La guerra política de la lucha libre por la Gestapo de Trump

WWE y AEW no sólo compiten por ser la mejor empresa de pancracio del mundo, sino que también buscan imponer su brújula política en medio de un conflicto que escala cada vez más en la creciente tensión en Estados Unidos.

03 de marzo, 2026 | 17.03

La polarización política que atraviesa a todos los habitantes del mundo, sean conscientes estos de ello o no, ancla sus raíces en ejes centrales para la sociedad como lo puede ser el trabajo o la economía. Pero también, la delicada coyuntura alcanza rincones como los hobbies. Las películas suelen ser espejos de cómo se proyecta una región hacia el mundo y pueden ser utilizadas para estigmatizar o enaltecer. Lo mismo sucede con la música, cuyas melodías han llegado a ser la carátula de los movimientos más importantes de las últimas décadas. Y algo así sucede con la lucha libre.

Hoy las dos promotoras de lucha estadounidense más importantes son WWE, manejada por el conglomerado TKO, y AEW que es administrada por la familia Khan, dueña del Fulham de Inglaterra y los Jacksonville Jaguars de la NFL.

La competencia al principio era económica y deportiva, pero el último año comenzó a perfilarse también un roce político que cada vez cobra más relevancia. WWE antes de ser de TKO era de Vince McMahon, quien es amigo personal del actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump. El actual mandatario apoyó al proyecto luchístico de McMahon por décadas. El gesto más evidente fue cuando nombró a su esposa, Linda, como secretaria de educación. Cuando McMahon vendió WWE en medio de un escándalo de abuso sexual, quien tomó las riendas creativas fue su yerno Paul “Triple H” Levesque. El ex campeón de la empresa, ahora ejecutivo, también recibió el beneplácito de Trump cuando fue nombrado como miembro del Consejo Presidencial de Deportes.

WWE no es la única empresa que tiene el holding de TKO, sino que también es dueña de UFC. No es ningún secreto que la empresa líder de artes marciales mixtas se haya convertido en una plataforma de propaganda trumpista, que ha sido muy efectiva tanto en el público como en los propios peleadores. Sin embargo, cuando intentaron replicar lo mismo en WWE, TKO chocó con una pared: los públicos objetivos de ambos deportes no son los mismos. Si el de las MMA está más perfilado a la derecha, el de la lucha libre suele orientarse en el espectro progresista.

Por su parte, AEW es la compañía que nuclea a los espectadores de centro-izquierda. Con referentes como Kenny Omega, Will Ospreay y Toni Storm. Los fanáticos han encontrado un refugio más “cómodo” políticamente que el que ofrece WWE.

Todos los caminos conducen a México

México es una de las mecas de la lucha libre, siendo las otras Estados Unidos y Japón. Al tener cercanía geográfica, es común que las empresas norteamericanas hayan intentado a lo largo de su historia tratar de captar al público azteca. Sin embargo, pasaba lo mismo que en Argentina cuando desembarcaba alguna marca berreta como Taco Bell o Pizza Hut: no funcionaba.

Pero en abril del año pasado WWE decidió cambiar su estrategia y en vez de tratar de llevarse al público de las empresas mexicanas para su molino, decidió comprar la segunda compañía latina más importante: AAA. En su momento, esta promotora fue la modernización que el estilo mexicano necesitaba. El Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL), cuna de gladiadores como El Santo y Blue Demon, pasaba por un momento de estancamiento y los fans pedían a gritos algo distinto. Y fue del riñón del CMLL que surgió esta alternativa que dio a grandes referentes como Hijo del Santo, Eddie Guerrero y el más famoso de todos: Rey Mysterio Jr.

Fue una declaración de principios que rezaba “si no podés con ellos, cómpralos”. También representaba la materialización de un temor de varios guardianes de la lucha mexicana: la gentrificación de un baluarte cultural a manos del voraz capitalismo estadounidense. CMLL, en ese contexto, comenzó a publicitar sus eventos bajo el lema de “hogar de la verdadera lucha libre mexicana” y fortaleció su alianza con, adivinaron, AEW.

La interna de la lucha libre estadounidense penetró por completo en tierras aztecas. El producto antes latino, ahora abordado desde la idiosincrasia yankee contra el legado administrado por la familia Lutteroth, aquella que fundó el CMLL en los años 30. No sólo se trata de una batalla de productos, sino de ideologías.

Ice Ice Baby

Por eso no fue una sorpresa cuando en julio del año pasado, el luchador de AEW Brody King se hizo presente en la Arena México del CMLL con una remera que decía “eliminen al ICE”. Fue una reacción celebrada, pero no cobraría más relevancia hasta la represión que realizó Trump en Minnesota en febrero, que culminó con los asesinatos de Renée Good, Julio Cesar- Celis y Alex Pretti.

El 4 de ese mismo mes, en el show semanal que AEW emite por la TBS, Brody King se enfrentó al campeón de la empresa, Maxwell Jacob Friedman, y espontáneamente el público de Las Vegas comenzó a corear “al carajo ICE”. Fue una reacción que tomó por sorpresa al mainstream mediático estadounidense.

Semanas más tarde, en Australia, Brody King volvió a enfrentar a MJF y los espectadores volvieron a emitir la más maravillosa música de la lucha libre. Warner Brothers Discovery, la empresa dueña de TBS, no censuró los cánticos y hasta se vio cómo MJF buscó una excusa para prolongarlos.

Corrieron muchos rumores en esos días sobre cómo Warner buscó censurar a King e incluso traspasó la autoridad de Tony Khan, pero estos fueron más tarde desmentidos por periodistas que tenían acceso a fuentes de la empresa.

¿Qué opinan los que vivieron ese momento? Así lo dijo MJF: "Otra cosa genial de AEW es que nuestros fans tienen voz. Les digo, literalmente anoche estábamos en Las Vegas y empezaron un cántico de al carajo ICE. Ahora, no me importa de qué lado del espectro político estés: no hay otra promoción de lucha libre que no censure a los fanáticos, pero nosotros no hacemos eso. Somos la empresa que escucha. Así que, si todos los fans quieren cantar eso, vamos a dejar que lo canten. Creo que eso es, por naturaleza, muy genial e increíble, y creo que es lo que hace que mi empresa sea especial. No censuramos a los fans, y eso está bueno."

Por su parte, WWE ha evitado que sus superestrellas se manifiesten en contra de ICE. Por ejemplo, una de sus mayores estrellas, Becky Lynch, aprovechó un día que había tormenta de nieve para hablar de cómo no le gustaba “el hielo” porque lastimaba a la gente.

“El tour del nuevo rostro mundial de la justicia continúa y es simplemente asqueroso… ¡Es asqueroso esto por aquí! Está lleno todo de nieve, hay un montón de HIELO (ICE). No me gusta el hielo (ICE). ¡Odio el hielo (ICE)! De hecho, es muy peligroso y hace daño a la gente”.

O sea, WWE no permite que sus estrellas se pronuncien sobre problemáticas sociales de su propio país por los obvios lazos que mantiene la cúpula de TKO con la gestión de Trump.

¿Y AHORA?

La alianza de CMLL con AEW también trajo muchas críticas que también giran en torno a la gentrificación del producto. Por ejemplo, recientemente CMLL anunció que cambiaba las reglas de una de sus clásicas luchas por equipos, lo cual fue objeto de críticas por un sector de puristas argumentando que se cambiaba el producto para que fuera más fácil de consumir por los espectadores norteamericanos.

Dos empresas estadounidenses han logrado llevar su conflicto más allá de las fronteras de su país y han incluso forjado alianzas con promotoras no sólo de México, sino de Japón. Parece más el formato de una guerra que el de un circuito de entretenimiento. Pero como en toda burbuja, llega un momento en el que revienta de afuera para adentro.

Las franquicias deportivas, sobre todo las estadounidenses, no son partidarias de posicionarse políticamente porque los inversores, dicho en criollo, no quieren quedar pegados. Entrevistas coacheadas, manifestaciones políticas sutiles a niveles risibles mientras que las cúpulas se permiten hacer todo lo contrario son el pan de cada día de aquellos que añoran que los atletas se involucren en la coyuntura.

¿Pero hasta qué punto la burbuja puede permanecer intacta? Ahora hay rumores de que puede llegar a desatarse una guerra entre Estados Unidos e Irán. Los archivos Epstein poco a poco comienzan a cortar cabezas en Europa y hay un fuerte descontento con la política migratoria gracias a la brutal represión de ICE. El público de la lucha libre no deja de estar compuesto por personas, muchas de las cuales no son para nada receptivas de las políticas de Trump.

En la lucha libre, cuando alguien hace algo que rompe con la ficción adrede se dice que hizo un “shoot”. Quizás, la realidad esté más que lista para hacerle eso a la burbuja del entretenimiento deportivo.