Una particular forma de analizar el cine, a través de Raoul Walsh, en el San Martín

14 de junio, 2022 | 13.13

“No existen treinta y seis maneras de mostrar a un hombre que se sube a un caballo”, documental ensayo sobre el cine y sus formas de Nicolás Zukerfeld, se puede ver en seis funciones, a partir de este jueves, en la Sala Leopoldo Lugones del Complejo San Martín.

Zukerfeld, profesor de Historia del Cine, recordaba una frase que supuestamente estaba en un texto de Edgardo Cozarinsky, en el que citaba al realizador estadounidense Raoul Walsh (1887-1980) y su frase “No existen treinta y seis maneras de mostrar a un hombre que se sube a un caballo”. El realizador montó todas las escenas de las películas de Walsh donde alguien se subía a un equino para comprobar la tesis. Sin embargo, cuando fue a buscar la frase nuevamente, no la encontró, sino que su memoria le había jugado una mala pasada.

"No eran treinta y seis maneras de 'subirse a un caballo' sino, de entrar a una habitación. ¿Por qué la recordaba mal? ¿Había sido dicha realmente así por Raoul Walsh? Ahí la película dio un giro y se convirtió en una película detectivesca. Una pesquisa un poco delirante para encontrar el origen de la frase", dijo el director a Télam.

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La cinta se puede ver el jueves 16, sábado 18 y domingo 19 a las 21 y el martes 21, miércoles 22 y jueves 23 de junio a las 18.

Télam: ¿Qué punto de vista creés que puede aportar tu película/investigación a la mirada sobre Walsh?

Nicolás Zukerfeld: Hay algo en el cine de Walsh que es la precisa mezcla entre emoción y movimiento. En ese sentido, tal vez sin planificarlo, el montaje muestra esas características. Hacer visible lo invisible. La idea era que emergiera el arte del disimulo, no para revelar sus trucos, sino para exponer lo extraordinario de sus pases de magia. Al mismo tiempo, y más allá de Walsh, creo que esta película es un intento (quizás fallido) de ahondar en el misterio del cine clásico. Es decir, algo que se puede explicar en una clase, dibujar en un gráfico, periodizar si se quiere, pero que, a fin de cuentas, tiene algo muy difícil, complejo y sí, inexplicable. Cuando a John Ford le preguntaron "¿Cómo hizo esa película?" Ford respondió: "Con una cámara". Hay algo ahí de "ir al grano", de lo directo y concreto, pero al mismo tiempo muy poético. Y esa poética es parte del estilo.

T: ¿Creés que el cine tiene algún límite -narrativo, formal- o que se puede hacer sin tener en cuenta la posibilidad de ellos?

NZ: Volviendo a John Ford: cuando él dijo "Soy John Ford, hago westerns", más que marcar un límite (aquel que tradicionalmente se le atribuye a los géneros) estaba tomando al género como un terreno de prueba y experimentación. Y eso es lo que entendieron años más tarde los críticos y cineastas de Cahiers du Cinéma que conformaron la Nouvelle Vague. Más que "límite", me gusta más "resistencia". Cuando se filma (o se monta algo) hay cierto tipo de resistencias: materiales, concretas, éticas, formales. Hay obras que te imponen su propia resistencia (como una piedra o un mármol a un escultor) y otras que el artista se las impone/inventa para poder crear. Esto es algo que se da de manera más consciente o inconsciente, pero siempre están ahí, latiendo. Por ende, por supuesto que se puede crear sin tener en cuenta ese límite, pero si queremos que aquello que estamos haciendo (viendo, filmando, escribiendo) nos interpele de alguna manera, nuestra tarea es poder detectar esas resistencias. Tarea difícil. Difícil y también divertida.

Con información de Télam

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