Los mismos CEOs de las empresas de inteligencia artificial (IA) que hablan de una revolución civilizatoria advierten que la humanidad está en peligro. La IA ocupa un lugar cada vez más importante en la disputa entre Estados Unidos y China. En ese escenario, además del debate sobre la supervivencia de los humanos y la nueva guerra fría entre dos superpotencias, su expansión abre una controversia sobre el futuro del trabajo. ¿Habrá más o menos empleos? ¿Quiénes capturarán el incremento de la productividad que promete la IA? ¿Esta transformación tecnológica aplicada a la producción y el empleo seguirá el recorrido de las anteriores o provocará un cambio más radical en las relaciones de poder?
Este debate, que hoy recorre organismos internacionales, empresas y el mundo sindical, exige partir de una certeza histórica. Los grandes cambios tecnológicos modifican las relaciones sociales y la organización del trabajo. La máquina de vapor alteró la velocidad de producción; la fábrica reorganizó la vida cotidiana alrededor de horarios y disciplinas; y la informatización cambió oficios enteros, entre otras transformaciones. La IA no será una excepción.
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Lo que todavía no se sabe es el alcance y profundidad de estos cambios. La capacidad de la IA de intervenir en tareas más o menos sofisticadas en terminos intelectuales cuestiona la seguridad de quienes suponían que un título universitario funcionaba como una garantía de ingresos seguros y de progreso en el mercado laboral.
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Según el índice publicado en 2025 por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), uno de cada cuatro trabajadores del mundo tiene una ocupación con algún grado de exposición a la IA. El documento “Inteligencia artificial generativa y empleo: un índice global refinado de exposición ocupacional” destaca que el 3,3% del empleo mundial se encuentra en la categoría de mayor exposición. Agrega que las tareas administrativas aparecen especialmente alcanzadas, con un impacto potencial desigual entre mujeres y varones por su distinta inserción laboral.
La OIT considera más probable que las ocupaciones se transformen en lugar de desaparecer. Pero la continuidad de una ocupación no garantiza la conservación de todos sus puestos porque si una empresa puede realizar con ocho personas lo que antes hacía con diez, la ocupación sigue existiendo y dos puestos descartar.
¿Quién se apropia de la mejora de la productividad?
Un estudio de Maxim Massenkoff y Peter McCrory, publicado por Anthropic en marzo de 2026, permite observar cómo el impacto puede manifestarse en la contratación antes que en el desempleo. En “Impacto de la IA en el mercado laboral: una nueva medida y evidencia preliminar”, esa dupla de investigadores no encontraron un aumento sistemático del desempleo entre los trabajadores estadounidenses de ocupaciones más expuestas desde finales de 2022. Sí identificaron evidencia preliminar de una menor contratación de jóvenes de entre 22 y 25 años en esas actividades.
La rápida difusión de la IA está generando numerosas investigaciones que miden y pronostican su impacto en los mercados laborales. Erik Brynjolfsson, Danielle Li y Lindsey Raymond estudiaron la introducción de un asistente de IA en atención al cliente. La versión publicada en 2025 de su investigación, “Generative AI at Work”, informa un aumento promedio del 15% en los casos resueltos por hora. Las mejoras fueron mayores entre los trabajadores menos experimentados y el resultado indica que la herramienta IA puede facilitar el acceso a conocimientos que antes exigían un aprendizaje prolongado, y también que libera tiempo para resolver situaciones complejas.
Sin embargo, el ahorro de tiempo no se convierte automáticamente en un aumento salarial ni en una jornada más corta. Por ahora, la empresa se está apropiando de toda la mejora si los trabajadores no participan de su distribución. Conservar el puesto, entonces, no alcanza para evaluar el resultado de la IA en el mercado laboral. El trabajador está pasando a atender más casos y recibir solamente los más difíciles, porque los sencillos quedaron automatizados.
Una cuestión de vida o muerte para los trabajadores
El informe de la Confederación Sindical Internacional “Inteligencia artificial y digitalización. Una cuestión de vida o muerte para los trabajadores”, publicado en abril de 2025, señala que la IA y otras tecnologías digitales pueden asociarse con daños físicos y psicosociales. El documento identifica sobrecarga cognitiva y lesiones, además de estrés vinculado con metas inalcanzables fijadas y vigiladas mediante algoritmos.
El argumento optimista sostiene que una mayor productividad puede abaratar servicios y ampliar su demanda. De ese modo, el crecimiento de la actividad podría compensar parte del trabajo ahorrado por unidad producida.
La dificultad comienza cuando esa posibilidad se vende como una ley económica. La demanda no crece por decreto tecnológico, puesto que necesita ingresos de la población. Si la mejora productiva se concentra en los propietarios mientras se deteriora la capacidad de consumo del resto, la expansión encuentra un límite.
Para países como la Argentina, la dependencia de proveedores tecnológicos extranjeros plantea un desafío para el desarrollo. Adoptar herramientas de IA puede mejorar la producción local y, al mismo tiempo, aumentar los pagos al exterior por servicios digitales. El lugar que ocupe el país dependerá también de su sistema científico y de la posibilidad de desarrollar aplicaciones vinculadas con sus necesidades.
El papel clave de los sindicatos
En otro informe, “Inteligencia artificial. ¿Cuáles son las implicaciones para los sindicatos?”, la Confederación Sindical Internacional reclama participación de los trabajadores en el despliegue y la regulación de estas tecnologías. Esa intervención permite discutir sus efectos sobre la calidad del empleo y los derechos laborales.
La negociación colectiva puede llevar esa discusión a decisiones concretas. Por casos, formación paga dentro de la jornada; participación antes de reorganizar puestos; derecho a cuestionar evaluaciones automatizadas; y una disputa salarial que incluya el tiempo ahorrado, con la reducción de la jornada sin pérdida de ingresos.
Las principales conclusiones del informe son las siguientes:
- Los sistemas de IA están acelerando la fragmentación y la intensificación del trabajo.
- Los sistemas algorítmicos se utilizan cada vez más para gestionar los horarios de trabajo, los salarios e incluso los despidos, a menudo sin transparencia ni rendición de cuentas.
- Estos sistemas se implementan con frecuencia sin consultar a los trabajadores, lo que socava los derechos laborales, aumenta los riesgos psicosociales y erosiona la privacidad.
- Aunque a menudo se promocionan como impulsoras de la eficiencia, la evidencia demuestra que dichas tecnologías distan mucho de ser perfectas y que las mejoras en la productividad con frecuencia se exageran.
- La inteligencia artificial está reforzando las desigualdades en el mercado laboral, ya que los trabajadores de menor calificación y las mujeres están más expuestos a los riesgos de la automatización.
- El desarrollo y el uso de la IA están creando condiciones laborales precarias, mal remuneradas y de alta intensidad para los trabajadores, especialmente en el sur global, que trabajan con estas tecnologías.
Cómo organizar la economía a partir de la IA
Luc Triangle, secretario general de la CSI, destacó: “El rápido desarrollo e implementación de la IA debe ir acompañado de una regulación adecuada, con la participación de los trabajadores en este proceso. La CSI exige que todos los gobiernos, empleadores e instituciones internacionales garanticen que los trabajadores y sus sindicatos desempeñen un papel central en la configuración del futuro del trabajo impulsado por la IA. Al asegurar que los sindicatos puedan participar activamente en la transformación digital, podemos crear un futuro del trabajo justo”.
La IA cambiará el trabajo, como lo hicieron otras grandes innovaciones. Puede hacerlo con una profundidad distinta, todavía imposible de establecer con precisión. Lo que no tiene nada de novedoso es la pretensión de presentar decisiones empresariales como destinos inevitables.
Si una sociedad puede producir lo que necesita en menos tiempo, tiene la posibilidad de vivir mejor. Convertir esa capacidad en desempleo para unos y sobrecarga para otros no es una exigencia de la inteligencia artificial; es una decisión sobre cómo organizar la economía y sobre quién tiene el poder para tomarla.
