El INDEC anunció en un informe técnico del IPC de octubre pasado que, a partir de enero de este año, el índice se calcularía sobre la base de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2017/18. Esa actualización ya estaba lista: implicaba ponderar más los servicios públicos y menos alimentos y bebidas. En un contexto de nuevos tarifazos para recortar subsidios —con cuentas fiscales bajo presión por el estancamiento económico y la caída real de la recaudación— el efecto era previsible: la inflación mensual iba a subir, con un piso cercano al 3% al menos en el primer cuatrimestre.
Ese escenario era incompatible con el relato oficial de “desinflación acelerada” y con la fantasía de una inflación “con cero” desde julio-agosto, como llegó a pronosticar Milei. Por eso, la decisión política fue mandar al freezer el nuevo IPC. Y ese fue el punto de quiebre que terminó de exponer la crisis de credibilidad del INDEC de Milei.
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Marco Lavagna no es inocente
Lavagna convalidó el deterioro de la calidad de las estadísticas públicas, pero la decisión de Javier Milei y el ministro de Economía, Luis Caputo, de postergar la difusión del nuevo IPC fue un límite. Durante dos años avaló la farsa económica libertaria a partir de las cifras del INDEC. Sin embargo, congelar la renovada medición de la inflación —después de haber anunciado su presentación con el dato de enero— exigía un nivel de sumisión adicional.
Como apunté en un artículo anterior, el dispositivo de la derecha estuvo ignorando el escándalo estadístico bajo Milei, y ahora, en cierto modo, lo minimiza o relativiza. Al mismo tiempo, buena parte del universo heterodoxo —todavía traumatizado por la intervención del INDEC durante el gobierno de CFK— tiende a justificar, estrangulando criterios metodológicos, la cuestionable gestión de Lavagna al frente del organismo: funcionario designado en el gobierno de Alberto Fernández, funcional y alineado con las distorsiones del experimento liberal-libertario.
Marco Lavagna convalidó el deterioro de la calidad de las estadísticas públicas, pero la decisión de Javier Milei y el ministro de Economía, Luis Caputo, de postergar la difusión del nuevo IPC fue un límite.
La ficción estadística como propaganda
En los dos primeros años del gobierno de Javier Milei, las estadísticas oficiales sobre la evolución de variables económicas y sociales sensibles fueron utilizadas como instrumentos de propaganda política. Resultaron engañosas y estuvieron al servicio de mostrar algo que no estaba sucediendo, una distorsión que fue acompañada por el inmenso dispositivo de poder de la derecha (medios de comunicación, políticos, analistas, empresarios y la mayoría de los economistas de la city).
Lo cierto es que, en 24 meses del experimento económico liberal-libertario, la inflación fue más elevada, el salario real descendió más, la pobreza y la indigencia no retrocedieron tanto y el rebote económico no fue tan importante como se quiso instalar.
Subestimar deliberadamente la tasa de inflación tiene consecuencias directas: implica un aumento menor de los haberes jubilatorios. También distorsiona los ajustes de salarios, planes sociales, alquileres y los mecanismos de actualización de créditos bancarios y títulos públicos (ajuste por CER).
Inventario de irregularidades
En varios artículos, El Destape viene advirtiendo sobre la alteración de las estadísticas y, en especial, sobre el costo sociolaboral de un programa económico regresivo. En el más reciente detallé irregularidades en el INDEC bajo la gestión de Lavagna:
- Subestimación del Índice de Precios al Consumidor (IPC).
- Postergación de la publicación del nuevo IPC, aun cuando su actualización metodológica estaba anunciada y preparada.
- Distorsión, por arrastre, de indicadores sociales sensibles: pobreza, indigencia y salario real.
- Cambios en procedimientos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), base para medir pobreza e indigencia por ingresos.
- Retiros y renuncias polémicas de directores en áreas clave (Precios y Condiciones de Vida) sin explicaciones oficiales convincentes.
- Revisión del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) para evitar el registro de recesión.
- Reducción de personal, depresión salarial y recortes en el organigrama del Instituto.
- Cancelación de convenios de información con provincias para construir indicadores de turismo.
La farsa de la estabilidad de precios de Milei
La crisis de credibilidad del INDEC bajo Milei, ahora expuesta por el propio Presidente y su ministro de Economía al congelar la actualización del IPC, fue abordada en un reporte de la consultora PxQ, de Emmanuel Álvarez Agis. Es fácil suponer que la tasa de inflación de enero y de los meses siguientes, con el nuevo indicador, iba a mostrar variaciones superiores a las esperadas por la dupla Milei-Caputo. Y que, con eso, el relato de una inflación “con cero” desde el segundo semestre habría quedado rápidamente sepultado.
El informe recuerda que, según estándares internacionales, el IPC debe actualizar la metodología y los ponderadores cada cinco años para reflejar la estructura vigente de consumo de los hogares. “En Argentina, sin embargo, este proceso se vio postergado durante décadas, no solo por la erogación económica que implica la realización de estas encuestas sino, principalmente, por la inestabilidad y volatilidad macroeconómica y financiera recurrente”, señala.
En los dos últimos años, además, la postergación fue una decisión política: no exhibir una tasa de inflación más elevada. Existe una ENGHo correspondiente a 2017/18 que no llegó a incorporarse en el cálculo del IPC, que sigue basándose en la ENGHo 2004/05. Esta demora evita que el índice reflejara el reacomodamiento de precios relativos observado durante 2024, particularmente por los tarifazos en servicios públicos.
Esconder los tarifazos debajo de la alfombra del INDEC
El Gobierno anunció en octubre que, desde enero, el IPC pasaría a calcularse con la ENGHo 2017/18. Esa canasta otorga mayor peso a los servicios públicos y menor a alimentos y bebidas. Con nuevos aumentos tarifarios para bajar subsidios, y con una economía estancada que erosiona la recaudación real, la inflación mensual tenía un destino claro: subir.
PxQ calcula que, aún sin estar publicada la metodología completa del nuevo IPC, se pueden estimar ponderadores en función de la ENGHo 2017/18. Con esa base, la inflación de enero —a publicarse el martes 10 de febrero— habría dado +3,0%, por encima del 2,5% esperado por el Gobierno. Otras estimaciones privadas elevan el número a +3,4%.
El informe agrega un dato central: con la metodología basada en la ENGHo 2017/18, la inflación anual habría alcanzado +132,2%, frente al +117,8% informado por el INDEC para 2024, una brecha de +16,1 puntos porcentuales. En cambio, en 2025 ambas mediciones arrojan resultados prácticamente similares: ENGHo 2004/05: +31,5% y ENGHo 2017/18: +31,9%.
Tomando como base el período de Milei —es decir, con base noviembre 2023=100— la inflación acumulada bajo la metodología actual asciende a +259,4%, mientras que con la ENGHo 2017/18 se ubica en +275,6%, lo que implica una diferencia de +16,2 puntos porcentuales.
El índice de inflación “Conan”: una fantasía oficial
El economista Claudio Lozano planteó la siguiente pregunta: si la tendencia inflacionaria no se alteraba sustancialmente con la nueva metodología, si daba prácticamente lo mismo e incluso podía dar menos, ¿qué sentido tiene no usar una medición más adecuada a la realidad y seguir postergándola?
Añadió que varios indicadores —como el de ingresos de trabajadores no registrados, pobreza e incluso la evolución de salarios registrados a través de la EPH— vienen ofreciendo informaciones raras o poco consistentes. Y remarcó un punto clave: si la medición anual de 2024 con la nueva metodología arrojaba entre 13 y 16 puntos más que el índice vigente, eso altera la medición del poder adquisitivo de jubilaciones y salarios, además del nivel de la canasta de pobreza.
Concluyó que, si el kirchnerismo pagó caro la intervención del INDEC protagonizada por Guillermo Moreno, para un gobierno cuyo mito fundacional —y casi único factor de legitimación— es la lucha contra la inflación, comunicar a toda la sociedad que de aquí en más regirá un índice de fantasía, un índice “Conan” o dictado por “las fuerzas del Cielo”, le abre una crisis política.
El INDEC de Milei es una combinación explosiva
El CEPA había elaborado, hace unos meses, el informe “Controversias y cuestionamientos metodológicos en el INDEC bajo la presidencia de Javier Milei”, que hoy adquiere mayor relevancia. Entre las principales conclusiones del reporte se destacan:
- Entre la asunción del gobierno y mayo de 2025, el salario no registrado crece 27,2% real según el INDEC, desacoplándose del resto. El resultado está fuertemente influido por cambios en la EPH que mejoran la captación de ingresos no laborales (Tarjeta Alimentar, Progresar), sin que se explicite el impacto sobre la comparabilidad histórica. Esto afecta también la medición de la pobreza.
- El IPC mantiene ponderadores desactualizados pese a contar con la ENGHo 2017/18 y frente a los fuertes aumentos tarifarios del inicio de la actual administración, que no fueron captados adecuadamente por la estructura vigente. Con ponderadores actualizados, la inflación acumulada noviembre 2023/noviembre 2025 sería 288,2%, frente a 249,5% con la metodología vigente (+38,7 puntos porcentuales).
- En el indicador de actividad económica (EMAE), en septiembre de 2025, el INDEC aplicó revisiones inusualmente grandes en la serie desestacionalizada. El repunte de ese mes se explicó casi exclusivamente por la intermediación financiera, cuyo valor agregado —estimado a partir del spread de tasas— tiende a sobredimensionarse en contextos de tensión cambiaria, sin reflejar necesariamente mejoras en la economía real. Se infló el EMAE y permitió sostener la narrativa oficialista de ausencia de recesión.
El INDEC de Milei es una combinación explosiva: metodologías desactualizadas, demoras en corregirlas, desplazamientos de técnicos en áreas sensibles y revisiones retrospectivas de informes que, en lugar de explicar una economía peor, busca embellecerla.
La distorsión del IPC facilita la confusión sobre el derrumbe del consumo popular, la eliminación del empleo industrial, la caída del ingreso disponible de la mayoría y el recorte del gasto social. La subestimación del IPC opera como un factor neutralizador del desastre económico-sociolaboral que está provocando el programa de Milei. Si el termómetro se altera se modifica la lectura sobre la consistencia del plan, sus supuestos logros y sus costos reales.
