La Medicina Tradicional China no solo es beneficiosa para la salud humana, sino también felina. El Tui-Na felino es una rama que adapta técnicas milenarias de masaje y digitopuntura para mejorar la calidad de vida de los gatos. Tui significa "empujar" y Na "agarrar"; justamente, estos son dos de las maniobras fundamentales de esta práctica que se remontan a la Dinastía Shang (alrededor del 1700 a. C.).
Pero a diferencia de un masaje relajante tradicional, el Tui-Na es una terapia manual que busca reequilibrar el flujo del Qi, es decir, la energía vital, a través de los meridianos del cuerpo del animal. Los especialistas trabajan mediante combinaciones de amasado suave (Rou), presión digital (An) sobre puntos de acupuntura específicos y deslizamientos a lo largo de la columna vertebral. De esta manera, se logra trabajar músculos, articulaciones y órganos internos sin la necesidad de utilizar agujas.
Todos los gatos pueden recibir el tratamiento, pero resulta especialmente beneficioso en aquellos que necesitan de fisioterapia. El Tui-Na ayuda a mitigar el dolor provocado por patologías crónicas como la artrosis y la rigidez articular, los cuales son sumamente frecuentes en los gatos de edad avanzada y que suelen limitar considerablemente su movilidad en el día a día.
Asimismo, esta técnica milenaria repercute positivamente en la salud emocional de los felinos. Gracias al estímulo táctil, se reduce notablemente los niveles de cortisol, la hormona del estrés, por lo que es una herramienta invaluable para calmar a gatos rescatados, animales con traumas previos o aquellos que atraviesan procesos complejos de adaptación y mudanza. Siguiendo esta línea, al estimular los meridianos corporales, se favorece directamente el tránsito intestinal y se potencia la circulación sanguínea y linfática, lo que fortalece el sistema inmunológico del animal.
Cómo practicar Tui-Na en gatos
Para practicar Tui-Na en gatos no solo hay que tener destreza sino, sobre todo, paciencia. Se aconseja que las sesiones sean breves, de entre 5 y 10 minutos, y avanzar siempre al ritmo del animal. Por ejemplo, si el gato mueve la cola de forma repentina, aplana las orejas o intenta retirarse, la sesión tiene que darse por terminada.
Al respecto, Patricia Paredes, médica veterinaria del equipo de Natural Life (M.P. 7387), remarca que nunca debe aplicarse la fuerza sino que, al contrario, este tipo de terapias deben ser administradas por profesionales capacitados en acupuntura o fisioterapia veterinaria.
