Aníbal Troilo, el inolvidable "Pichuco", partió físicamente el 18 de mayo de 1975, pero su legado permanece intacto. Sus más de 450 grabaciones, marcadas por el sonido inconfundible y melancólico de su bandoneón, continúan siendo la banda sonora cotidiana de las ciudades argentinas.
Nacido el 11 de julio de 1914 en el barrio del Abasto, Troilo creció en un ambiente donde el tango no era solo música, sino una forma de entender la vida. Con apenas diez años, logró que su madre le comprara su primer instrumento, iniciando una historia de amor que lo llevaría a debutar un año después en un bar cercano al Mercado de Abasto.
Su consolidación llegó en julio de 1937, cuando presentó su orquesta típica en el legendario cabaret Marabú. Durante cuatro décadas, por su orquesta pasaron figuras fundacionales como Astor Piazzolla, quien fue su arreglador entre 1939 y 1944, y voces históricas como Edmundo Rivero y Francisco Fiorentino.
Como compositor, Troilo es pilar esencial del género, con obras maestras como Sur, Barrio de tango, Che bandoneón, La última curda y Desencuentro, muchas de ellas junto a poetas como Homero Manzi y Cátulo Castillo.
"Garúa… Solo y triste por la acera…". La frase nació de una noche de lluvia mientras Cadícamo caminaba a su casa.
La historia detrás de Garúa
Una de sus creaciones más queridas es Garúa, compuesta junto a Enrique Cadícamo. Cuentan los memoriosos que la obra nació durante un intervalo en una presentación de la orquesta. Pichuco, que tenía la melodía casi lista, llamó al letrista —que estaba entre el público— para mostrarle la idea. Se encerraron en un altillo usado como vestidor, donde Troilo comenzó a tararear la melodía con su bandoneón.
Al terminar la velada, Cadícamo caminaba hacia su casa bajo una fina lluvia, una garúa que le trajo la inspiración necesaria para la primera frase: "Garúa… Solo y triste por la acera…". Al día siguiente, le presentó la letra a Troilo, quien solo realizó una pequeña modificación musical para adaptarla a los versos. La primera grabación fue realizada por la orquesta de Pichuco con la voz de Francisco Fiorentino el 4 de agosto de 1943 para el sello RCA Victor.
Sin embargo, la historia de este tango no estaría completa sin su versión más emblemática. Fue el 9 de enero de 1962, también para el sello RCA Victor y con la orquesta de Troilo, cuando Roberto "el Polaco" Goyeneche tomó la pieza y, con su voz inconfundible y su manera única de decir el tango, la consagró definitivamente para la historia, sellando así el destino de una obra que, como la lluvia misma, sigue mojando el alma de Buenos Aires.
