A pocos días de su estreno, una nueva producción argentina se ganó la atención de todos y se convirtió en un fenómeno en Netflix. Se trata de Mis muertos tristes, una miniserie de 4 episodios basada en los cuentos de Mariana Enriquez, que ya se posicionó en el top Nº1 de las series más vistas del país, por encima de dos tanques internacionales que venian acaparando las preferencias.
Mercedes Morán, Dolores Fonzi y Alejandra Flechner son las protagonistas de esta novela basada en los cuentos de la escritora argentina y su propuesta combina drama y elementos sobrenaturales a partir de una mujer que convive desde pequeña con una capacidad especial, muy extraordinaria y a la vez perturbadora.
La producción de Fábula parte del universo literario de Enríquez para construir una historia nueva, en la que los fantasmas conviven con conflictos familiares, violencia social, duelo y memoria. Antes de su lanzamiento mundial, la ficción tuvo un paso destacado por el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, donde presentaron la película dentro de la Sección Oficial de su 74ª edición. Dirigida por el prestigioso cineasta chileno Pablo Larraín y producción de Juan de Dios Larraín y Ángela Poblete.
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La historia tiene como protagonista a Ema, una médica de 60 años recientemente jubilada que puede ver y escuchar a los muertos. Convive desde niña con esa capacidad, que no considera un poder sino una condición con la que aprendió a vivir. Su particular vínculo con las almas de quienes murieron violentamente consiste, sobre todo, en escucharlas, calmarlas y acompañarlas.
Pero la muerte de su madre y la llegada de su sobrina Julie modifican ese equilibrio. Julie también puede comunicarse con los muertos, aunque establece con ellos un vínculo mucho más intenso. Al mismo tiempo, el asesinato de tres adolescentes en el barrio Piedrabuena desencadena una serie de acontecimientos que comienza a borrar la frontera entre vivos y muertos.
Aunque la serie lleva el nombre de uno de los relatos de Enríquez, no se trata de una adaptación lineal. Larraín encontró en distintos cuentos de la autora un universo común y decidió entrelazar personajes, situaciones y elementos para construir una nueva narración. Además de Mis muertos tristes, la producción incorpora materiales de Julie, Un lugar soleado para gente sombría y Cuando hablábamos con los muertos.
