Muchos creerían que es normal que un perro bostece, sobre todo cuando se trata de un comportamiento de "descanso", pero cuando ocurre en momentos inesperados como durante una caricia o cuando viene una visita puede tener otro contexto detrás.
Si un perro bosteza mientras está tranquilo, después de dormir o durante un momento de descanso, se puede tratar de una transición entre el sueño y la vigilia, lo cual no presenta ninguna señal de preocupación. Si el bostezo aparece cuando estás nervioso. El bostezo también puede aparecer cuando el animal está nervioso o en una situación de tensión, en esos casos, los bostezos aparecen acompañados por otros gestos como lamerse el hocico o mover las orejas hacia atrás.
Cuáles son las señales que hay que detectar cuando un perro bosteza seguido
Si el bostezo de tu perro aparece junto a una de estas señales, puede indicar que no está cómodo con la situación. No quiere decir que esté asustado, pero sí que atraviesa cierta rigidez. Esto no significa necesariamente que esté asustado. Puede tratarse simplemente de una forma de responder ante una situación que le genera cierta tensión o incertidumbre.
Por otro lado, si el perro bosteza mientras recibe caricias los especialistas advierten que conviene observar el resto de su lenguaje corporal. Si tiene el cuerpo suelto, se acerca por su propia voluntad o tiene las orejas en una posición natural, probablemente esté cómodo. En cambio, si trata de alejarse o gira repetidamente la cabeza, el bostezo puede indicar que quiere tomar distancia.
Sin embargo no todos los bostezos están relacionados con emociones negativas, algunos bostezan cuando están muy excitados o cuando anticipan algo importante para ellos. Por ejemplo, antes de salir a pasear o cuando su dueño se prepara para irse de casa.
La recomendación principal de los veterinarios y expertos es, que además del bostezo, hay que observar la postura corporal, la posición de las orejas y la cola, la mirada y la distancia que mantiene con las personas que lo rodean. Si además de bostezar seguido pierde apetito, está decaído, parece tener dolor, tiene dificultades para respirar, vómitos o cambia su comportamiento habitual, es recomendable consultar con un veterinario.
