Norman Briski: "Los avances tecnológicos son más graves que el Covid"

El prolífico actor y director Norman Briski no para: a los 83 años reestrenó la obra de culto La conducta de los pajaros, terminó de filmar 9.81 -película hecha enteramente en pandemia- y se mantiene activo y con proyectos. 

07 de noviembre, 2021 | 00.05

La pandemia no detuvo a Norman Briski, prestigioso actor y dramaturgo que se encuentra más activo que nunca. Semanas atrás reestrenó la obra de culto La conducta de los pajaros en el Calibán, la sala que construyó en el barrio porteño de Monserrat, y, recientemente, terminó de fimar la película 9.81, basada en una obra de su autoría y rodada en pandemia. "Sigo viviendo para seguir jugando", remarca Briski en un diálogo con El Destape donde se cruza el cine, el teatro, la creación y las reflexiones socio políticas en torno al presente y el futuro.

- ¿Cómo decidiste a filmar una película en pleno aislamiento?

Nos juntamos con un grupo de amigos en pandemia y dijimos ‘hagamos algo’. De ahí salió la idea de hacer una película con una de mis obras de teatro, tengo como 30. Todos coincidimos en que 9.81 era la más ‘cinematografiable’ y que, en términos de producción y dinero, era la opción más viable. El primer tema que tomamos para el abordaje fue la seguridad. Filmamos dentro del estudio y afuera. Esta maldición (la pandemia) que nos da tanta tristeza y tantos muertos, también nos permite desarrollar la invención. Yo no hubiese filmado esta película de no haber sido por la pandemia. ¡Gracias a la pandemia, que me ha dado tanto!

- Fue una manera de rebelarte ante el coronavirus

Eso seguro. Siempre desde los cuidados que implica este período, el uso de barbijos, el alcohol en gel.

- La gravedad es uno de los ejes conceptuales más llamativos de la película. ¿Qué visión tenés de la conducta humana en relación a este concepto?

Estas leyes como la gravedad y, especialmente, la inercia, solo están conocidas por la ciencia. La gente no está teniendo conciencia que eso influye no solo en los órganos, sino en el humor. La inercia se da por negada. En Argentina, y esto lo puedo decir ya que estoy involucrado desde lo social, hay una cantidad de inercia hacia las cosas que han pasado y que siguen funcionando en el presente. Un buen ejemplo sería la situación que transitan los mapuches. De pronto, resucitó Roca. Ahí es cuando te asustás y decís, ‘¿qué está pasando acá?’.

- Hace poco trascendió la violenta publicidad del programa de Jorge Lanata al respecto.

Un espanto. Todo eso está en la inercia que, lamentablemente, sigue activa. Y no lo solucionaron en ningún Gobierno: ni Irigoyen, ni Perón, que son dos gestiones que podrían haber tenido cierta sensibilidad. Las cosas que se dicen entran en la gravedad de esa inercia. Es inaudito.

- Lo que también, en un principio, fue inaudito es el viraje que hizo la escena artística a la virtualidad, durante la pandemia. ¿Te costó adecuarte a la cultura del Zoom?

Las híper comunicaciones son un peligro. Cuando es tan accesible este juego perverso de la tecnología –que ha reemplazado a la ciencia- se produce un estado de incomunicación total. La ciencia se dedica a la tecnología. Es trágico saber que lo mismo que te da un celular nos pone una bomba atómica.

En relación a este tema yo quisiera investigar qué pasó con Madagascar, una isla paradisíaca y con grandes hoteles. Resulta que están todos enfermos de cáncer y se ha vuelto un infierno. Como el Infierno de Dante. Pero no lo quieren ilustrar porque si no se quedan sin negocio. Eso también es culpa de la tecnología, dibujar realidades inexistentes. No nos damos cuenta de esta devastación porque, encerrados con una pandemia encima, encontramos en la tecnología un refugio. A mi entender, los avances tecnológicos son mucho más graves que el Covid.

Sigo viviendo para seguir jugando

- Tenés una carrera de más de 60 años en cine, teatro y televisión. ¿Ves tu trayectoria en retrospectiva?, ¿hay algo que te haya quedado sin hacer?

En general soy de los que hacen únicamente aquello que los entusiasma. Pero sí, no tengo hecha una película que se llama Sumergible y hace como 30 años que la escribí. Nunca la pude hacer. Estuve cerca tres veces pero, por lo general, los que tenían que poner el capital nunca me caían bien. Por eso, decidí que si la hago voy será de manera autogestiva.

Volviendo a la retrospectiva, no tengo el recurso de analizar demasiado mi pasado. Sé que fue muy intenso,  lindo, aparentemente no tengo nada de qué arrepentirme, he tenido momentos de mucha plenitud y momentos re jodidos. Como tiene que ser. Sigo viviendo para seguir jugando.

- La Fiaca fue uno de los puntos de mayor alcance popular en teatro y cine, ¿esperabas ese reconocimiento?

Fue un éxito rutilante y muy popular, en términos de ir caminando por la calle y que te digan cosas lindas. Pero, también, por otro lado, fue un poco como un ‘¡ya está, basta!’. Otra vez aparece la inercia (risas) De las 88 películas que hice, La Fiaca fue la que más pegó en la gente. No siento que mantenga la gravedad ni la vigencia que tuvo durante su lanzamiento. Las preguntas que surgían con la historia eran: ¿qué quiero de la vida?, ¿quién soy?, ¿me voy a pasar todo el tiempo trabajando? Hoy cambió absolutamente toda esa perspectiva e imperan los ‘consígame trabajo’, ‘subsídieme algo’.

La paternidad en pandemia

- ¿Cuáles son los desafíos de ser papá de gemelas en esta etapa de la vida?

Soy lo que se considera un buen padre, por el tiempo que le puedo dedicar a mis hijas pequeñas. Con mi pareja estamos acostumbrados a trabajar adentro así que la pandemia no nos sorprendió tanto desde ese lado. Las que sí se llevaron el mayor impacto fueron mis gemelas, por las prohibiciones, no ir a la escuela de forma presencial, y todas esas cosas que bien sabemos. No tienen registro del peligro de este momento. Lo que cambia es la actividad afuera. Y eso amarga mucho.

La crianza es un proyecto que se encara de a dos, aún con nuestras limitaciones y conductas a la hora de encarar los roles varoniles y femeninos. El mayor laburo consiste en jugar. Si cumplís eso, no tenés problemas. Al fin y al cabo, es lo único necesario cuando sos chico.

  • 9.81, la película escrita y dirigida por Norman Briski se puede ver por Vimeo. Desde noviembre, los sábados a las 21 horas. se proyectará en su teatro Calibán, México 1428. Entrada: $ 300, Reservas: 4384-8163 / 4381-0521 o prensacaliban@gmail.com

 

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