La pobreza volvió a aumentar con Javier Milei. El dato difundido el jueves por el INDEC invita a discutir una cuestión que suele quedar relegada: ¿qué significa salir de la pobreza si persisten necesidades básicas insatisfechas?
El 32,3% de la población quedó por debajo de la línea de pobreza en el primer semestre de este año, frente al 28,2% del semestre anterior. La indigencia subió del 6,3% al 7,5%. Son cifras oficiales proporcionadas por el INDEC que son cuestionadas por investigaciones rigurosas.
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Una de ellas ha sido elabora por los economistas del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), que indican que los datos oficiales de pobreza están subestimados por tres motivos: cambios en la captación de ingresos no laborales, inconsistencias en los ingresos de trabajadores no registrados y subestimación de la canasta básica total.
El economista Alfredo Serrano Mancilla, del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), también tiene una evaluación crítica de las estadísticas de pobreza del INDEC. Sostiene que la cifra oficial de 15,4 millones de pobres subestima la cantidad de personas en esa condición. Identifica tres factores que explican esa diferencia.
- Cuestiona que se siga utilizando un umbral basado en pautas de consumo de 2004. Afirma que, con ponderadores de 2017-2018 o de 2024-2025, la cantidad de pobres sería mucho mayor.
- Sostiene que los ingresos de los trabajadores informales están inflados por una nueva metodología que no tiene anclaje en la realidad.
- Señala que la medición no refleja la situación de las familias que alquilan y critica que se compute un costo de alquiler muy inferior al real y que se utilice una proporción de inquilinos que no se corresponde con la realidad.
La consultora Equilibra, de Martín Rapetti, es otra voz que apunta a la subestimación del indicador de pobreza, al afirmar que “una estimación preliminar de nuestra medición alternativa de pobreza (que corrige por subdeclaración de ingresos y contempla canastas actualizadas de la ENGHo 2017/18) arroja que la incidencia de la pobreza roza el 45%”.
La pobreza multidimensional
La pobreza monetaria registra con rapidez el deterioro de los ingresos, pero no alcanza para conocer las condiciones de vida de la población. Las mediciones de pobreza multidimensional permiten ampliar el análisis.
La CEPAL elaboró un Índice de Pobreza Multidimensional para América Latina, presentado junto con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Su aporte consiste en observar una serie de carencias con una metodología común para los países de la región.
El índice comprende cuatro áreas: vivienda, salud, educación y empleo y pensiones. Utiliza doce indicadores y considera pobre a quien acumula privaciones que representan, como mínimo, un tercio del peso total asignado a esos indicadores. El ingreso monetario no forma parte de esa cuenta.
No se trata solamente de preguntar cuánto gana una persona, sino también de conocer las condiciones de su vivienda, si dispone de agua potable y cloacas, si pudo completar su educación o si enfrenta carencias vinculadas con el trabajo y la protección previsional. Cada una de estas condiciones inciden en la calidad de vida de la familia y permite evaluarla más allá del ingreso mensual.
La tabla regional del Anuario Estadístico de la CEPAL, de 2024, ubica la pobreza multidimensional argentina en el 12,2% de la población. Chile registra 2,8%; Uruguay, 4,6%; y Costa Rica, 5,4%. Con porcentajes más elevados aparecen Colombia, con 27,0%; Perú, con 27,3%; México, con 29,1%; y Paraguay, con 42,5%.
La comparación permite advertir que la sociedad argentina conserva ventajas relativas frente a buena parte de la región en las condiciones que releva ese índice. Esas ventajas no están garantizadas, puesto que sostenerlas y reducir las carencias que persisten requiere inversión pública, y el ajuste económico de Milei va en sentido contrario.
Por caso, un hipotético aumento del ingreso de bolsillo puede convivir con el deterioro de un servicio público. Ese debilitamiento termina trasladando mayores costos a las familias.
Es la expresión visible del ajuste económico, cuyas consecuencias exigen interpelar por la calidad de las prestaciones del Estado y por la posibilidad de acceder a ellas. Una reducción del gasto público, de la que Milei se enorgullece, mejora el resultado fiscal, pero empeora las condiciones en las que vive una parte de la sociedad. Ese deterioro no se manifiesta, inicialmente, en la tasa de pobreza monetaria.
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La pobreza monetaria registra con rapidez el deterioro de los ingresos, pero no alcanza para conocer las condiciones de vida de la población. Las mediciones de pobreza multidimensional permiten ampliar el análisis.
El método de las Necesidades Básicas Insatisfechas
Otro modo de evaluar las privaciones es el método de las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), que el INDEC comenzó a utilizar en 1984. Es un método directo, porque evalúa si los hogares satisfacen un conjunto de necesidades básicas agrupadas en cuatro dimensiones. Es un indicador parecido al de la pobreza multidimensional.
A partir de este método, se considera que están en situación de pobreza aquellas personas que viven en hogares en los que no se satisfaga al menos una de las siguientes necesidades: vivienda adecuada, condiciones sanitarias, asistencia escolar, capacidad de subsistencia.
Para evaluar estos cuatro grupos de necesidades, se identifican cinco indicadores, con sus correspondientes umbrales mínimos de satisfacción.
- Hacinamiento: hogares con más de tres personas por cuarto. Se considera la relación entre la cantidad de miembros del hogar y la cantidad de habitaciones de uso exclusivo, excluyendo baño y cocina.
- Vivienda: hogares que habitan una vivienda precaria, como una pieza de inquilinato, una casilla, es decir, una vivienda construida con materiales frágiles o desechos.
- Condiciones sanitarias: hogares sin retrete.
- Asistencia escolar: hogares con al menos un niño de entre 6 y 12 años que no asiste a la escuela.
- Capacidad de subsistencia: hogares con cuatro o más personas por miembro ocupado, cuyo jefe no haya completado el tercer grado de la escuela primaria.
El último dato oficial de Necesidades Básicas Insatisfechas corresponde al Censo 2022, según informó el INDEC. El 6,7% de los hogares del país tenía NBI y en ellos vivía el 9,4% de la población. La proporción de hogares con NBI disminuyó respecto del Censo 2010, cuando se ubicaba en el 9,1%.
La vara de cada país y la manipulación macrista
Volviendo al indicador tradicional de medición de pobreza, cada país construye su canasta de consumo básico y define el umbral de ingresos a partir del cual identifica a una persona como pobre. Las exigencias no son idénticas. También difieren las formas de registrar los recursos de los hogares y la cobertura territorial de las encuestas.
Si una sociedad fija un umbral más alto, habrá personas clasificadas como pobres que dejarían de serlo bajo una línea menos exigente. Presentar luego esas tasas en un ranking regional, sin advertir esas diferencias, induce a conclusiones equivocadas sobre las condiciones de vida.
Una canasta exigente expresa un estándar de consumo más amplio. Por eso los organismos que realizan comparaciones regionales armonizan las mediciones. Un informe del Banco Mundial, con estimaciones para 2024, utilizó una línea común de 8,30 dólares diarios por persona a paridad de poder adquisitivo de 2021. El resultado fue 15,2% de la población pobre en los centros urbanos de Argentina, frente a 20,5% en Paraguay y 36,2% en Perú.
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En 2016, el gobierno de Mauricio Macri alteró la metodología de medición para elevar el umbral utilizado para medir la pobreza. El macrismo utilizó ese cambio para publicitar que el kirchnerismo había dejado una cantidad de pobres más elevada. A lo largo del segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner, la oposición afirmaba que la pobreza se ubicaba por encima del 30%. La nueva medición del macrismo dio, por la magia estadística, ese porcentaje.
El estudio de CIFRA-CTA “Cambios metodológicos en la medición de la pobreza en Argentina. Revisión y construcción de series homogéneas”, de abril de 2019, permite dimensionar esa alteración. Al reconstruir las cifras del segundo trimestre de 2015, se obtuvo una tasa de pobreza de 19,3% con la metodología original y de 30,5% con la nueva.
El primer resultado del INDEC con la nueva metodología fue de 32,2% para el segundo trimestre de 2016. Extrapolado al conjunto del país, el dato implicaba que había unos 14 millones de pobres, la misma cifra que Macri había difundido antes de asumir. Esta manipulación de la metodología estuvo al servicio de mostrar que el kirchnerismo terminó con muchos más pobres. Fue una falsedad estadística con el objetivo político de confusión deliberada sobre la evaluación social del proceso política y económico del 2003-2015.
Una vez establecida la nueva metodología, su continuidad permite analizar la tendencia, pero vale recordar la alteración estadística del macrismo. Esta discusión sobre el nivel de la canasta no anula el aumento de la pobreza con Milei en la última medición del INDEC porque la suba reciente se registra dentro del mismo marco de medición.
La distancia hasta la canasta básica
Otra faceta del análisis es la denominada brecha de pobreza, que permite precisar la magnitud del esfuerzo necesario para salir de esa condición. Mide cuánto dinero les falta a los hogares pobres para alcanzar el valor de la canasta básica total. En el primer semestre de este año fue de 35,9%. El ingreso familiar promedio de esos hogares llegó a 922.755 pesos, frente a una canasta promedio de 1.440.395 pesos, lo que implicaba que faltaban 517.640 pesos.
Para cubrir esa diferencia, el ingreso promedio tendría que aumentar aproximadamente un 56%, manteniendo fijo el valor de la canasta.
Serrano Mancilla aporta otro elemento para evaluar la situación de quienes quedan apenas por encima del umbral de pobreza. Los define como “casi pobres”. Una persona con 100 pesos más de lo que indica el umbral es considerada “no pobre” por una cuestión estadística. ”¿Qué diferencia real hay entre esa persona y otra persona que tenga 100 pesos por debajo del umbral?”, se pregunta, y responde que “ninguna”.
Según Serrano Mancilla, el CELAG estima que la tasa de pobreza está subestimada en unos 20 puntos porcentuales. Si se incluye a quienes define como “casi pobres”, sostiene que la proporción alcanza entre el 70% y el 80% de la población.
El desafío para la oposición política
La brecha de pobreza hace imprescindible un shock positivo de ingresos para reducir con rapidez la pobreza. Desacelerar la tasa de inflación modera el aumento de la canasta, pero no recupera por sí solo el poder de compra perdido. En concreto, cualquiera que quiera enfrentar el problema de pobreza monetaria tendrá que impulsar una estrategia política para lograr una recomposición sustancial de los ingresos reales.
Para la oposición política al experimento liberal-libertario, el desafío de reducir la pobreza monetaria y también la multidimensional implica presentar un proyecto de sociedad diferente. Un proyecto que no sea de subsistencia, sino uno de progreso y mejora de las condiciones materiales para la mayoría de la población.
