Wall Street le dio la espalda a Mauricio Macri y se deshace de los bonos y las acciones argentinas ante el temor de que no pueda hacer frente a los enormes compromisos que asumió. El Gobierno generó todas las condiciones para que se arme esta nueva corrida cambiaria y ahora demostró que carece de las herramientas para contenerla.

El modelo de concentración de riqueza y reparto de ganancias multimillonarias entre los bancos, energéticas y el agro tocó su límite. Llamativamente, los primeros en darse cuenta fueron los inversores internacionales, que tenían una exposición alta a los activos argentinos por el exceso de confianza inicial a la administración del PRO.

La salida del mercado se dio en manada, lo que derrumbó las acciones hasta el 11% por segundo día consecutivo para las ADRs, en la Bolsa de Nueva York. El miércoles los bancos encabezaron las pérdidas, mientras que en esta jornada fueron las energéticas, pero secundadas por las entidades financieras.

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A la par, aceleraron la fuga de capitales dentro de las fronteras, lo que hoy hizo escalar $ 2,60 al dólar hasta los $ 47,50 en el Banco Nación, el que vende el billete más barato de la plaza.

Las consecuencias no se frenaron ahí. El riesgo país que mide la banca JP Morgan rompió la barrera psicológica de los 1.000 puntos básicos y llegó a los 1.012 pb. Por lo que, si Macri quisiera emitir un nuevo bono, debería entregar una tasa de interés en el orden del 11%.

Los seguros contra default para los inversores internacionales cotizan en un máximo de 1.347 pb, lo que indica la proyección que tienen sobre el futuro de la deuda argentina.

Todo esto fue generado por la bicicleta financiera del modelo macrista, que por naturaleza no es sustentable. La fuga de capitales es el pilar fundamental del PRO. Para financiarla, primero emitieron títulos públicos sin límite y, cuando Wall Street les cortó el chorro, acudieron casi desesperadamente al FMI. En los tres primeros años de Cambiemos, el Gobierno colocó U$S 172.000 millones, de acuerdo a la Fundación Germán Abdala. Pero en ningún momento se plantearon cómo generar los dólares para devolverlo.

La situación de hoy podría calmarse con una sólida participación de la autoridad monetaria. Pero además de las licitaciones diarias de U$S 60 millones del préstamo del FMI, el Banco Central no puede intervenir en el mercado hasta que el verde supere los $ 51. En ese caso sólo tiene la posibilidad de poner U$S 150 millones, una cifra insignificante para un mercado que transa U$S 1.000 millones por rueda.

Sin embargo, el presidente de la entidad, Guido Sandleris, tiene prohibido tomar cartas en el asunto por el acuerdo con el Fondo. Y, más aún, en lugar de robustecer al sistema financiero, decidió debilitarlo al permitirle a los bancos timbear el 100% de los depósitos (menos encajes) con las Leliq, lo que pone aún más en riesgo la estabilidad de las entidades ante un empeoramiento del sacudón que atravesamos.