El narcisismo llegó al cine de la mano de una historia de amor, humor y enredos. Yo, Narciso, la nueva película dirigida y protagonizada por Adrián Suar junto a Natalia Oreiro, se estrenó en los cines argentinos el 13 de agosto y pone en el centro de la escena a Máximo Rey, un carismático cirujano plástico que se convierte en objeto de estudio de Rocío Flores, una profesora universitaria que investiga el narcisismo moderno. Lo que comienza como un experimento académico pronto se transforma en una relación en la que el encanto, el ego y el deseo empiezan a mezclarse.
La película funciona así como disparador de una pregunta que excede la ficción: ¿qué ocurre cuando una persona necesita ser permanentemente admirada y la pareja queda relegada al papel de espectador, admirador o proveedor de gratificación? La respuesta no es tan sencilla como llamar “narcisista” a alguien egocéntrico. El psiquiatra y sexólogo Walter Ghedin plantea que es importante distinguir entre determinados comportamientos narcisistas, que pueden aparecer en áreas específicas de la vida, y el narcisismo patológico, que compromete de manera más amplia el funcionamiento de una persona.
En el terreno de la sexualidad, por ejemplo, puede existir lo que Ghedin denomina “narcisismo sexual”, una modalidad en la que el individuo está especialmente concentrado en demostrar sus habilidades, obtener reconocimiento y alcanzar su propia satisfacción, sin que eso implique necesariamente un trastorno narcisista de la personalidad.
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Cuando el sexo deja de ser un encuentro
Para Ghedin, una relación sexual saludable requiere una doble conexión, con uno mismo y con el otro. Hay que poder reconocer el propio placer, pero también registrar qué desea, necesita y disfruta la persona que está del otro lado. “Sexo es interacción, ida y vuelta”, explica el especialista. El problema aparece cuando esa reciprocidad desaparece y el encuentro se convierte en una puesta en escena destinada a confirmar la imagen que una persona tiene de sí misma.
El narcisista sexual, según Ghedin, puede estar concentrado en mostrar cuánto sabe hacer, en dominar la situación y en recibir la confirmación de que es un amante excepcional. En su análisis aparecen cuatro dimensiones: dominio sexual, habilidades sexuales, derecho sexual y falta de empatía sexual.
El dominio sexual se relaciona con la búsqueda de aventuras bajo la convicción de que las otras personas se beneficiarán de sus supuestas o reales habilidades. El llamado “derecho sexual”, en cambio, puede aparecer dentro de una pareja estable: la persona considera que tiene derecho a mantener relaciones cuando lo desea y puede reaccionar con enojo o frustración cuando el otro no responde a sus demandas. La falta de empatía completa el cuadro: las necesidades y deseos de la pareja quedan en un segundo plano.
Una de las particularidades del narcisismo es que no siempre se manifiesta desde el primer momento como algo negativo. De hecho, algunas investigaciones encontraron que determinados rasgos narcisistas pueden favorecer el atractivo y el éxito romántico en las primeras etapas de una relación. El problema tiende a aparecer cuando el vínculo se vuelve estable y exige intimidad, reciprocidad y capacidad de afrontar conflictos. Eso ayuda a explicar por qué una persona puede resultar inicialmente magnética, segura, seductora y apasionada y, con el tiempo, revelar dificultades para sostener una relación basada en la igualdad.
En una pareja, la necesidad permanente de admiración puede generar una dinámica desigual, uno busca ser reconocido y el otro termina ocupándose de validar, contener o adaptarse. Cuando además aparecen rasgos de rivalidad, entitlement o desprecio hacia el otro, el vínculo puede volverse cada vez más conflictivo. Un estudio realizado con 190 parejas encontró asociaciones entre determinados niveles de narcisismo y conductas agresivas dentro de los conflictos de pareja, lo que muestra que el problema no se limita a la esfera sexual.
La investigación científica sobre narcisismo sexual e infidelidad aporta evidencia de una relación, pero no permite afirmar que toda persona con rasgos narcisistas será infiel. Un estudio longitudinal que siguió a 123 parejas casadas encontró que un mayor nivel de narcisismo sexual estaba asociado con una mayor probabilidad de infidelidad, incluso después de controlar factores como la satisfacción marital y sexual y el narcisismo general.
Escuchar, negociar, aceptar un límite, reconocer un error, tolerar que el otro tenga necesidades diferentes y poder disfrutar del placer ajeno son capacidades fundamentales para construir intimidad. Cuando la pareja funciona como una fuente permanente de admiración, confirmación o gratificación, la reciprocidad comienza a desaparecer.
La cuestión, entonces, no es demonizar el amor propio. Una buena autoestima no es narcisismo, del mismo modo que disfrutar del sexo o sentirse atractivo no convierte a alguien en un narcisista sexual.
