En 1978, la Ciudad de Buenos Aires comenzó a expandir su territorio sobre el Río de la Plata arrojando escombros con la intención de construir un centro administrativo. Sin embargo, el plan nunca se concretó y quedó abandonado en 1984, dejando tras de sí un terreno cubierto de cemento, ladrillos y restos de demolición.
Lo que parecía un paisaje desolado terminó siendo el escenario para un fenómeno natural sorprendente. La vegetación comenzó a colonizar ese espacio, favorecida por la humedad constante, el viento que transportaba semillas y la llegada de animales, formando paulatinamente distintos ambientes como lagunas, bañados, pastizales y bosques.
Desde 1985, organizaciones ambientalistas empezaron a realizar actividades educativas en el lugar y, en 1986, Fundación Vida Silvestre Argentina, Aves Argentinas y Amigos de la Tierra propusieron convertir el área en reserva protegida. Con el tiempo, la zona recibió varias figuras de protección y en 2005 fue reconocida como Sitio Ramsar y Área de Importancia para la Conservación de las Aves.
Hoy, la Reserva Ecológica Costanera Sur abarca 350 hectáreas entre Puerto Madero y el Río de la Plata. Un relevamiento oficial reveló que allí conviven más de 2.000 especies, incluyendo 345 tipos de aves, además de mamíferos, reptiles, anfibios e insectos, conformando un ecosistema único que surgió sobre un relleno urbano.
Biodiversidad y conservación: más de 2.000 especies en 350 hectáreas
El proceso de recuperación no fue inmediato ni sencillo. Según el Gobierno porteño, el vertido inicial causó un fuerte daño ambiental, y la biodiversidad actual es resultado de décadas de colonización biológica y esfuerzos de conservación. Esta paradoja muestra cómo un terreno pensado para edificios administrativos se transformó en uno de los pulmones verdes más importantes de la ciudad.
Además de su valor ecológico, la reserva funciona como un espacio recreativo muy popular para caminar, andar en bicicleta y observar fauna, preservando ambientes ribereños que han desaparecido en otras zonas de la costa porteña. Así, este lugar combina la historia urbana con la naturaleza en plena ciudad.
