La historia de amor entre Luisana Lopilato y Michael Bublé es una de las más consolidadas del espectáculo internacional. Desde su primer encuentro en Buenos Aires en 2008 hasta su casamiento en 2011, la actriz argentina y el cantante canadiense han construido un hogar multicultural que tiene como eje absoluto la crianza de sus cuatro hijos: Noah, Elías, Vida y Cielo.
El primer hijo de la pareja, Noah, nació en agosto de 2013 y actualmente tiene 13 años; su llegada fortaleció a la familia, especialmente tras superar a muy corta edad un diagnóstico de cáncer que unió aún más a la pareja. Luego llegó Elías, de 10 años (nacido en enero de 2016), seguido por la primera hija mujer, Vida, de 8 años (nacida en julio de 2018). La familia se completó en agosto de 2022 con el nacimiento de la pequeña Cielo, quien hoy tiene 4 años.
La cotidianeidad de los Bublé-Lopilato transcurre entre Vancouver (Canadá) y Buenos Aires, combinando las extensas giras internacionales del músico con los proyectos actorales de Luisana. A pesar de los compromisos profesionales, la pareja mantiene una dinámica hogareña muy presente, donde el idioma español y las costumbres argentinas -como el mate, el asado y la música- conviven de manera natural con la cultura canadienses y el inglés, logrando que los cuatro niños sean completamente bilingües.
A la hora de la exposición pública, Luisana y Michael suelen mantener un perfil reservado respecto al rostro de sus hijos en redes sociales, priorizando resguardar su privacidad durante la infancia. Sin embargo, a través de sus publicaciones suelen compartir postales del día a día, festejos de cumpleaños y momentos en la intimidad de su casa, mostrando una crianza basada en el afecto, el juego y la compañía constante.
Los hijos de Luisana Lopilato y Michael Bublé van a una escuela pública
En cuanto a la escolarización de sus hijos, la pareja se inclinó por una opción fuertemente arraigada al origen de la familia: matricular a los cuatro chicos en el mismo colegio estatal de Vancouver al que acudió el músico en su niñez. Volver a caminar por las aulas de esa institución representa para el canadiense un viaje directo a su infancia, donde incluso vuelve a cruzarse con profesores que lo educaron a él décadas atrás y que todavía siguen en actividad.
La meta central de Luisana y Michael es garantizarles a los pequeños una cotidianeidad libre de estridencias y ligada a la vida real. Al asistir a un establecimiento público, los chicos comparten el aula a la par de sus pares, construyendo vínculos de manera simple y alejados del foco mediático que rodea la carrera de sus padres.
