Tamara Paganini: "Si pudiera retroceder en el tiempo, jamás me hubiese anotado en Gran Hermano"

A 20 años de ser la primera subcampeona de Gran Hermano, Tamara Paganini dialogó con El Destape sobre el reality que le cambió la vida y sobre El Reñidero, obra que actualmente protagoniza en el Teatro Empire.

11 de abril, 2021 | 10.35

Si bien Tamara Paganini deja en claro que no se siente feminista, durante toda su trayectoria -que alcanzó un punto altísimo de popularidad tras su participación en el reality de Telefe, Gran Hermano- lidió con la prepotencia machista de varones conductores y periodistas de farándula que opinaron de su vida sin siquiera tomarse el tiempo de conocerla. En diálogo con El Destape, Paganini reflexiona en torno al pasado y presente, que la tiene como una de las protagonistas de El Reñidero en la imponente sala del Teatro Empire (Hipólito Yrigoyen 1934).  

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- De la comedia con Gerardo Sofovich a protagonizar la clásica El Reñidero hay un largo camino, ¿cómo llegás a esta propuesta?

No pensé que iba a ser tan difícil ni me esperaba que me costara tanto. Llegué a estar un poco frustrada porque sentía que no iba a salirme. Es más fácil actuar en una novela con carácter naturalista. Acá estamos hablando de una obra situada entre 1920 y 1930. Necesité mucha ayuda de Antonio Leiva (el director) para componer a Nélida, una mujer muy fuerte que no puede hacer todo lo que quiere por el machismo de la época, los malos tratos y la desvalorización. Quiero remarcar que en ese momento las mujeres no tenían ni voz ni voto.

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- ¿Cómo conociste a Sofovich?

A Gerardo le llegaron comentarios de que trabajaba muy bien en comedias. Cuando recibí su llamado para entrar por María Eugenia Ritó, en un espectáculo con el Negro Álvarez, yo estaba en Carlos Paz trabajando junto a René Bertrand. Aunque vivía en Córdoba, me vine para Buenos Aires siguiendo el amor de un chico porteño. Al principio tuve miedo de trabajar con Sofovich: me vencían los prejuicios que lo tildaban como un chabón que si no le hacías favores sexuales te hacía la vida imposible o no te daba buenos roles en las obras.

- Pasa que sus programas estaban cargados de imágenes de sexualización femenina.

El mundo era así. Marcelo Tinelli era así. Olmedo y Porcel también. Nito Artaza. Todos. Voy a ser franca, no me considero muy feminista pero sí creo que cada mujer tiene que hacerse respetar. No siento que haya que salir a revolear una teta al Congreso para hacerlo. Cuando Tinelli me quiso cortar la pollera en el 2000 fui la única mujer que le paró la mano y le dijo que no. En ese momento me bardearon todas las mujeres, “¿quién te creés que sos?” me decían. Tinelli llegó a llamarme boba. Muchas compañeras fueron hipócritas conmigo. Opinaban sin saber un carajo sobre mi vida.

- Por lo menos hoy la situación es diferente.

Es verdad. Las cosas están cambiando lentamente, aunque siento que a veces todo confluye en quejas y denuncias. No veo cambios de raíz. Creo que todos cargamos una violencia que nos torna impredecibles y que excede la cuestión de machismos y género. En este momento estamos asustados, permanentemente a la defensiva, y en situaciones límites podemos volvernos peligrosos. No hay mucho cariño por el otro, se lo ve como un enemigo y no como un hermano.

 - ¿Siempre quisiste ser actriz?

Tuve que actuar porque no me quedaba otra y no podía conseguir un trabajo normal. Empecé a tener mucha hambre y salí a rebuscármela. Radio, televisión, teatro, revista, todo lo que tuviera que ver con el medio. Acepté un papel con René Bertrand en Carlos Paz, en una suplencia de un rol protagónico, y de pronto trabajaba al lado de Raúl Taibo. No entendía nada. Las risas sinceras de la gente durante las funciones me llevaron a un lugar de éxtasis artístico y caí en la cuenta de que cuenta jamás iba a dejar de actuar. Es indescriptible la sensación. En el aplauso final, el actor puede leer si a la platea le gustó o no la obra. Y hasta ahora, en las funciones de El Reñidero, los aplausos han sido gratificantes.

- Gran Hermano te dio fama y popularidad cuando no era algo que buscaras, ¿volverías a participar en un reality o es un capítulo que ya cerraste?

Cerré el capítulo que viví hace 20 años. Si ahora tuviese que entrar a un reality me daría lo mismo. Sé que no me va a dañar. Creo que no haber buscado la fama fue lo que me hizo sufrir tanto, yo solo quería comprarles una casa a mis viejos. De hecho, a Gran Hermano se anotó mi novio. Yo lo acompañaba a los castings y poco a poco lograron cautivarme. Cuando se dieron cuenta de que estaba enganchada dejaron de llamarlo a él. Fue pura casualidad. Si hubiese buscado la fama, habría capitalizado mejor todo lo que pasó.

Si bien pude sanar todo el pánico vivido en base a terapia y pastillas, si pudiera retroceder en el tiempo jamás me hubiese anotado en Gran Hermano. Si miro para atrás, no le hubiese deseado a esa chica pasar por una experiencia tan horrible y dolorosa.   Por suerte, ahora estoy con nuevos proyectos. Voy a arrancar un programa de radio y me contactaron para hacer una película sobre todo lo que pasó en Gran Hermano.

- ¿Podés adelantar más detalles sobre la película?

Solo que la primera oferta que recibí de esta persona en cuestión fue en 2005, cuando no quería saber nada con mi imagen mediática. Que mi cara saliese en la televisión implicaba que no podía salir a hacer las compras. Me pasaron las cosas más insólitas del mundo: tenía que encerrarme en locales porque decenas de personas me acosaban, me perseguían. Situaciones que uno creería que solo le pasan a los grandes ídolos: Maradona, Madonna.

Después quedamos en juntarnos para afinar más detalles, pero nunca pudimos coordinar el encuentro. En ese entonces salía con un hombre que tenía graves problemas de celos –demasiado graves- y opté por dejar el contacto con esta persona para no perjudicar la relación. Finalmente, y luego de muchos años, retomamos esa charla trunca.

- Tras rememorar tu paso por Gran Hermano, ¿qué análisis hacés de la violencia televisada como entretenimiento familiar?

Gran Hermano era un experimento y nosotros fuimos hamsters. Todo muy maquiavélico: hamsters encerrados, a los que seducían con comida para luego electrocutarlos.

- Violencia tácita que Telefe vendió como programa del año y con la que varios periodistas de espectáculos te hicieron daño. ¿Te tocó volverte a cruzar con alguno?

Unos años después de Gran Hermano Jorge Rial me llamó para que trabaje con él. Recuerdo que cuando atendí le dije “no te voy a servir. No me veo hablando mal de la vida de los demás”. Pese a la negativa, Jorge insistió en que nos juntáramos para charlar la propuesta y así lo hicimos. Mientras tomábamos un café nos dimos cuenta de que yo tenía razón. A Tinelli también lo vi después. Le gané el auto en un juego de básquet. 

- ¿Y te lo dieron o fue todo una ‘jodita para VideoMatch’?

No (risas). Hay tantos que insinuaron cosas de mí, me ensuciaron. Los periodistas tuvieron un pésimo trato. El mayor aprendizaje que hice fue que me empezaran a chupar un huevo. Hoy podría sentarme a tomar una cerveza con Tinelli o Rial. No soy rencorosa pero no me olvido de la maldad que llevan adentro. Si en algún momento me sirve tomar algo de ellos, lo voy a hacer. Ellos tomaron tanto de mí sin pedirme siquiera permiso.

- El periodismo de farándula y chimentos es carnicero.

Y recién te das cuenta cuando ya dañaron a tu pareja, familia, tíos, hijos y sobrinos. Se arma una bola de malestar y sufrimiento perfecta con la que se alimentan. Una vez hablamos de esto con Ventura (Luis), cuando ambos trabajábamos junto a Ricardo Fort en Fortuna. Me daba mucha intriga saber si los periodistas de espectáculos no se daban realmente cuenta de todo el daño que hacían. Después de charlar un rato, Ventura me pidió disculpas y me dijo “no imaginé que te iban a afectar tanto  mis palabras”. Con el tiempo me di cuenta que esa charla le chupo un huevo porque siguió haciendo lo mismo.

- Hablemos de algo un poco más feliz. Lo mencionaste recién a Ricardo Fort, ¿cómo fue trabajar a su lado?

¡Qué experiencia intensa!  Ricardo tenía favoritos. Esos quizás podían pasarla bien a su lado. Era como un nene caprichoso. En una época fui su favorita, le habrá durado 20 días. ¡Madre mía! Me llamaba a las tres de la mañana para que vaya a bailar con él. Se enojaba muchísimo si faltabas a algún asado o reunión de ocio,  te hacía la cruz. Ricardo era una caricatura que logró que a pesar de toda la ostentación -con la que se prendía un pucho con un billete de cien dólares- la gente lo amase igual.

El Reñidero puede disfrutarse en el Teatro Empire (Hipólito Yrigoyen 1934) los días sábados a las 20.30 horas. La sala cuenta con estrictos protocolos sanitarios para cuidar la salud del público y de actores, actrices y personal del teatro. Las localidades pueden comprarse por Alternativa Teatral.

 

 

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