Lejos del perfil mediático y del vértigo judicial, Fernando Burlando construyó un espacio que impacta por su escala: una ostentosa casa de campo rodeada de hectáreas, pensada como refugio absoluto lejos de la ciudad.
Ubicada en Las Flores, la propiedad no solo se destaca por su diseño, sino por su extensión y privacidad, dos elementos que marcan la diferencia con cualquier vivienda urbana. Allí, el abogado apuesta por una vida más tranquila, pero sin resignar confort ni lujo.
La casa combina una estética de estancia tradicional con toques modernos, donde predominan materiales nobles, techos altos y ambientes amplios que refuerzan la sensación de exclusividad.
Lujo, amplitud y un campo que lo cambia todo
El interior mantiene esa línea: un living comedor de grandes dimensiones, con arcadas, ladrillo a la vista y muebles de madera maciza, que aportan calidez sin perder elegancia.
Pero lo que realmente define la propiedad está afuera. El terreno que rodea la casa es protagonista, con grandes espacios verdes, sectores de descanso y áreas pensadas para disfrutar del aire libre, lejos del ruido urbano.
La combinación de lujo y rusticidad no es casual: responde a una búsqueda de equilibrio entre confort y naturaleza, en un entorno donde todo está pensado para desconectar.
Un refugio lejos del ruido
La casa de campo de Burlando no es solo una inversión inmobiliaria. Es una declaración de estilo de vida: alejarse de la ciudad sin perder sofisticación.
En un contexto donde su figura suele estar ligada a la exposición constante, este espacio aparece como su contracara perfecta. Y ahí está el detalle que más impacta: no es solo el lujo… es el silencio que lo rodea.
