A orillas del río Uruguay, en Entre Ríos, existe un paisaje que parece reunir varias épocas en un mismo lugar. Palmeras centenarias, carpinchos, senderos y construcciones que sobrevivieron al paso del tiempo forman parte de un destino que hoy recibe turistas y contingentes escolares, pero que durante siglos tuvo una historia completamente diferente.
Se trata del Parque Nacional El Palmar, ubicado cerca de la localidad de Ubajay. Sus más de 8.000 hectáreas protegen uno de los ambientes naturales más singulares del país, aunque detrás de sus famosos palmares se esconde un pasado marcado por actividades productivas, una antigua estancia y las ruinas de un establecimiento que funcionó desde tiempos coloniales.
El secreto detrás de sus famosas palmeras
La gran imagen de El Palmar son, por supuesto, las palmeras yatay. Algunos de estos ejemplares tienen varios siglos de vida y pueden alcanzar alrededor de 18 metros de altura.
Hoy forman parte de un paisaje protegido, pero en el pasado los palmares ocupaban una superficie mucho más extensa en la región. La expansión de distintas actividades productivas puso en riesgo este ambiente y fue uno de los motivos que impulsó su conservación.
Entre los pastizales también viven numerosas especies de animales. Durante los recorridos es posible encontrarse con carpinchos, zorros, vizcachas, corzuelas, lagartos overos y una gran variedad de aves, además de atravesar sectores de humedales y selva en galería.
Pero hay una parte del parque que cambia por completo la experiencia. Cerca del río Uruguay se encuentra la Calera de Barquín, un antiguo conjunto de construcciones vinculado a la explotación de piedra caliza.
Allí se procesaba el material para obtener cal, utilizada en la construcción y también en el tratamiento de cueros. La actividad tiene antecedentes que se remontan al período colonial y, con el tiempo, el establecimiento fue reactivado por Manuel Antonio Barquín, cuyo apellido terminó dando nombre al lugar.
La producción tenía un destino estratégico: la cal era transportada por el río hacia Buenos Aires y Montevideo, ciudades que necesitaban materiales para acompañar su crecimiento. El complejo llegó a contar con depósitos, viviendas, sectores de trabajo y espacios destinados a actividades ganaderas.
De estancia productiva a parque nacional
Antes de convertirse en un área protegida, estas tierras atravesaron distintas etapas vinculadas con la producción y la ganadería. Parte del territorio perteneció a una estancia privada, en un contexto en el que la agricultura y el pastoreo avanzaban sobre los palmares naturales.
Finalmente, la necesidad de preservar este ecosistema llevó a la creación del Parque y Reserva Nacional El Palmar. La Ley 16.802 fue sancionada en 1965 y publicada oficialmente en enero de 1966. Lo que alguna vez fue un territorio dedicado a la explotación productiva se transformó así en un espacio de conservación, investigación y educación ambiental.
