A menos de dos horas de la Ciudad de Buenos Aires existe un destino poco conocido que combina naturaleza, producción vitivinícola y paseos por senderos ribereños: la Isla Paulino, en Berisso.
De acceso sólo en lancha, su origen está ligado a la construcción del Puerto La Plata a fines del siglo XIX, cuando la apertura del canal terminó separando este territorio de la antigua Isla Santiago. Hoy mantiene un perfil rural, con caminos de tierra, monte ribereño y quintas productivas que conviven con un turismo de baja escala.
Uno de sus principales atractivos son los viñedos donde se elabora el tradicional Vino de la Costa, una bebida elaborada con uva Isabella que forma parte de la identidad productiva de Berisso desde la llegada de los inmigrantes europeos. En 2013, el Instituto Nacional de Vitivinicultura lo reconoció oficialmente como un producto regional típico, lo que impulsó su recuperación.
Catas, senderos y producción artesanal, ¿qué hacer en la Isla Paulino?
La visita a la isla suele comenzar con un corto viaje en lancha desde el embarcadero de Berisso. Una vez allí, los visitantes pueden recorrer senderos rodeados de vegetación, caminar hasta las playas sobre el Río de la Plata y conocer establecimientos productivos donde se realizan degustaciones del Vino de la Costa.
En espacios como Quinta La Isabella, los productores muestran el proceso de cultivo de las vides y la elaboración artesanal del vino, además de ofrecer catas y propuestas gastronómicas con productos regionales. Andrés Aguiar, administrador del emprendimiento, explicó que el proyecto permitió recuperar cultivos históricos y fortalecer una actividad vinculada al turismo sustentable de la isla.
La producción continúa siendo familiar y conserva métodos tradicionales, aunque cuenta con el acompañamiento técnico de especialistas y de la Cooperativa de la Costa de Berisso para mejorar la calidad y la comercialización.
¿Cómo llegar a la Isla Paulino desde CABA?
La Isla Paulino se encuentra a unos 70 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires. El recorrido más habitual consiste en viajar hasta Berisso y abordar una lancha de pasajeros que cruza en pocos minutos.
El destino puede recorrerse durante una jornada completa o en una escapada de fin de semana. Además de las degustaciones y las caminatas por el monte ribereño, el lugar ofrece espacios para descansar junto al río y conocer un paisaje que conserva buena parte de la biodiversidad característica del delta bonaerense.
