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Yone tiene 32 años y eligió vivir en una casa perdida en las montañas con sus animales

Yone cambió la ciudad por una vivienda aislada rodeada de naturaleza y animales rescatados. ¿Vale la pena el sacrificio y la soledad para vivir en paz?

16 de octubre, 2026 | 20.33
Yone tiene 32 años y eligió vivir en una casa perdida en las montañas con sus animales

A los 32 años, Yone tomó una decisión que cambió por completo su vida: dejar atrás la ciudad para instalarse en una casa perdida en las montañas de Burgos, en España. Lo que la llevó a esta elección no fue solo el deseo de un cambio, sino también su amor por la tranquilidad y el contacto con la naturaleza, acompañado por los animales que rescató a lo largo de los años.

Desde chica, Yone sentía una conexión especial con los paisajes abiertos y el silencio que solo la naturaleza puede ofrecer. Por eso, cuando comenzó la búsqueda de su nuevo hogar, tenía muy claro que no quería limitarse a cuatro paredes, sino encontrar un lugar que le brindara libertad y paz, tal como contó en el canal de YouTube de hilux_aventura.

¿Cuánto cuesta comprar una casa aislada en las montañas de España?

Su primera idea era mudarse a otro pueblo, pero los precios y las características de las casas no encajaban con su presupuesto ni con lo que buscaba. Finalmente, la oportunidad apareció en las montañas de Burgos, donde encontró una propiedad que, aunque no perfecta, le ofrecía ese entorno soñado.

La casa, construida en 1986, tenía un precio inicial de 85.000 euros, pero tras negociar, Yone logró comprarla por 70.000 euros. “Yo quería un sitio donde viva con muy poca gente y donde me pueda ir en pijama al monte. Entonces, más que la casa, pagué el entorno”, confesó.

La primera visita fue en enero de 2026, y tras meses de dudas y búsqueda, se mudó en abril de ese mismo año. Sin embargo, la mudanza solo fue el comienzo de un gran desafío. Desde el primer momento, Yone sintió que la casa tenía una energía especial. “La casa tiene magia, te llama, me estaba esperando”, aseguró, y detalles como el número, la calle y el nombre de la propiedad reforzaron esa sensación de destino.

Carcoma, humedad y ganas de vender: la dura realidad tras la mudanza a la montaña

Pero detrás del encanto inicial había una realidad complicada: la vivienda necesitaba una remodelación profunda. La vegetación había invadido el exterior y afectaba la estructura, mientras que dentro la carcoma dañaba la madera y las vigas requerían reparación. Además, aparecieron problemas de fontanería y otros desperfectos que no se habían detectado en la primera visita.

La joven española mostró cómo es su casa desde adentro (YouTube).

La situación fue tan dura que Yone pensó en vender la casa. “Tú te compras una casa que llevas muchísimo tiempo buscando y lo único que quieres es pintar y poner todo bonito… y te encuentras con un percal que madre mía, lo único que quieres es vender tu casa de nuevo”, relató.

Con el tiempo, su perspectiva cambió y lo que parecía un problema insuperable se transformó en un verdadero proyecto de vida. “Ahora han pasado varios meses y ya digo… bueno, pues igual sí que puedo vivir aquí”, reconoció.

Limites mentales y desconexión digital: el impacto emocional de vivir sin el ritmo de la ciudad

El cambio no fue solo físico, sino también emocional. Yone atravesó momentos de soledad, cansancio y dudas profundas. “Tengo 32 años. Llegar hasta aquí ha sido muy duro sentimentalmente y todo el camino, los límites mentales que te ponen hasta llegar hasta aquí”, explicó.

A pesar de las dificultades, la posibilidad de organizar su tiempo de otra manera y alejarse del ritmo frenético de la ciudad le brinda un bienestar que no cambiaría. “Viviendo en la naturaleza no estás como apagado, muerto y todo el día mirando el móvil”, reflexionó.

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