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Golpe a la industria nacional: una histórica marca de ropa entró en concurso de acreedores y responsabilizó a Milei

La compañía tiene más de cuatro décadas de presencia en el mercado argentino de indumentaria. Apuntan contra las importaciones y empresas como Temu y Shein.

23 de agosto, 2026 | 13.05
Local de ropa Javier Milei

Una histórica compañía con más de cuatro décadas en el mercado argentino de indumentaria entró en concurso preventivo tras poseer importantes deudas y desde la empresa apuntaron a las medidas del gobierno de Javier Milei y la crisis económica.

La firma IGT33 S.A., dueña de las marcas de indumentaria Rever Pass y Be Rebel, recurrió a la Justicia ante el deterioro de sus cuentas, con una fuerte caída de las ventas y pérdidas millonarias. La empresa, que emplea a más de 100 trabajadores y cuenta con una planta propia en Tigre, busca reestructurar sus deudas y reconvertir su modelo de negocio para competir con las importaciones.

El pedido de concurso preventivo busca evitar que las ejecuciones individuales de sus acreedores terminen paralizando la actividad y permitir una negociación ordenada de las obligaciones. El deterioro financiero se profundizó durante los últimos ejercicios, en paralelo con la retracción del consumo y el cambio en los hábitos de compra.

Caída de ventas y pérdidas millonarias

Los números presentados por IGT33 ante la Justicia muestran la magnitud del problema. Entre los ejercicios 2024 y 2025, las ventas cayeron de $15.475 millones a $11.814 millones en moneda constante, una disminución cercana al 24%. La ganancia bruta también sufrió un fuerte retroceso: pasó de $8.962 millones a $5.678 millones. Al mismo tiempo, los gastos de comercialización y administración llegaron a $8.567 millones y el resultado financiero aportó otros $1.200 millones negativos.

Como consecuencia, el ejercicio cerrado en noviembre de 2025 terminó con una pérdida de $4.365 millones, frente al rojo de $515 millones registrado durante el período anterior.

En su presentación judicial, la empresa atribuyó el deterioro a una combinación de factores. Entre ellos mencionó la caída del consumo de indumentaria, el incremento de las importaciones a través de plataformas digitales internacionales, el aumento de los costos de producción y el fuerte encarecimiento del crédito.

"Tuvimos que hacer un cambio de matriz, dejar de tener una matriz productiva para adaptarnos a una de producto importado", explicó Pablo Sonne, CEO de la compañía, al medio Infobae al describir la estrategia que intenta implementar la firma. Uno de los principales argumentos planteados por la empresa está relacionado con la competencia de plataformas como Shein y Temu, que venden directamente a consumidores argentinos desde el exterior y cuentan con estructuras de costos diferentes a las de las compañías locales.

La firma sostiene que las marcas nacionales deben afrontar alquileres, expensas, salarios, cargas sociales, impuestos y costos logísticos que no pesan de la misma manera sobre los operadores internacionales. "Empezás a ver que hay una invasión de plataformas internacionales. Se vuelve desequilibrante", sostuvo Sonne.

El cambio en las condiciones del mercado obligó a IGT33 a replantear su estructura. La compañía comenzó a cerrar locales considerados poco rentables, especialmente en shoppings y en la Costa Atlántica, donde los costos de alquiler, expensas y personal dificultaban sostener la operación. El objetivo ahora es combinar la producción nacional con la importación de prendas terminadas para reducir costos y ofrecer precios más competitivos.

El principal componente del pasivo es la deuda bancaria, que ronda los $3.276 millones. El Banco de la Nación Argentina concentra aproximadamente $2.264 millones, mientras que el Banco Provincia registra unos $866 millones. A esto se suman $975 millones de deuda fiscal y $1.725 millones correspondientes a obligaciones previsionales y compromisos laborales y sindicales, además de las deudas con proveedores.

Al 31 de mayo, la empresa tenía unos $262 millones en cheques diferidos entregados a proveedores. En paralelo, ya figuraban 65 cheques rechazados por más de $300 millones. Los incumplimientos generaron embargos sobre las cuentas de la compañía y aumentaron el riesgo de que la situación financiera terminara afectando directamente la continuidad de las operaciones.

La presentación judicial no implica el cierre de Rever Pass ni de Be Rebel. Por el contrario, la compañía sostiene que el objetivo del proceso es preservar la actividad y reorganizar el negocio para adaptarlo a las nuevas condiciones del mercado. La estrategia contempla una estructura más pequeña, una combinación entre producción local e importaciones y una mayor concentración en los canales considerados rentables.

La firma, que tiene más de 100 empleados, busca comenzar a importar.

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