En algún momento entre 1996 y 1997, en Buenos Aires, el escritor Aníbal Ford compartió una historia que parecía salida de una película. Frente a sus antiguos alumnos Sergio Wolf y Lorena Muñoz, les presentó la leyenda de Aída Elsa Ada Falcone, conocida como la “Emperatriz del tango”.
En 1942, cuando su carrera estaba en su punto más alto, Ada decidió desaparecer sin dejar rastro: vendió su mansión en Palermo, remató sus autos y se mudó con su madre a las sierras de Córdoba, con la promesa de no volver a ser fotografiada ni a hablar con hombres.
En ese entonces, Lorena y Sergio estaban en pareja y buscaban un proyecto para filmar. Inspirados por la historia de Ada, escribieron un guion de ficción que imaginaba su vida como un mito cinematográfico. Sin embargo, la realidad superó a la ficción. Un año después, un periodista amigo de Wolf les reveló que Ada no estaba muerta, sino que vivía en Córdoba. Esa revelación los impulsó a viajar hasta allí, con una cámara de 16 milímetros y la intención de encontrar a la cantante que había escapado del foco público por más de 40 años.
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En los años treinta, Ada Falcón no era una cantante más. Se había forjado una imagen sofisticada, inspirada en las vamps de Hollywood, con vestidos de seda y una ironía que incomodaba a la prensa. Exigía cantar en una pequeña sala exclusiva de Radio El Mundo, llamada la “sala Falcón”, donde permanecía oculta para el público. Su fobia hacia la exposición llegó al punto de grabar detrás de cortinas y separada de la orquesta.
Su relación con Francisco Canaro, el influyente director de orquesta y fundador de SADAIC, fue el motor de su carrera y también su caída. Fueron amantes durante una década, pero cuando Canaro decidió dejarla para casarse con una mujer más joven, Ada rompió el contrato de inmediato. En 1942 grabó sus últimas canciones, con títulos que parecían despedidas: Corazón encadenado y Viviré con tu recuerdo. Luego, el silencio.
El encuentro con Ada
El equipo de filmación, liderado por Wolf y Muñoz, recorrió la Ruta Nacional 9 hasta llegar a las sierras de Córdoba, donde Ada vivía en un convento franciscano. La búsqueda fue como una película negra, con la ayuda del historiador del tango Óscar Del Priore. Capturaron imágenes del entorno rural, con una atmósfera que evocaba clásicos del cine como Sunset Boulevard. Se prepararon para cualquier escena, incluso intentando filmar desde los árboles para obtener una mirada furtiva de la cantante.
Finalmente, el encuentro con Ada ocurrió en el hogar de ancianos San Camilo, donde ella tenía más de noventa años y visión en un solo ojo. Lorena llevó una réplica de la Virgen de Pompeya y una estatuilla del Sagrado Corazón de Jesús, objetos que Ada solía venerar. La emoción fue intensa: "Cuando la vi, no pude parar de llorar", confesó Muñoz. Para las entrevistas, cambiaron a una cámara digital portátil, menos invasiva para la intimidad del geriátrico.
Durante el rodaje, conectaron parlantes a la silla de ruedas de Ada para que escuchara sus grabaciones de hace setenta años, y proyectaron fragmentos de la película sonora Ídolos de la radio (1934), donde cantaba con Ignacio Corsini. En la sala, monjas y otras residentes observaron emocionadas cómo la Ada joven brillaba en la pantalla, mientras la Ada anciana miraba en silencio, susurrando: "Pobre Ada".
Wolf explicó que Ada se negó a hablar con periodistas de su generación porque "nosotros no pertenecíamos a su mundo". Ellos eran jóvenes que llegaban con respeto y sin rencores pasados. Sin embargo, cuando Wolf le preguntó si Canaro había sido el gran amor que justificaba medio siglo de aislamiento, la cantante respondió con un escueto "No recuerdo". La memoria de Ada eligió qué guardar y qué olvidar, en un delicado equilibrio entre enfermedad y voluntad.
Aída Elsa Ada Falcone falleció el 4 de enero de 2002 por causas relacionadas con arteriosclerosis, en el hogar de Molinari. No llegó a ver la película documental que llevó cinco años completar. Sus restos fueron enterrados en el cementerio de la Chacarita, muy cerca de la tumba de Francisco Canaro, en el panteón de SADAIC.
El documental Yo no sé qué me han hecho tus ojos se estrenó en 2003 en el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI), en un país que aún lidiaba con la crisis de 2001. La película tocó una fibra sensible: la búsqueda de identidad y memoria. Las salas de cine se llenaron, y el INCAA tuvo que renovar proyectores para responder a la demanda. La crítica destacó la obra, con reseñas que ayudaron a convertir a Ada en un tema público nuevamente.
En 2016, Sergio Wolf volvió con otro documental, Viviré con tu recuerdo, impulsado por el hallazgo de la filmación original en Super 16 milímetros de la entrevista con Ada. "Ada Falcón vuelve a mí sin necesidad de que la convoque", dijo el director, dejando claro que el misterio de su silencio seguía vivo.
La casa donde Ada vivió casi cuarenta años en Córdoba es un museo privado llamado "La Joyita", nombre con el que debutó siendo niña en Buenos Aires. Allí se conservan sus muebles, retratos y discos de pasta, testigos de una artista que quiso borrar su huella, pero que el tiempo y la memoria no dejaron desaparecer.
