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El samba del trabajador: los barrios populares de Brasil se juegan todo en la elección

Entre el freno a la inflación, la eliminación de las apuestas y el temor al “tijeretazo” de la oposición, los barrios obreros de San Pablo viven la elección como un termómetro de su economía familiar: del consumo en cuotas a la lucha contra la precarización laboral.

02 de octubre, 2026 | 19.12

El barrio obrero Perus, en la periferia de la ciudad brasileña de San Pablo, está cruzado por el Trópico de Capricornio y, en lo político, está cruzado por el apoyo récord que registra elección tras elección Luiz Inácio Lula da Silva, fundador, líder del Partido de los Trabajadores y candidato a la reelección este domingo.

A una hora del centro de la ciudad más grande de Sudamérica, Perús —que significa pavos reales en español— es una suerte de hoya donde se mezclan barrios obreros con antiguas favelas urbanizadas y otras más precarias, que esperan una escritura por parte de la municipalidad.

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La elección, para la franja más pobre que gana menos de 1.000 dólares mensuales, es crucial para la economía familiar. Una victoria de Flávio Bolsonaro y su promesa de aplicar el “tesouraço” (tijeretazo) inspirado en el ajuste fiscal de Javier Milei en Argentina puede generar un efecto dominó en el consumo y en la economía de los que reciben salarios con paritarias, algún tipo de subsidio como Bolsa Família o los programas de acceso a las universidades públicas y privadas para los pobres y negros, una marca de los gobiernos de Lula.

En 2003, 2006 y 2022, Lula venció en Perus y en todos los principales y más populosos barrios periféricos de San Pablo, que en los años setenta y ochenta eran una suerte de miniciudades dormitorio. Para esta elección, ganar las periferias de las grandes ciudades es clave para que sea posible la reelección frente al senador Flávio Bolsonaro. Y, en este barrio en particular, Lula venció a Jair Bolsonaro en el balotaje de 2022 por el 63 por ciento de los votos.

Los problemas que se sufren aquí son los mismos que en el resto de los barrios brasileños promedio: aumento del costo de vida, empleos precarizados por una reforma laboral que legalizó el trabajo tercerizado o con factura en 2018, bajo el gobierno de Michel Temer, y el endeudamiento para comprar en cuotas algún electrodoméstico. Esto incluye el provocado por las apuestas deportivas, prohibidas por Lula desde el 25 de setiembre pasado, una medida aprobada por el 75% de la población.

De la lucha contra el hambre a la escala 6x1: las demandas de la clase trabajadora

“En estos barrios nosotros sufrimos mucho con el transporte público para llegar a los lugares de trabajo en la zona central. Y más si los trabajos están precarizados o en negro”, explicó a El Destape Lucila Regina, vecina de la comunidad Jardim de Paz, un conglomerado de casas de ladrillos naranjas cuyos habitantes buscan una escritura para tener la casa propia. Ella es empleada de un proyecto social para acercar el deporte y el arte a los niños de Perus y adelantó que votará a Lula, entre otros motivos, porque le atrae la propuesta de eliminar la jornada laboral 6x1 y reducirla a 40 horas semanales con dos francos.

"Necesitamos que se elimine la escala 6x1 porque hace falta descanso y contacto con nuestras familias. Parece que todo el mundo está mecanizado, pensando solo en ir a trabajar sin tiempo para hacer lo que le gusta, ver lo que pasa alrededor o lo que necesita el propio barrio”, contó Regina. Lo que más le reconoce a Lula es que la política de contención de precios de los alimentos permitió a Brasil salir del Mapa del Hambre de la ONU. “Es evidente que la calidad de vida nuestra mejoró respecto del anterior presidente”, sostuvo, en referencia a Bolsonaro padre, quien gobernó entre 2019 y 2022, y está actualmente preso, condenado a 27 años de prisión por intentar un golpe de Estado contra Lula.

Además, el gobierno de Lula logró la mejor estadística de la inflación de la historia brasileña. El IPCA (Índice Nacional de Precios al Consumidor) acumuló una inflación del 17,9% durante el tercer mandato de Lula (PT), desde enero de 2023 hasta agosto de 2026. Es la menor inflación en un mandato presidencial

Del hueso para la sopa al televisor en cuotas: el termómetro del consumo en el barrio

En las sinuosas calles de Perus hay un comercio vibrante. Casi todos se conocen, pese a que San Pablo es la ciudad más poblada de Brasil, con 12 millones de habitantes. Su estación de tren es la principal conexión con el centro de la urbe.

En la Avenida Pavão, Ailson de Silva Batista, de 60 años y habitante de la comunidad Recanto dos Humildes, abrió hace 8 años un minimercado. Ailson parece salido de Los Soprano, un hombre duro de los suburbios con boina de cuero negro que gesticula y sonríe para hablar de política y de economía: "Con el gobierno de Lula la vida del brasileño mejoró bastante. Antes la gente me compraba solo una docena de bananas y hoy llevan papas, cebolla y de todo gracias a la distribución de ingresos que hace el gobierno. Apenas asumió Lula, comenzó a notarse el aumento en las ventas, no solo en alimentos. Ves a la gente bajando del colectivo trayendo televisores comprados en el centro. A las casas humildes llegan camionetas de Casas Bahia, Shopee y Mercado Livre entregando productos en las casas porque el país está viviendo un aumento de poder de compra."

Varias personas compran en su minimercado. Sin changuito, apenas algo para el día a día. La caja carece de dinero en efectivo. Todo se hace por Pix, el sistema de pagos creado por el Banco Central de Brasil, que es universal y gratuito y uno de los motivos por los cuales Donald Trump ha lanzado su guerra comercial contra Brasil, argumentando que perjudica a banderas como MasterCard, Visa y American Express. "Me preocupa que si gana Flávio Bolsonaro volvamos a al casillero cero como en el gobierno de su padre, cuando había muchísima gente pidiendo en la calle porque no tenía qué comer y se veía en todas las ciudades del país cola de gente en las carnicerías buscando que le regalen los huesos para hacer sopa”, dijo Batista.

Batista, con una cruz plateada que le abre en dos el pecho, apoya a Lula porque en los años noventa participó de la crisis del cierre de industrias y se identificó con los movimientos de base de la iglesia católica. "Lula significa muchísimo para nosotros porque salió de nuestras mismas bases en 1980, de la Iglesia Católica, las asociaciones y los sindicatos. Sentimos que es como si fuéramos nosotros mismos los que estamos gobernando. Con los evangélicos convivimos bien, pero la política de Bolsonaro genera odio y hace que algunos evangélicos vean a los católicos o a quienes defienden a Lula como si fueran sus enemigos”, analizó.

Entre el templo y el comité: la batalla silenciosa por las nuevas generaciones

A una cuadra del supermercado, sobre la misma Avenida Pavão, se encuentra un minúsculo templo evangelista llamado “Iglesia Palabra de la Fe”. El líder del lugar tiene 27 años, viene del estado de Bahía y es el pastor Jefferson Oliveira. La iglesia es neopentecostal, la rama más extrema sobre la prosperidad y la donación de dinero a cambio de la redención celestial de la mano de la palabra de Jesús y del Viejo Testamento.

“Llevo 9 años al frente de mi ministerio neopentecostal, enfocado principalmente en la sanación y liberación espiritual en un barrio con fuertes carencias de vivienda, salud y empleo. El pueblo sufre mucho y sabe que una elección no va a cambiar su vida por completo, pero vota creyendo que el elegido le dará una luz al final del túnel”, dijo el pastor a El Destape.

La polémica por la iniciativa evangelista para que la Virgen Nossa Senhora de Aparecida deje de ser la patrona de Brasil -un país con una Constitución laica- también lo atravesó y a sus fieles, en su mayoría bolsonaristas: "El país se dividió mucho por las figuras políticas que aparecieron, pero en mi iglesia la gente no vota en bloque por Bolsonaro. Votan también por el partido antiguo (el PT) porque ya lleva mucho tiempo ahí. No criticamos a los símbolos como la Virgen de Aparecida porque acá no queremos los debates religiosos".

Una fiel de este templo evangelista es Cícera Maria da Silva, vecina que limpia el salón para el próximo culto como parte de sus trabajos de empleada doméstica. "Yo lo único que espero para el país son mejoras, pero no me meto en política: para mí tanto da uno como el otro”.

Al lado de esta iglesia evangelista —un local comercial reconvertido— se encuentra una pequeña casa donde funciona el comité regional del PT, donde cuatro militantes recortan adhesivos y preparan banderas para salir a hacer campaña por Lula. En Perus no hay ninguna referencia o propaganda vinculada a Bolsonaro. En cambio, sí hay carteles y banderas de los otros candidatos opositores.

“Ellos nunca vienen a estos barrios”, contó, no obstante, a El Destape Cícero del Vale, de 53 años, el presidente del directorio del PT en Perus, un trabajador del sindicato de los colectivos del estado de San Pablo, quien, como Lula, nació en el estado de Pernambuco, en el semiárido nordeste. El sindicalista abordó la brecha generacional de esta elección y explicó que Lula es visto por los jóvenes como alguien de 80 años y analógico en el sentido del mundo del trabajo.

"Los adultos mayores de mi generación recuerdan lo que pasamos antes de Lula y no quieren regresar al gobierno de Bolsonaro. Pero a los jóvenes cuesta más convencerlos porque no vivieron esa historia. A muchos jóvenes les atrae la ostentación de Bolsonaro con sus caravanas de motos y su cercanía con empresarios ricos, mientras tildan al PT de 'partido de pobres', olvidando que con Lula los hijos de obreros entraron a la universidad."

Movilidad social y memoria histórica: el choque entre la vieja guardia y la juventud precarizada

Vestido con una camiseta verde del Real Madrid, Hallen Caetano tiene una de las tiendas más grandes de Perus, una ferretería. Está desencantado con la política, no le gusta ni Lula ni Bolsonaro y se considera indeciso en la elección. “Entra la derecha o la izquierda y solo se entorpecen mutuamente. Si no trabajas por tu cuenta, el Gobierno no te ayuda en nada”. Sin embargo, admite que lo que más le impactó en los últimos tiempos, positivamente, fue la decisión de Lula de prohibir las apuestas deportivas y los casinos en línea. Es que, según él, la gente dejaba de arreglar sus casas porque se gastaba el dinero en apuestas, así como en otra época se la gastaba jugando al billar y tomando cachaça en algún bar hasta tarde.

Jamile Conceição Santos Soares nació en un paraíso turístico de Bahía, las playas de Ilheus, de donde escapó a los 16 años, embarazada y víctima de violencia de género por parte de su pareja. Ella logró sobrevivir con el plan social Bolsa Familia creado por Lula, pudo graduarse en la facultad gracias a una beca para cupos de afrodescendientes. Ella representaría un compendio de las políticas sociales del presidente, sobre todo porque sus hijas han logrado, también, ingresar a la facultad y dejar de ser empleadas domésticas. "Tengo miedo de que gane la oposición porque recuerdo cuando en la pandemia las empresas de alimentos vendían productos más chicos y más caros, subió sin control el aceite y el arroz, por ejemplo. Con Lula los precios bajaron y se puede respirar mejor”, comentó.

Los extremos de San Pablo conviven con uno de los cordones industriales más importantes del hemisferio sur. La inversión en el Gran San Pablo donde surgió Lula como líder sindical abre galpones, industrias, centros de tecnología y genera puestos de trabajo calificados. Ahora esos empleos de alta sofisticación son muchos menos en cantidad y sobran motos que reparten comida o Uber.

José Días es jubilado, tiene 77 años y trabajó en Votorantim, una cementera multinacional propiedad del magnate Antonio Ermirio De Moraes, considerado durante la segunda parte del siglo XX uno de los cerebros de la “burguesía nacional”.  Al lado de Teresa Rodrigues, una empleada doméstica jubilada, su vecina, hablan de las últimas encuestas. Ella dijo que trabajó para los ricos de San Pablo durante 50 años y que no quiere comentar a quién votará. Él, en cambio, dijo que defiende a Lula ante cualquier circunstancia: "Fui obrero en la industria del cemento en el Grupo Votorantim. Para los jubilados es fundamental que siga Lula porque es el único presidente de Brasil, junto con Getúlio Vargas, que realmente se interesó por el trabajador. La juventud hoy no quiere trabajo fijo, están desorientados los chicos. Para mí Bolsonaro es un pésimo líder porque todo lo que hace es prometer gobernar con los ricos y para los ricos”.

Los barrios periféricos que le dieron tres presidencias a Lula serán fundamentales para el conteo final de este domingo. Si lo hacen, existe una chance más que real de que el presidente logre su cuarto mandato y pueda convertirse en el líder definitivo de la historia de Brasil.

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