Tras sobrevivir terremotos, familia en Venezuela busca nuevo comienzo lejos de la zona cero

30 de julio, 2026 | 09.35

Tras los terremotos que demolieron parte de la costa central de Venezuela el 24 de junio, la ‌familia de Adriana Aponte ‌se trasladó en bus hacia el occidente venezolano gracias a una persona cercana que les regaló dinero para pagar los pasajes.

Lo hicieron de forma voluntaria y porque deseaban estar en una ciudad sin temor a nuevos sismos, dijo Aponte, una joven madre de 26 años.

"Aquí me siento segura", dijo a Reuters en ​la pequeña sala ⁠de la casa de dos pisos, fabricada de ladrillos rojos ‌y techos de zinc en una barriada del ⁠suroeste de Maracaibo, capital del estado ⁠petrolero del Zulia, en el noroeste del país.  

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Las autoridades han dicho que los dos terremotos de 7,2 y 7,5 que estremecieron siete ⁠de los 23 estados venezolanos dejaron al menos 5.500 ​muertos y al menos 23.800 personas viven ‌ahora en tiendas de campaña en ‌campamentos improvisados.

En Maracaibo "me siento bien porque los niños también ⁠se sienten bien, pero una parte de mí se siente mal porque allá en La Guaira quedó mi papá, mis hermanas", dijo Aponte, madre de tres hijos de 10, cuatro y un año ​de edad. 

La ‌Guaira, al norte de la capital Caracas y sede del principal aeropuerto y puerto del país, fue la más golpeada por los terremotos que convirtieron cientos de edificios y casas en montañas de escombros.

Dijo que su casa en ⁠La Guaira no se cayó por completo, pero sí perdió la pared del cuarto y quedó partida al medio.

La mujer contó además que decidieron abandonar La Guaira en busca de un lugar seguro, cuando una pariente les facilitó 50.000 bolívares (unos 67 dólares) para pagar el viaje a Maracaibo, donde tienen familiares.

Cuando llegaron al terminal de buses, ‌Aponte dijo que los atendió la Cruz Roja venezolana, recibieron artículos de aseo personal, medicinas, algo de comer y luego la Guardia Nacional los trasladó hasta su nueva casa, una endeble construcción rodeada de maleza y basura que ahora están limpiando.

A pesar de las ‌dificultades de estar en esa empobrecida región del país y sin trabajo, Aponte y su esposo, Omar Hernández, de 26 años, esperan poder ‌registrarse en un ⁠censo que lleva el gobierno para los damnificados de La Guaira y optar a una nueva vivienda. 

"El ​miedo siempre va a estar ahí persiguiéndote (...) porque fue algo demasiado horrible", dice Aponte. "A veces uno quisiera olvidar (...) pero hay que tener fe".

Con información de Reuters