Rusia intenta sembrar el pánico en la ciudad de Zaporiyia con "safaris" contra la población civil

06 de agosto, 2026 | 07.56

Cuando el mes pasado dos bombas rusas impactaron en la marisquería de Katerina Lahuta, en la ciudad de Zaporiyia, en el sureste de Ucrania, destrozaron la última pizca de seguridad de esta empresaria de 41 años.

Desde las primeras semanas de su invasión ‌de 2022, las fuerzas de Moscú están atrincheradas justo ‌al sur de Zaporiyia, una importante ciudad industrial de unos 700.000 habitantes, a la que han estado golpeando con misiles y drones.

Sin embargo, una nueva oleada de ataques ha hecho que la vida sea aún más peligrosa para los residentes, como parte de la escalada de la guerra aérea de Rusia contra las ciudades ucranianas, ya que apenas logra avances en el frente.

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"Hace tan solo medio año ya daba miedo, por supuesto, y había ataques. Pero no era como esto", dijo Lahuta. "Ahora es simplemente un 'safari'".

Los ucranianos han adoptado el término "safari" para describir cómo los drones "cazan" a civiles o vehículos en la calle, algo que los residentes de Jersón, una ciudad más pequeña del sur situada en la línea del frente, ​llevan mucho tiempo padeciendo.

Periodistas de Reuters que ⁠visitaron el negocio de Lahuta tuvieron que ponerse a cubierto al oír el zumbido de un dron pilotado con visión remota (FPV, por sus ‌siglas en inglés): drones pequeños y ágiles con forma de helicóptero, cargados de explosivos y pilotados por video, que ⁠han convertido las líneas del frente de Ucrania en una "zona de muerte".

ATAQUES DESTINADOS ⁠A ATERRORIZAR A LA POBLACIÓN

Rusia ha negado haber atacado a civiles en la guerra, que comenzó con su invasión a gran escala de Ucrania en 2022.

Sin embargo, de pie entre los restos carbonizados de la planta de procesamiento que abastecía a sus tiendas, Lahuta dijo que los ataques ⁠rusos habían ahuyentado a los clientes y habían hecho casi imposible la planificación a largo plazo, mientras que la necesidad de ​reclutar soldados había provocado una escasez de mano de obra.

"Cada día es como una especie de batalla."

Las ‌autoridades afirman que Rusia pretende sembrar el pánico, además de dañar ‌las infraestructuras, con ataques cada vez más frecuentes en toda la ciudad, utilizando por primera vez drones FPV y bombas planeadoras ⁠más grandes y destructivas con una nueva regularidad.

Zaporiyia es la capital de una de las cuatro regiones ucranianas que Rusia ha reivindicado como propias, a pesar de controlar solo tres cuartas partes de ella.

Las tropas terrestres rusas no han logrado avanzar a lo largo de un estrecho corredor al sur de la ciudad, donde el ejército ucraniano ha opuesto una fuerte resistencia en los últimos meses.

Pero desde allí, los drones FPV rusos están ​atacando a grupos de ‌civiles, vehículos y transporte público, especialmente en el sur de la ciudad, según ha declarado el gobernador Iván Fedorov.

"El enemigo se ha marcado como prioridad ejercer la máxima presión sobre la población civil", dijo durante una entrevista en una escuela subterránea construida para servir de refugio antiaéreo.

Los drones FPV se han desarrollado para ampliar su alcance, mientras que las bombas planeadoras lanzadas desde el aire, como las que alcanzaron el negocio de Lahuta, no pueden interceptarse sin sistemas de defensa aérea más avanzados.

El ⁠Ministerio de Defensa ruso no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios.

LOS DRONES ASESINOS ALCANZAN A LOS AUTOBUSES DE ZAPORIYIA

En todo el centro de Zaporiyia, las cafeterías y las multitudes de personas que se desplazan al trabajo transmiten una sensación de normalidad a pesar de las frecuentes alertas de ataque aéreo. Sin embargo, incluso los viernes por la noche, en la ciudad se respira un ambiente apagado.

En el barrio del gigante de la fabricación de motores Motor Sich, muchos edificios de oficinas y viviendas muestran las huellas de los repetidos bombardeos.

En el distrito meridional de Kosmos, se están instalando redes de protección sobre las carreteras para defenderse de los drones FPV que han impactado contra los parabrisas y los techos de los vehículos en las últimas semanas.

Dos ‌conductores de autobuses privados de una línea que da servicio a Kosmos afirmaron que el aumento de los ataques había asustado tanto a los conductores como a los pasajeros.

Las redes antidrones "no te salvarán de los grandes", dijo uno de los conductores, que prefirió no dar su nombre.

En general, menos del 5% de los drones FPV enemigos logran atravesar las defensas aéreas ucranianas, señaló Fedorov. Pero en los peores días —unos cuantos al mes—, eso podría suponer aún hasta 10 drones que causan lesiones o daños.

Ania Sivova, una costurera de 34 años cuyo marido combate en la guerra, vio cómo un dron ‌FPV se estrellaba contra un autobús cercano el mes pasado, cuando regresaba a su casa, al sur de la ciudad.

"Quizá tenga un buen ángel de la guarda", dijo con una sonrisa.

LOS VECINOS APRENDEN A CONVIVIR CON EL PELIGRO

Sivova, que lleva a su hija de 6 años a una guardería subterránea, dijo que tanto ‌ella como su hija han aprendido ⁠a adaptarse a los peligros de la vida cotidiana.

"Suena horrible, pero nos hemos acostumbrado a esta vida", dijo. "De momento, por desgracia, no tenemos otra".

Frente a su bloque de pisos devastado, Tetiana, una funcionaria de 38 años, dijo que ​las fuerzas rusas "se volvieron locas" el mes pasado y bombardearon su barrio seis veces en una semana.

Dijo que se sentía dividida entre la necesidad de marcharse y la de quedarse, porque la gente dependía de su trabajo para que los servicios siguieran funcionando.

"Sinceramente, ya estoy totalmente vacía", dijo, mirando hacia los restos carbonizados de los coches esparcidos por su patio.

"No siento nada."

(Edición de Daniel Flynn y Kevin Liffey; edición en español de Jorge Ollero Castela)