La computación confidencial es una tecnología de ciberseguridad que protege los datos mientras están siendo procesados por un sistema informático. Su importancia crece con la expansión de la inteligencia artificial (IA) y los servicios en la nube, donde empresas de sectores como la banca, la salud y el gobierno necesitan resguardar información sensible. Según explicó un especialista de Intel a WIRED en Español, esta tecnología busca cubrir uno de los puntos más vulnerables de la seguridad digital: los datos en uso.
Raghuram Yeluri, tecnólogo sénior de Intel y responsable de parte de la estrategia de la compañía en este campo, señaló que proteger la información mientras es utilizada por el procesador (CPU) o el procesador gráfico (GPU) representa una frontera clave para la seguridad. A diferencia del cifrado tradicional, que protege los datos almacenados o transmitidos por una red, la computación confidencial también apunta a mantenerlos protegidos durante su procesamiento.
Cómo funciona la computación confidencial
Para explicar esta tecnología, Yeluri utiliza la comparación con una caja fuerte. En un espacio compartido, guardar un objeto en un armario no impide que otra persona lo encuentre. En cambio, una caja fuerte permite mantenerlo protegido mediante una llave. La computación confidencial aplica una lógica similar, pero a través de mecanismos de seguridad basados en hardware.
Esto resulta especialmente importante en los servicios de computación en la nube, donde distintos clientes comparten infraestructura y dependen de proveedores externos. La tecnología cifra los datos en la memoria y busca impedir que operadores o terceros accedan a ellos, los copien o los modifiquen mientras se ejecutan las tareas.
Además, permite proteger no solo información personal, sino también los modelos de inteligencia artificial que las empresas desarrollan con grandes inversiones. De esta manera, se reduce el riesgo de que terceros accedan a historiales médicos, datos bancarios o propiedad intelectual.
Qué soluciones desarrolla Intel
Intel trabaja desde hace años en distintas herramientas para implementar la computación confidencial. Entre ellas se encuentra SGX (Software Guard Extensions), que crea entornos protegidos dentro de los procesadores, aunque requiere adaptar las aplicaciones.
Otra tecnología es TDX (Trust Domain Extensions), diseñada para ejecutar aplicaciones existentes en máquinas virtuales o contenedores confidenciales sin necesidad de modificarlas. También forman parte de su propuesta Intel Trust Authority, un servicio de verificación, y TDX Connect, que busca extender las protecciones desde la CPU hacia las GPU y otros aceleradores.
La verificación es fundamental para comprobar que un sistema funciona realmente dentro de un entorno seguro. Mediante un proceso conocido como atestación, se puede validar la autenticidad del hardware, comprobar el código que se está ejecutando y verificar que se cumplan las políticas de seguridad establecidas.
El desafío de proteger a los agentes de IA
La computación confidencial también puede aportar herramientas de seguridad para los agentes de inteligencia artificial, sistemas capaces de ejecutar tareas de forma autónoma. Según Yeluri, permite establecer identidades verificables, registrar las acciones realizadas y comprobar que los agentes se conecten con las herramientas y los servidores adecuados.
Sin embargo, esta tecnología no resuelve todos los riesgos asociados con la IA. Su aporte consiste en ofrecer una base de protección y verificación para reducir vulnerabilidades en sistemas cada vez más complejos.
