Marco Lavagna le dio legitimidad durante casi 26 meses al gobierno de Javier Milei. El ahora renunciado titular del INDEC se fue sin dar explicaciones y se deduce que se cansó de poner la cara ante la postergación del nuevo índice que el FMI reclama y el gobierno promete aplicar desde septiembre pasado.
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La salida de Lavagna detonó una crisis imprevista en el gobierno porque afecta la confianza en la palabra de Milei, oculta el peso de los servicios en la canasta básica y pega en la línea de flotación de un experimento que tiene su suerte atada a una sola promesa, la baja de la inflación. Con 8 meses de suba en el IPC y una grieta que separa la inflación del supermercado de los números oficiales, cada vez es más difícil creerle a Milei. Aferrados a la canasta vieja, además, Milei y Luis Caputo pueden ajustar más y mejor sobre jubilaciones y salarios. Salvo su núcleo de incondicionales, todos los sectores políticos y económicos coinciden en que la credibilidad del presidente se ve resentida justo en el momento en el que se quedó sin excusas, después de haber renovado su capital político con la victoria legislativa de octubre.
Sin embargo, la salida de Lavagna no se limita a la confianza y las estadísticas. También muestra otro componente político: el costo cada vez más alto de lavarle la cara al gobierno de extrema derecha. En medio de un gabinete copado por Luis Caputo, Patricia Bullrich y Federico Sturzzeneger, el hijo del ex ministro de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner era un electrón loco, que usaba el crédito de su apellido para moverse como un cuentapropista de la política. Llegó a su cargo durante el gobierno de Alberto Fernández, en un momento en que Roberto Lavagna se mostraba cerca del Frente de Todos y hasta visitaba Olivos. Ligado durante más de una década a Sergio Massa, Marco no vio contradicción en pasar del peronismo a La Libertad Avanza. Sin antecedentes liberales ni libertarios, Lavagna chico optó como otros por priorizar sus propios intereses y desligarse de la suerte de la oposición. Así legitimó al gobierno de Milei en medio de un proceso de ajuste brutal, con una violenta transferencia de ingresos y una arquitectura legal hecha a pedir de los ganadores del modelo. No fue el único: algo similar hizo otro funcionario clave que también se inició junto a Lavagna, Leonardo Madcur, el ex jefe de asesores de Massa que hoy cobra en dólares y es el hombre de Milei ante el FMI.
La participación de Marco Lavagna en el gobierno libertario le impidió a su padre emitir opiniones sobre el plan Milei y el golpe de proporciones incalculables que hoy sufre la industria argentina. Su voz, respetada por muchos de los que rechazan al kirchnerismo, no se escuchó en medio del huracán Milei. Si Sonia Cavallo voló por los aires producto de las opiniones de su papá, Marco se mantuvo en su sillón durante más de dos años también gracias al silencio de su padre.
Quiso la casualidad o el destino que Lavagna junior se fuera del gobierno en medio de una ofensiva inédita de Milei contra Techint, un holding que tuvo siempre una fina sintonía con Roberto Lavagna. El vínculo del ex ministro era sobre todo con el histórico Sergio Einaudi, pero también tenía una veta familiar. Sergio, el hijo mayor de Lavagna y hermano de Marco, es ingeniero industrial y trabaja desde hace décadas en Tenaris.
El golpe a la credibilidad del gobierno en el arranque del siempre decisivo tercer año de gestión empieza a generar otras reacciones contrarias al proyecto de Milei. Empresarios que quedan obligados a defenderse como Rocca y Héctor Magnetto, voceros de las ideas liberales que critican la manipulación en el INDEC y sindicalistas que advierten lo oneroso que resulta sostener la venganza libertaria.
El mismo día en que Caputo decidió no admitir la inflación real y postergar el nuevo índice reapareció en escena Pablo Moyano. En el mundo sindical afirman que fue Hugo, su padre, el que dejó de lado las diferencias y le pidió que regresara para confrontar con el rumbo de gobierno, en medio del debate por la reforma laboral que quiere restringir el derecho a huelga, extender la jornada laboral y pulverizar las indemnizaciones. Moyano se mostró en sintonía con la corriente que promueven el metalúrgico Abel Furlán y el aceitero Daniel Yofra, un bloque de 85 gremios que se prepara para marchar en Santa Fe y Córdoba para reclamar a Maximiliano Pullaro y Martin Llaryora que rechacen la flexibilización. Es la expresión callejera de un movimiento que incluye el juego de pinzas que despliegan dentro del Congreso Sergio Palazzo y Héctor Daer.
Salvo los que ya se pintaron de violeta, los gobernadores no tienen mucho para ganar. Lo dejaron en claro Osvaldo Jaldo y Raúl Jalil, los gemelos que en Casa Rosada apodan el peronismo Ja-Ja, con su rechazo al defectuoso operativo seducción de Diego Santilli.
El viernes, la presión que ejerce los sindicatos más opositores a Milei se pondrá a prueba en la reunión del Consejo Directivo de la CGT. Los especialistas consideran muy probable que se convoque a una movilización para el miércoles 11 de febrero, pero advierten que sería una sorpresa si en ese encuentro se aprueba la convocatoria a un paro nacional. De ser así, habrá que ver si el nuevo triunvirato le imprime otro tono a la confrontación o reincide en una estrategia ya conocida: medidas de fuerza que no buscan confrontar con el rumbo de gobierno ni abonar un proceso opositor sino descomprimir la presión de los sectores más duros para volver a darle aire a Milei.
De acuerdo a los pronósticos dentro de la comandancia cegetista, una posibilidad sería que la poderosa Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT) lance una huelga total o parcial de actividades, que paralice el transporte y le otorgue a la semana de protestas otra fisonomía.
Con escaso ánimo de confrontar, Gerardo Martinez repite hace rato la misma frase. “Somos paseadores de perro. Mientras el perro esté vivo, lo podemos pasear, pero si se muere, no lo vamos a pasear más”, dice. El inoxidable dirigente sindical se refiere a las reuniones con gobernadores y legisladores en busca de frenar la ofensiva de Milei contra los derechos laborales. Los que lo escuchan, deducen que la puja con el gobierno tiene fecha de vencimiento, el día que se apruebe o rechace la reforma que impulsan Milei, Bullrich y Sturzenneger. Pero Martinez, que participó de la ficción del Consejo de Mayo y tiene una relación íntima con Rocca, también advierte que sostener a Milei cada día cuesta más caro. La caída del poder adquisitivo, la pérdida de puestos de trabajo y el sincericidio de Caputo, que solo quiere ocultar la inflación, obligan al colaboracionismo a recalcular.
