 de mayo, 2026 | 12.31

El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, plantó bandera frente a las crecientes presiones que llegan desde el interior de su propio espacio político y descartó de plano un adelanto electoral y ratificó su firme intención de completar los cuatro años de mandato. En una rueda de prensa brindada en Roma, luego de mantener una audiencia privada con el Papa León XIV, Sánchez respaldó de forma contundente a José Luis Rodríguez Zapatero frente al avance judicial por una presunta red de tráfico de influencias y lavado de dinero en favor de la aerolínea Plus Ultra.

Para Sánchez, el escenario internacional actual exige estabilidad institucional y "no meter al país en una parálisis" que interrumpa las políticas públicas en marcha y la ejecución de los millonarios fondos de asistencia económica otorgados por la Unión Europea (UE). La contundente respuesta ocurre después de que el histórico expresidente socialista Felipe González exigiera públicamente que haya elecciones generales "este año", criticando de forma implícita el liderazgo de Sánchez al que contrapuso con un modelo de conducción "no mercenario, el que no se ejerce para beneficio propio sino para el de los demás". A este embate de González se sumaron voces de peso territorial dentro del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), como el presidente de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, quienes vienen sugiriendo la necesidad de revalidar títulos en las urnas debido al desgaste de la gestión nacional.

Sánchez prefirió apelar a la ironía para desactivar la embestida de sus compañeros de partido. Aseguró ser plenamente consciente de que si llamara a votación ahora lograría "una mayor mayoría parlamentaria en el Gobierno y en el Congreso para poder gobernar de manera mucho más tranquila", pero aclaró de inmediato que un jefe de Estado no puede convocar a elecciones por mero interés partidista. De acuerdo con su visión, el interés general de los ciudadanos españoles pasa hoy por consolidar las políticas que están permitiendo amortiguar los coletazos sociales y económicos de las crisis globales. Además, el presidente advirtió sobre los peligros de abrir un período de incertidumbre, recordando que los procesos de negociación para lograr la investidura presidencial suelen ser "azarosos" y extenderse por meses, trazando un paralelo con lo que ocurrió recientemente en Dinamarca y con las conflictivas experiencias de los gobiernos de coalición derechista entre el Partido Popular (PP) y el espacio ultra Vox en varias regiones de España.

El otro frente de tormenta que Sánchez debió capear está vinculado a la situación judicial de Zapatero. El exmandatario fue imputado por el juez de la Audiencia Nacional, José Luis Calama, en una causa que investiga una presunta red de tráfico de influencias y lavado de dinero en favor de la aerolínea Plus Ultra, y deberá comparecer ante los tribunales los próximos 17 y 18 de junio. Frente a este escenario, Sánchez se alineó de manera irrestricta con el dirigente imputado y reveló que tuvo la oportunidad de repasar el auto del juez y el extenso sumario judicial, y que tras consultar el tema con especialistas del ámbito legal concluyó que no existen motivos suficientes para soltarle la mano a su aliado político. Sánchez ratificó su postura del lado de Zapatero: "Lo vuelvo a reafirmar hoy aquí: toda la colaboración con la justicia, todo el respeto a la presunción de inocencia del presidente Zapatero y todo mi apoyo al presidente Zapatero".

Coincidencias humanistas y geopolíticas con el Vaticano

Más allá de las turbulencias de la política doméstica, Sánchez utilizó el escenario internacional para exhibir volumen político y buscó capitalizar su encuentro de 45 minutos con el Sumo Pontífice. El jefe del Ejecutivo español destacó la "absoluta sintonía" que mantiene con el Papa León XIV en ejes cruciales de la agenda global como la búsqueda de la paz, el desarrollo tecnológico y la gestión de las corrientes migratorias. Según el mandatario, esta coincidencia de visiones entre la Iglesia Católica y las autoridades de Madrid no hace más que avalar el "sentido común" de las políticas que implementa su administración.

En materia internacional, Sánchez agradeció la valentía del Papa frente a lo que denominó "la ley de la selva" y lamentó que las grandes potencias prefieran gastar más recursos en armamento pesado que en combatir flagelos como las enfermedades y el hambre en el continente africano. El líder socialista defendió el incremento del 13% en la ayuda oficial al desarrollo implementado por España durante el último año, contrastándolo con el contexto de recortes masivos aplicados por otras naciones occidentales, e insistió en que la paz no se construye con misiles sino mediante el respeto irrestricto a la legalidad internacional.

El debate sobre el impacto de la Inteligencia Artificial (IA) y la crisis migratoria completaron la agenda en el Vaticano. Sánchez respaldó la visión papal de avanzar hacia una regulación tecnológica de carácter humanista que preserve la dignidad de las personas y la seguridad de los menores, recordando que ninguna tecnología es neutral.

En cuanto a las políticas migratorias, el presidente defendió la necesidad de promover un flujo "ordenado" y vinculado a la prosperidad económica de los países receptores. Aprovechó para lanzar un dardo a los partidos de la derecha española al criticar con dureza los discursos basados en "bulos" (noticias falsas) y en las supuestas "prioridades nacionales" o "teorías de la sustitución", argumentando que los datos reales de la economía desmienten por completo el fenómeno del efecto llamada.

Como broche de oro de la visita oficial, Sánchez repasó los acuerdos bilaterales con el secretario de Estado de la Santa Sede, el cardenal Pietro Parolin, destacando los avances en el sistema mixto para reparar a las víctimas de abusos sexuales en instituciones eclesiásticas y la reforma del Valle de Cuelgamuros (ex Valle de los Caídos) bajo el amparo de la Ley de Memoria Democrática. Asimismo, confirmó la visita oficial del Papa a España, prevista para realizarse entre el 6 y el 12 de junio con un extenso itinerario que incluirá actividades en Madrid, Barcelona y las Islas Canarias.

Con información de EuropaPress.