A una semana de las primarias, hay un solo tema que importa: la seguridad del acto electoral no está garantizada. Ni el Poder Ejecutivo, encargado, según la ley, de organizar el escrutinio provisorio; ni el fuero electoral, que por ahora ensaya algunas tibias advertencias, pero deja hacer; ni Smartmatic, la empresa de antecedentes turbios que se adjudicó en forma dudosa la responsabilidad; ninguno de ellos puede asegurar que no habrá irregularidades en ese primer recuento. 

La oposición, mientras tanto, se queja en voz no demasiado alta y por momentos da la sensación de que subestima el riesgo que afrontamos. El oficialismo, por su cuenta, hace mutis por el foro. Lo cierto es que por primera vez en la historia de la democracia moderna, nos acercamos a la fecha de un comicio sin la certeza de que el domingo por la noche o a más tardar en la madrugada del lunes se conocerán, más allá de toda duda razonable, los resultados del proceso electoral.

Cabe aclarar que lo que está en duda, en este caso, no es el resultado final de las elecciones, que se desprende del escrutinio definitivo, número que se conoce entre diez días y dos semanas después de las elecciones. Las sospechas pesan sobre el recuento provisorio, que es el insumo sobre el que la sociedad, con ayuda de los medios de comunicación, elabora la información vertida en las urnas durante la votación, designando ganadores y perdedores que después resulta difícil, acaso imposible, revertir.

Existe un antecedente inmediato y cercano, que no ayuda al gobierno a despejar dudas. Fue la celebración en las PASO de 2017 de un triunfo oficialista en la provincia de Buenos Aires que luego se demostraría falso. Todavía persisten dudas sobre aquel escrutinio provisorio. Finalmente, en octubre, sí se impuso Cambiemos. Es imposible e inútil especular sobre cuánto pesó en el resultado final ese festejo en la noche del domingo de primarias. No deja de ser una luz amarilla para la oposición, de cara a unos comicios aún más importantes.

Esta vez, a diferencia de 2017, las alarmas sonaron antes. La lista de irregularidades cometidas por el gobierno nacional y Smartmatic es tan extensa que no cabría en esta nota, y ya fue repasada en detalle en una extensa cobertura de El Destape. Basta destacar que la empresa nunca entregó el código fuente del software a la oposición para su control, a pesar de que estaba obligada a hacerlo 30 días antes de la elección; y que todos los simulacros realizados hasta ahora fallaron. La incertidumbre, a una semana de las PASO, es completa.

Si estamos ante un nuevo ejemplo de ineptitud o presenciamos la confección de un elaborado y complejo fake news de alcance nacional, planificado para neutralizar o aminorar el efecto de una derrota del oficialismo o para desconocer directamente el resultado de las urnas, a esta altura no resulta relevante de cara a lo prioritario: garantizar la transparencia del proceso electoral. Ya habrá tiempo para evaluar responsabilidades políticas y penales en este desastre. Hoy es imprescindible concentrarse en lo que suceda el domingo que viene.

Por ahora, la oposición no ha dado muestras de entender cabalmente el riesgo. Solamente el candidato a presidente Alberto Fernández advirtió, el domingo pasado, que “Smartmatic vino a hacer trampa”, pero el Frente que él representa no actuó en consecuencia a la gravedad de esa afirmación. Las presentaciones ante la justicia electoral son insuficientes, porque la ley determina que el escrutinio provisorio está en manos del Poder Ejecutivo. El Poder Ejecutivo, por su parte, no quiere o no puede dar respuestas satisfactorias.

Resulta imposible exagerar la importancia que tiene en un país libre que los ciudadanos confíen en su sistema electoral. Desde 1983, esa confianza nunca había sido puesta a prueba como ahora. Sería deseable que antes de la veda todos los candidatos opositores denunciaran, en conjunto, las irregularidades evidentes del mecanismo propuesto por el gobierno y Smartmatic, y que anuncien, por anticipado, que desconocerán las cifras que brinde este sistema, hasta tanto no sean refrendadas por el escrutinio definitivo. 

No se trata, a esta altura del partido, tan solo de cuidar los votos propios y velar por los intereses partidarios de cada cual. Es algo mucho más importante lo que está en discusión: la legitimidad misma del Estado que rige sobre nuestras vidas. En la transparencia absoluta del proceso electoral (y no en el resultado de esas elecciones, como sostuvo el presidente Mauricio Macri hace unos días) es donde se pondrá en juego, la semana que viene, la democracia que los argentinos supimos construir.