La Reserva Natural Villavicencio en Mendoza registró la presencia simultánea de dos felinos emblemáticos y amenazados de los ambientes altoandinos: el gato andino y el gato de pajonal de Garlepp.
El gato andino, conocido también como el “fantasma de los Andes”, fue captado por cámaras trampa luego de su última aparición en abril de 2026. Este dato refuerza la idea de que la reserva funciona como un hábitat activo para esta especie.
Por otro lado, el gato de pajonal de Garlepp (Leopardus garleppi) no se había registrado en la reserva desde mayo de 2021, por lo que su reciente detección representa un aporte científico valioso para comprender mejor su distribución en Argentina.
La información sobre la presencia del gato de pajonal en los ecosistemas montañosos todavía es limitada, y cada nuevo avistaje amplía el conocimiento sobre su hábitat natural y la biodiversidad que protege la reserva.
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Ambos felinos forman parte de la cadena alimentaria de la puna junto a otros animales icónicos como pumas, cóndores, guanacos y choiques, consolidando la importancia de la zona para la conservación de la fauna andina.
Estos registros son producto de un monitoreo constante que combina cámaras trampa con otras metodologías de seguimiento. Guardaparques y equipos técnicos trabajan de manera continua para identificar especies, analizar sus patrones y fomentar la protección de la vida silvestre en los Andes mendocinos.
Cada imagen de estos “fantasmas de los Andes” no solo sorprende, sino que también demuestra que las políticas de conservación y la protección de los hábitats naturales están dando resultados concretos, permitiendo que estas especies sigan eligiendo la cordillera mendocina como su hogar.
El gato andino, además, es el felino más amenazado de América, con una población estimada en menos de 2.200 ejemplares en todo el continente, lo que subraya la relevancia de este tipo de hallazgos para su preservación.
Por qué al gato andino se lo llama el "fantasma de los Andes"
El gato andino ganó el apodo de "fantasma de los Andes" porque prácticamente es imposible de ver. Habita en las zonas más altas y remotas de la cordillera, por encima de los 4.000 metros, donde el paisaje es rocoso, el frío extremo y el oxígeno escaso. Su pelaje grisáceo con rayas pardo-oscuras se mimetiza a la perfección con las piedras y la tierra, haciéndolo invisible incluso a pocos metros de distancia.
Además, es extremadamente esquivo y solitario. Evade cualquier presencia humana y se mueve con sigilo en un territorio tan inhóspito que pocos se animan a explorar. Los científicos que lo estudian pasan años sin ver uno en persona; solo las cámaras trampa logran captar su imagen. Por eso, cuando aparece en un registro, es como si un fantasma se materializara por un instante.
