Domingo 13 de Septiembre del 2026 Dom 13 Sep
Cotizaciones
Dólar Oficial $1530
Dólar Tarjeta $1989
Dólar Blue $1545
Dólar CCL $1597.5
Euro $1750.74
Riesgo País 485
EN VIVO

San Agustín: “Quitada la justicia, ¿qué son los reinos sino bandas de ladrones?”

El célebre filósofo y teólogo dejó una reflexión clave sobre la legitimidad de los Gobiernos y la equidad social. ¿De qué manera cuestionó la idea de República en el Imperio Romano y su planteo sobre los dos amores que mueven al mundo?

13 de septiembre, 2026 | 05.00
San Agustín: “Quitada la justicia, ¿qué son los reinos sino bandas de ladrones?”

Corría el año 410 cuando la ciudad de Roma, considerada invencible hasta entonces, sufrió el devastador saqueo a manos de los godos de Alarico. El impacto político y cultural provocó que diversos sectores acusaran al cristianismo de haber debilitado la protección de las divinidades paganas. Frente a estas recriminaciones, el obispo de Hipona, San Agustín, redactó entre los años 412 y 426 una de las obras cumbres del pensamiento universal: La Ciudad de Dios (De Civitate Dei).

En el Capítulo IV del cuarto libro de dicho tratado, el pensador expuso una célebre comparación sobre la autoridad política y el crimen organizado"Si de los Gobiernos quitamos la justicia, ¿en qué se convierten sino en bandas de ladrones a gran escala? Y estas bandas, ¿qué son sino reinos en pequeño?".

Para ilustrar de qué manera la impunidad y la escala distinguen a una banda armada de una estructura estatal carente de ética, Agustín recuperó un célebre diálogo de la antigüedad.

En esa escena, el emperador Alejandro Magno interrogó a un bucanero capturado sobre la razón de someter el mar al saqueo. El corsario le respondió con agudeza: "Lo mismo que a ti el tener el mundo entero. Solo que a mí, como trabajo con una ruin galera, me llaman bandido, y a ti, por hacerlo con toda una flota, te llaman emperador".

Con este ejemplo, el filósofo demostró que un grupo delictivo actúa mediante jefaturas, acuerdos mutuos y repartos de botín según normas internas. Si esa misma cuadrilla suma hombres, ocupa posiciones y somete comunidades, pasa a llamarse reino no por haber abandonado la codicia, sino por haber alcanzado la impunidad.

El cuestionamiento a la República Romana y el valor de la equidad

Agustín problematizó la definición tradicional de República de Cicerón, argumentando que el Imperio Romano jamás configuró una verdadera República debido a que careció de la justicia plena, entendida desde su visión como el amor y servicio orientado a Dios que ordena rectamente las demás dimensiones humanas.

La noción agustiniana de justicia incluye una definición consolidada en su época: “Dar a cada uno lo que le corresponde”.

Para el teólogo, ninguna estructura terrenal ostenta una legitimidad absoluta, sino relativa. Al carecer de una equidad auténtica, los gobiernos pierden su distinción moral frente a organizaciones al margen de la ley. Por ese motivo, entendió que todo Estado terrenal convive en un orden imperfecto donde solo existen grados de justicia relativa.

La magna obra agustiniana se divide en dos bloques principales:

  • Primeros diez libros: Refutan las acusaciones paganas demostrando que la caída de las naciones responde a la fragilidad propia de las instituciones humanas y no a la falta de culto a los antiguos dioses.

  • Doce libros finales: Desarrollan la convivencia histórica, el origen y el desenlace de dos realidades morales que Coexisten entrelazadas en cada sociedad y en cada individuo.

La síntesis del texto radica en la distinción de dos conductas motivadas por afecciones opuestas: la ciudad terrena surge del amor a uno mismo llevado hasta el desprecio de lo divino, mientras que la Ciudad de Dios se edifica desde el amor desinteresado y la entrega hacia los demás.

¿Quién fue San Agustín?

Agustín de Hipona nació en Tagaste (actual Argelia) en el año 354. Tras una juventud volcada al estudio de la retórica y a diversas corrientes filosóficas, se convirtió al cristianismo en Milán bajo la influencia de San Ambrosio. Fue ordenado sacerdote y posteriormente obispo de Hipona, cargo desde el cual produjo una vasta obra teológica, filosófica y dogmática que definió el rumbo de la cultura occidental. Falleció en el año 430 durante el sitio de los vándalos a su ciudad episcopal.

Las más vistas