Los socialdemócratas de la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, se encaminaban hacia su peor resultado electoral en más de un siglo, mientras las preocupaciones en materia de inmigración y bienestar social eclipsaban el apoyo que recibió su postura desafiante hacia Washington en relación con Groenlandia.
En el poder desde 2019, Frederiksen, de 48 años, basó su campaña en la promesa de que sus habilidades de liderazgo, demostradas y contrastadas, ayudarían a este país nórdico de seis millones de habitantes a navegar por una relación compleja con el presidente estadounidense, Donald Trump, y la respuesta europea a la guerra de Rusia en Ucrania.
Sin embargo, el martes resultó castigada tanto por la izquierda como por la derecha de su país, donde la crisis del coste de la vida ha pasado a ocupar un lugar destacado entre las preocupaciones de los votantes, según los observadores.
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SE PREVÉ QUE LOS SOCIALDEMÓCRATAS OBTENGAN 38 ESCAÑOS
Se prevé que los socialdemócratas de Frederiksen, artífices del estado del bienestar danés que abarca toda la vida, obtengan 38 escaños en la asamblea legislativa, el Folketing, frente a los 50 de hace cuatro años.
Sus posibilidades de permanecer en el poder para un tercer mandato no se han esfumado, aunque las negociaciones para formar coalición podrían prolongarse durante semanas.
"Estoy preparada para asumir la responsabilidad", dijo a sus seguidores en el edificio del Parlamento, en el centro de Copenhague, a última hora de la noche. "Será difícil".
Frederiksen trató de restar importancia al descenso de la popularidad de su partido, que se produce ante una ola de sentimiento anti-Gobierno a nivel mundial y de varias crisis externas.
"Hemos tenido que lidiar con la guerra, hemos sido amenazados por el presidente estadounidense y, en esos casi siete años, hemos bajado cuatro puntos porcentuales; creo que está bien", afirmó.
El bloque de izquierda de Frederiksen obtendría 84 escaños en el Parlamento, una cámara de 179 asientos, frente a los 77 de los partidos de derecha, según mostraron las proyecciones de medios locales basadas en el 100% de los votos escrutados.
Muchos de sus seguidores de izquierda parecían frustrados con una política de inmigración que consideraban demasiado estricta, mientras que algunos de la derecha la veían demasiado blanda y poco fiable en asuntos económicos.
"Se encuentra entre la espada y la pared porque los resultados le son desfavorables", dijo Andreas Thyrring, socio de la consultora de asuntos públicos Ulveman & Borsting.
En Bruselas, Frederiksen es muy respetada por su postura clara respecto a Groenlandia y por sus esfuerzos por aumentar el gasto en defensa de Dinamarca a raíz del conflicto de Ucrania. Sin embargo, algunos consideran que su estilo de negociación es abrasivo y muchos daneses buscaban un cambio.
La votación también fue seguida de cerca en Groenlandia, donde muchos esperaban que fuera una oportunidad para que el territorio aprovechara el deseo sin precedentes de Trump de ejercer control sobre la isla ártica para arrancar concesiones a su antigua potencia colonial en Copenhague.
LA POLÍTICA MIGRATORIA EN EL PUNTO DE MIRA
Subrayando la amplia reacción contra Frederiksen, el apoyo al Partido Popular Danés, antiinmigración y liderado por Morten Messerschmidt, se disparó hasta el 9,1% con todos los votos escrutados, según la cadena pública DR, lo que supone un aumento de casi 7 puntos porcentuales en comparación con las últimas elecciones.
Messerschmidt había hecho campaña con la promesa de garantizar una migración neta cero de musulmanes y de abolir los impuestos sobre la gasolina como medida para aliviar el coste de la vida.
"El hecho de que el Partido Popular Danés haya triplicado ahora su apoyo demuestra claramente que los daneses están hartos de esto y que hay muchísima gente que quiere un rumbo diferente para Dinamarca", declaró Messerschmidt tras la publicación de las encuestas a pie de urna.
El partido Moderados, no alineado, de Lars Løkke Rasmussen podría tener la clave para la próxima coalición de gobierno, según algunos observadores, y el ministro de Asuntos Exteriores saliente pidió a Frederiksen que abandonara sus propuestas de un impuesto sobre el patrimonio.
"No hay una mayoría de extrema izquierda a nuestra izquierda, ni una mayoría de extrema derecha a nuestra derecha", dijo Rasmussen en la fiesta electoral de su partido celebrada en Copenhague.
Con información de Reuters
