El aumento de la informalidad laboral genera alarma, pero no sólo por el dato en sí mismo. Además, conlleva una serie de efectos negativos en aspectos que van desde una baja en la recaudación, los aportes jubilatorios y el ingreso salarial a un aumento de la morosidad familiar.
Según reveló el Indec recientemente, la informalidad laboral creció 2,2 puntos en el primer trimestre de este año, alcanzando un nivel récord del 44,2%. La tendencia es preocupante. Mientras que la cantidad de empleos totales creció durante la era de Javier Milei en unos 180.000, la cantidad de empleos formales cayó en cerca de 340.000.
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El propio Federico Sturzenegger reconocía, hace unos meses, que la creación de cerca de 400.000 puestos de trabajo bajo este gobierno se componía de una caída del empleo formal junto con "un aumento de 630.000 puestos informales e independientes".
"¿Esto es bueno o no? Difícil de saber. Hay cambios en las modalidades de trabajo más flexibles (monotributo) y más tercerización (independientes). La Ley Bases facilitó mucho el monotributo que tiene una menor carga impositiva", señalaba el ministro de Desregulación en sus redes sociales.
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Aunque el Gobierno afirma que planea reducir este nivel mediante la reforma laboral aprobada en febrero, lo cierto es que la ley es ambigua en este sentido. Por un lado, crea el Régimen de Promoción del Empleo Registrado, que apunta al blanqueo de empleados en negro. Pero, por el otro, excluye a los trabajadores de plataformas de la Ley de Contratos de Trabajo, habilita la figura de los "trabajadores independientes" y permite el despido flexible mediante la creación del FAL.
El perjuicio para el Estado
Pese a lo que pregona Sturzenegger, la informalidad laboral, y su tendencia a la suba, genera una serie de perjuicios tanto para el Estado como para las propias personas.
Un claro perjuicio para el Estado es la caída en la recaudación. Según se desprende de los datos de ARCA, esta bajó un 5% en el primer semestre de 2026. Mientras que la mayor parte surge de un descenso en la recaudación del IVA, los ingresos por Seguridad Social crecieron un 27% interanual en entre enero y junio, lo que equivale a una caída real de entre 5 y 6 puntos.
De este modo, mediante la caída de las contribuciones patronales (además condonadas mediante el régimen del FAL) el Estado también se perjudica directamente a través de un vaciamiento del sistema jubilatorio, favoreciendo la insostenibilidad de la Anses. En otras palabras, la informalidad termina contribuyendo aún más a los haberes de miseria que reciben los jubilados y al congelamiento del bono en 70.000 pesos desde marzo de 2024.
El perjuicio para los trabajadores
En paralelo, la informalidad también genera evidentes perjuicios individuales para cada trabajador que la padece. Por un lado, una dimensión obvia es que inhabilita a los empleados a cobrar indemnizaciones una vez que son desvinculados.
A la vez, anula la posibilidad del cobro de horas extra. Según el Indec, la cantidad de horas trabajadas por los trabajadores registrados cayó un 1,7% interanual en el tercer trimestre de 2025, lo que permite inferir que también el pago de horas extra es cada vez menor. Una tendencia que se verá reafirmada por el "banco de horas" sancionado en la reforma laboral.
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Otro punto clave es la imposibilidad de acceder a una cobertura de salud por obra social. La cantidad de personas con cobertura de salud (que incluye tanto a obras sociales como a prepagas) cayó del 67,5% al 65,4% de la población entre el segundo semestre de 2023 y el segundo semestre de 2025, lo que implica 742.000 afiliados menos, detalló un informe del Instituto Argentina Grande.
El problema del aumento en la morosidad
Hay un último perjuicio para los propios trabajadores generado, de manera indirecta, por la creciente informalidad. Se trata de las cifras récord de morosidad en los créditos familiares, que se ubicó en un 12,7% en mayo para el sistema bancario tradicional, concatenando 19 subas mensuales consecutivas.
Lo curioso de este fenómeno es que, irónicamente, no se daría si el desempleo abierto (que también subió 2 puntos durante el gobierno de Milei) fuera todavía más alto.
El economista Federico Machado, del observatorio Open, explicó a El Destape que frente a los despidos "no sucede lo mismo que en los años '90, cuando esa masa de trabajadores iba directo al desempleo, sino que actualmente una parte se puede relocalizar en actividades más flexibles, pero que a su vez no garantizan ingreso de subsistencia. Entonces aparecen distintas formas de cubrir esa brecha de ingreso. Una es el multiempleo. Otra es el uso del crédito, que en el caso de un trabajador desocupado está mayormente vedado".
Se trata, agregó Machado, de trabajadores generalmente endeudados con billeteras virtuales por estar excluidos del acceso al crédito en el sistema bancario tradicional. Actualmente, la morosidad en este tipo de fintech supera el 30%.
Mariana González, economista de CIFRA, remarcó que el incremento de la morosidad en billeteras virtuales también se deriva de la "mayor financialización". Es decir, de personas que antes "se endeudaban en sistemas más informales (como prestamistas de barrio) y no aparecían en las estadísticas del Banco Central", pero ahora tienen el crédito al alcance del celular.
La dinámica del fenómeno surge de que, en la segunda mitad de 2024, mucha gente tomó créditos frente a la etapa de aumento de los salarios reales. Pero, luego, el atraso del salario real de la segunda mitad de 2025 hizo que aumente la proporción de créditos impagos, desarrolló Agustín Salvia, titular del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA.
Lo que también ocurre, agregó Salvia, es que como muchos de estos créditos se terminan sacando para gastos corrientes (y no para bienes durables), los trabajadores eligen dejar de pagarlos para priorizar otros consumos más esenciales.
